Superando la desilusión de Internet: Sobre los principios del diseño de Memes

Link original:

http://www.e-flux.com/journal/83/141287/overcoming-internet-disillusionment-on-the-principles-of-meme-design/ 

Geert Lovink

“La inteligencia artificial no es la respuesta a la estupidez organizada” – Johan Sjerpstra. “Por favor no me mandes emails a menos que me vayas a pagar” –Molly Soda. “El capitalismo tardío es como tu vida amorosa: se ve mucho menos deprimente a través de un filtro de Instagram” –Laurie Penny. “Me pregunto cuántas de las personas que están reclamando por la libertad de expresión y la necesidad de tener debates racionales han bloqueado y silenciado trolls” –Nick Srnicek. “La pos-verdad es al capitalismo digital lo que la polución es al capitalismo petrolero –un subproducto de sus operaciones” –Evgeny Morozov. “He visto al ejercito de trolls, y somos nosotros” –Erin Gün Sirer.

baudrillard

Un meme mostrando a Jean Baudrillard posteado en loltheorists.livejournal.com.
  1. La desilusión de internet

Nuestro desencanto con internet es un hecho. Una vez más, la iluminación no nos trae liberación sino depresión. El fabuloso aura que alguna vez rodeo a nuestras amadas apps, blogs y redes sociales se desinfló. Deslizar, compartir y likear comienzan a sentirse como rutinas sin alma, gestos vacíos. Empezamos a borrar amigos y a dejar de seguir usuarios, pero no podemos darnos el lujo de borrar nuestras cuentas, ya que implicaría un suicidio social. Si “la verdad es cualquier cosa que produzca más miradas” como sugiere Evgeny Morozov, una huelga general de clicks parece ser la única opción que queda[1]. Pero ya que esto no sucede, nos sentimos atrapados y nos consolamos con memes.

El enfoque multi-verdad de las políticas de identidad, según Slavok Žižek, ha producido una cultura del relativismo.[2] El proceso de “fabricar consensos” descripto por Chomsky se ha arraigado completamente. Como explica Žižek en una entrevista a la televisión británica, el Gran Otro ha desaparecido.[3] Ya no hay Servicio Mundial de la BBC, la voz moderada de la radio que alguna vez nos proveyó opiniones equilibradas e información confiable. Toda pieza de información es auto-promoción, elaborada por gerentes de Relaciones Públicas y portavoces –tanto como por nosotros los usuarios (nosotros somos nuestros propios pasantes de marketing). Lo que ahora se está derrumbando es la posibilidad de imaginarse una vida mejor. Ya no son los “Condenados de la tierra” los que se revelan porque no tienen nada más que perder, sino más bien la estancada clase media y los “jóvenes profesionales”, que enfrentan una precariedad permanente.

Después del orgullo llega la culpa, la vergüenza y el remordimiento. El conformismo masivo no dio resultados. La pregunta es cómo impactará el actual malestar en la arquitectura de internet en el largo plazo. ¿Qué es el tecno-arrepentimiento? Una vez que termina el enamoramiento con las apps y se evidencia la adicción, el ánimo sufre síndrome de abstinencia. Lo que algunos ven como un alivio, muchos lo experimentan como frustración, si no odio. El Otro digital ya no puede ser calificado como “amigo”: “Si la gente del mundo exterior te da miedo, las personas en internet te van a aterrorizar por completo” es una advertencia aplicable a todos los sitios web. La presión a actuar produce culpa. Los usuarios están bajo constante riesgo de colapso financiero, y una vez que sean pobres, serán sometidos a la economía post-dinero en la que solamente circulan entidades imaginarias. Después de que hayan sido descartados, estar online es su último refugio.

“Estamos terrojodidos”. Así es como Jarett Kobek resume el sentimiento general en su novela del 2016 Yo Odio a Internet [I Hate the Internet]. La culpa y la frustración son al mismo tiempo personales y políticas en todo el mundo. A lo largo de la narración, emplazada en las calles gentrificadas de San Francisco, las computadoras coordinan la explotación de “la población excedente como sirvientes perpetuos.” ¿Qué sucede cuando nos damos cuenta que “todas las computadoras fueron hechas por esclavos en China” y que vos sos el que está usando esos dispositivos? ¿Qué pasa cuando se nos presenta personalmente como socios culpables, “sufriendo el escándalo moral de un escritor hipócrita que ha lucrado con el botín de la esclavitud”?[4]

Esta es la parte intrigante de la filosofía Hazlo-Tú-Mismo (DIY) de Kobek, que la presenta como una ciencia ficción del presente. ¿Qué pasaría si la actual economía de lo “gratis” de internet fuera el escenario futuro por defecto para el 99 porciento? ¿Qué pasará cuando la concentración de poder y dinero en las manos de unos pocos se vuelva irreversible y abandonemos toda esperanza de redistribuir las ganancias? Para Kobek, esto ya es así. El fallido dinero tradicional ha sido reemplazado por la micro-fama, “la última moneda válida mundialmente”, la cual está sujeta a oscilaciones aún mayores a las del anticuado dinero. “El dinero tradicional ha dejado de tratarse de un intercambio de humillación por comida y refugio. El dinero tradicional se ha transformado en el equivalente a un mundo de fantasía.”[5]

Kobek se considera promotor de la “novela mala”, en contraste con la literatura de ficción patrocinada por la CIA en la Guerra Fría, llamada la “novela buena” -una categoría que continúa existiendo en autores como Jonathan Franzen, quien escribe “sobre gente del Medio Oeste Estadounidense sin mucha eumelanina en sus epidermis.”[6] Las novelas malas son definidas aquí como historias que “(imitan) la red informática en su obsesión con los medios basura, en su presentación de contenidos irrelevantes y parciales” llena de personajes que tienen un “profundo cariño por la literatura juvenil” como la de Heinlein, Tolkien y Rand.[7] Todo esto abre el interrogante sobre dónde encajaría la novela El Círculo de Dave Eggers –una actualización de 1984 de Orwell. ¿Se puede clasificar a la novela de internet estilo Minority Report de Eggers, sobre medidas aplicadas por una compañía ficticia, mezcla entre Google y Facebook, como una novela mala de este tipo? ¿Qué pasa cuando ya no podemos distinguir entre utopía y distopía?

spray3WEB

La promesa de fama ofrece a las personas avalanchas de imágenes grotescas sobre el éxito. Todos son performers y celebridades, siempre que crean en sus sueños y luchen por ser como Beyoncé y Rihanna, quienes son inspiraciones en lugar de buitres. Tales casos de celebridad muestran “cómo las personas sin poder (demuestran) su súplica ante sus amos.”[8] Los fans son compañeros de ruta en un viaje a través de la vida; no son consumidores que compran un producto o servicio. De acuerdo a Kobek, “los pobres (están) condenados a Internet, un recurso maravilloso para ver televisión de mierda, sentir angustia sobre los salarios de los demás.”[9] Construida por “hombres sin sentido”, la red invoca nada más que basura y odio, dejando a los pobres con las manos vacías, sin nada que vender.[10] Los pobres generan dinero para Facebook. Nunca será a la inversa.

Kobek ha sido comparado con Houellebecq por la dureza de los personajes de ambos escritores. En Yo Odio a la Internet, deambulamos por el ambiente cínico de las start-ups de Sillicon Valley, pero Kobek rehúye a llevarnos adentro. Al contrario de la novela cyberpunk, no entramos al ciberespacio; no nos deslizamos por perfiles o circulamos por las fotos de Instagram. Eso no es sobre una “Ilusión del final” (y esa es la gran diferencia con la generación de 1968: tenemos la extraña sensación que esto recién empieza). En esta era hiperconservadora, ya no nos cargamos con el deber histórico de afrontar el fin del estado de bienestar, el neoliberalismo, la globalización, la Unión Europea, u otras instituciones modernas. En su lugar, somos seducidos hacia un estado perpetuo de retromanía, porque, como apuntaba el difunto Mark Fisher, es el presente el que se perdió.

Los pseudo-eventos no tienen cronología, ni desarrollo, ni principio, mucho menos un final. Estamos más allá de la terminal de procesamiento, más allá del entramado posmoderno. Todo se acelera. Esta debe ser la catástrofe estilo siglo veintiuno que muchas películas nos mostraron. Aun así, permanecemos encapsulados, capturados dentro de loops cibernéticos que nos dirigen a ninguna parte, en los que pasan ciclos de eventos, series y temporadas sin sentido. ¿Qué pasa cuando la ansiedad que genera la saturación de información se convierte en un sentimiento de vacío profundo? Una vez que hayamos atravesado ese punto, lo digital ni desaparece ni termina. Simplemente los eventos ya no se transforman en un espectáculo romano. En cambio, experimentamos al simulacro como realidad primaria. No podemos procesar tal sobreproducción repentina de realidad. Ya no vemos el noticiero pensando que estamos mirando una película. Ya superamos eso. No es la vida que se volvió cinematográfica; son los escenarios del cine y sus afectos los que moldean los grandes diseños de nuestras sociedades tecnológicas. Las películas anticipaban nuestra condición, y ahora estamos situados en medio de la ciencia ficción de ayer. Minority Report es ahora una realidad tecnoburocrática, manejada por la integración de los flujos de datos alguna vez separados. La realidad virtual se siente como Matrix. El reality show de Trump demostró haber sido un ensayo. La lógica de las vanguardias sigue viva. La ultima industria en lidiar con esta espiral de falsedad y verdad es la industria de los medios. La hiperrealidad se vuelve nuestra situación cotidiana –sin importar si la percibimos como aburrida o absurda.

Tomemos el desencanto radical como forma y celebremos el regreso de su sumo sacerdote, Jean Baudrillard. Nuestra rabia contra las redes sociales no es solamente la condición clínica de unos pocos; es la condición humana. ¿Este desencanto se volverá revolución, como sostuvo alguna vez Camus? El agotamiento espiritual definitivamente está presente (#sleepnomore). Con las manos vacías, analizamos una tras otra las críticas impotentes sobre las estructuras de las bases de datos. Para ponerlo en términos espaciales, el ciberespacio se volvió una habitación que contiene una casa que contiene una ciudad que se ha plegado en un paisaje chato en donde la transparencia instaurada se vuelve paranoia. No estamos perdidos en un laberinto sino más bien arrojados al campo abierto, observados y manipulados, sin un centro de comando a la vista. 

La pila enorme de tweets y posteos en blogs, Instagram y Facebook han creado una cultura de confusión profunda. Se suponía que la fragmentación nos iba a enriquecer, entonces ¿Por qué ahora nos toca pagar la cuenta de todas sus consecuencias imprevistas? Esto no tenía que pasar. ¿Es esta la “diferencia” que alguna vez anhelamos? Los principales medios juegan un rol crucial en el proceso de decadencia. A pesar de que su legitimidad se evaporó, su influencia sigue considerándose importante. Esto crea una atmósfera de permanente ambivalencia. ¿Para qué molestarse? Su rol como esclarecedores de hechos y opiniones ha sido socavado durante décadas por las crecientes fuerzas centrífugas de la sociedad que ya no aceptan los sentimientos (e intereses) baby-boomers como consenso legítimo. La sorprendente falta de capacidad de “la prensa” para lidiar con los cambios recientes en la sociedad ha llevado a una forma de indiferencia extendida. Los puntos ciegos teóricos de las sucesivas generaciones posmodernas son muy numerosos como para listarlos. El elefante en la habitación aquí es Jürgen Habermas. Muchos de nosotros todavía suscribimos a su noción de la esfera pública burguesa como una arena donde diferentes opiniones compiten en un diálogo racional –incluso aunque no creamos en los valores centrales de la sociedad occidental, como la democracia. ¿Y quién es el “contrapúblico” en este contexto? ¿El “contenido de usuario” de 4Chan, Reddit y Youtube? ¿Cuál es la respuesta organizada a todo esto? ¿Cómo se vería una versión contemporánea de Indymedia? Y si ese modelo federado de “medios independientes” es tan 1999, entonces ¿Por qué es tan difícil hacer una actualización 2017?

Hay una crisis en la “cultura participativa”. Miremos el ejemplo de danah boyd y la forma en que ella está deconstruyendo el discurso de “alfabetización mediática” para el cual muchos tienen grandes esperanzas. La lectura cínica de las noticias ha eclipsado las capacidades críticas. Después de los resultados de la elección de Donald Trump, boyd se preguntó si la alfabetización mediática había resultado contraproducente.[11] ¿El trolling, los pop-ups engañosos y las noticias falsas socavaron la creencia clásica en la democratización de la producción de noticias? Mientras que para la generación baby-boomer pre-internet la alfabetización mediática era sinónimo de la habilidad para cuestionar a las fuentes, deconstruir opiniones, y decodificar la ideología, la alfabetización mediática se ha transformado en la habilidad de producir contenido propio en la forma de respuestas, posteos de blogs y actualizaciones de redes sociales. La transición de consumidor crítico a productor crítico llegó con un precio: la inflación de la información. (La síntesis bienintencionada del “prosumidor” nunca se hizo realidad.) De acuerdo a boyd, la alfabetización mediática se volvió sinónimo de desconfianza en las fuentes mediáticas en lugar de un compromiso con la crítica fundada en hechos. En lugar de examinar la evidencia de los expertos, ahora es suficiente citar la experiencia personal propia. Esto llevó a una cultura centrada en la duda que casi nunca puede indignarse, una cultura incapaz de un debate racional –una cultura polarizada que favorece al tribalismo y la autosegregación.

La situación actual impulsa a repensar las demandas usuales de activistas y jugadores de la sociedad civil con respecto a la alfabetización mediática. ¿Cómo se puede informar mejor la audiencia general? ¿Este es un diagnóstico acertado sobre el problema actual en primer lugar? ¿Cómo agujereamos la burbuja de filtros[12]? ¿Cómo el “házlo-tú-mismo” se puede transformar en una alternativa cuando las redes sociales ya se viven en esos términos? ¿Todavía podemos apoyarnos sobre el potencial emancipatorio de “contestar a los medios” mediante las apps de redes sociales? ¿Cómo funciona la manipulación hoy en día? ¿Es todavía productivo deconstruir el New York Times (y sus equivalentes)? ¿Cómo podríamos explicar el funcionamiento del feed de noticias de Facebook a su usuario base? Si quisiéramos culpar a los algoritmos, ¿Cómo podemos traducir su complejidad escondida para que grandes audiencias puedan entenderlas?

Un esfuerzo en tal camino es Armas de Destrucción Matemática (Weapons of Math Destruction): Cómo el Big data incrementa la desigualdad y amenaza la democracia de Cathy O’Neil, en la que describe cómo “modelos matemáticos mal concebidos ahora microgestionan la economía, desde la publicidad hasta las prisiones”.[13] Su pregunta es cómo domar y desarmar algoritmos peligrosos. Estos modelos matemáticos no son herramientas neutrales. Sin embargo, en la vida cotidiana experimentamos cada vez más al ranking como destino. Acuñando el término “Armas de destrucción matemática”, o “ADMs”, O´Neil escribe: “la eficiencia y equidad prometida, las ADMs distorsionan la educación superior, aumentan las deudas, incentivan la encarcelación masiva, golpean a los pobres en casi todas las coyunturas y socavaban la democracia.”[14] En su repaso por los trabajos que ha tenido en numerosas industrias enfocadas en algoritmos, ella expone que este software está construido “no solamente de data sino también de decisiones que hacemos sobre a qué data prestamos atención –y cuales dejamos afuera. Estas elecciones no son solamente de logística, ganancias y eficiencia. Son fundamentalmente morales.”[15] Y sesgadas por clase: “Los privilegiados son procesados por personas, las masas por máquinas.”[16] Una vez que están instalados y funcionando por un tiempo, estas ADMs crean su propia realidad y justifican sus propios resultados, un modelo al cual O’Neil llama autoperpetuante y altamente destructivo.

Las técnicas de leaks, noticias falsas, bots sociales, kompromat, y agitprop confunden el clima político. La desorientación es suficiente; ya no es necesario, por ejemplo, manipular los resultados de las elecciones. En esta “era post-hechos” nos quedamos con las creencias instantáneas de las celebrities comentaristas y los expertos en medios. Miremos los tweets de Donald Trump, la máxima expresión de alfabetización mediática y una corriente perversa de autoexpresión. Sus tweets personales se han vuelto indistinguibles de las políticas públicas, la propaganda estatal, y la guerra informativa. En este caso, el poder ya no opera a través de la sobreexposición pornográfica de la imagen 3d HD. Esto no es Big Data sino data singular. Pequeños mensajes con efectos “tremendos”. En este nivel, dejamos atrás los reinos del glamour de Hollywood y la reality TV y entramos al reino de la comunicación con consecuencias en tiempo real, un hibrido de siguiente nivel en el cual el poder ejecutivo soberano y el marketing se vuelven inseparables. 

¿Qué tiene para decirnos al respecto el psicoanálisis contemporáneo? Como lo evidencia Kristin Dombek en El Egoísmo de los Otros: Un Ensayo sobre el Miedo al Narcisismo, hay un renacimiento del narcisismo como diagnóstico cultural. Dombek evita hacer referencia a las culturas de internet y se abstiene de quejarse de las selfies y las redes sociales, sino que más bien apunta al cambio crucial en la práctica psicoanalítica: De métodos terapéuticos a métodos cuantitativos. El narcisismo actual es social y contagioso por naturaleza; consiste en rasgos que “pueden ser medidos a lo largo de grandes grupos de personas.”[17] La Generación Mi cubre el planeta. Necesitamos ir más allá de las metáforas de enfermedad cuando discutimos a Trump, la derecha alternativa y las redes sociales en general. Puede ser un error fatal intentar marginalizar (como diagnóstico y táctica) a la derecha populista absorta en sí misma como “pacientes enfermos”. En una reseña de El Egoísmo de los Otros, Jennifer Schuessler escribe que “los puntos de vista propios de Dombek hacen eco de lo que el filósofo René Girard, quien argumentaba que nuestra tendencia a ver el narcisismo en pacientes y compañeros es un esfuerzo por reasegurarnos que si aquellos a quienes deseamos son menos que idealmente responsivos a nosotros es porque están enfermos, no porque no seamos interesantes.”[18]

Más allá del miedo al narcisismo, miremos a Trump otra vez, un hombre que “parece ser supremamente consciente del hecho de que siempre está actuando. Se mueve por la vida como un hombre que sabe que siempre está siendo observado.” Esta cita está tomada de “La Mente de Donald Trump,” [The Mind of Donald Trump] un artículo de junio de 2016 en The Atlantic escrito por Dan P. McAdams.[19] Aquí, Trump es descripto como una figura “tambaleante”, exhibiendo una extroversión arrolladora combinada con una simpatía extremadamente baja. Es retratado como un dinamo –motivado, incansable, incapaz de quedarse quieto, durmiendo muy poco. Una característica cardinal de la profunda extroversión es su búsqueda incansable de recompensas. Impulsada por la actividad de los circuitos de dopamina en el cerebro, las personas altamente extrovertidas son llevadas a perseguir experiencias emocionales positivas. Como lo escribe McAdams,

El enojo puede alimentar la malicia, pero también puede motivar la dominación social, avivando el deseo de ganar la adoración de otros. El enojo yace en el corazón del carisma de Trump, dominado por una extroversión exuberante, la sobreactuación incesante, y la celebridad más grande que la vida, que nunca piensa dos veces sobre el daño colateral que dejará a su paso.

Las personas altamente narcisistas buscan llevar la atención hacia sí mismas. La autorreferencia repetida y desordenada es una característica distinguible de su personalidad. A lo largo del tiempo, las otras personas se molestan o enfurecen por su autocentrismo. Cuando los narcisistas comienzan a decepcionar a aquellos a los que alguna vez deslumbraron, su descenso puede ser particularmente precipitoso. Todavía es cierto el antiguo proverbio que dice “el orgullo precede a la caída.” El mundo está impregnado por una sensación de peligro y una necesidad de rudeza: no se puede confiar en el mundo. Es un combatiente feroz que pelea para ganar. ¿Estás preocupado por fantasías de que el mundo se va a terminar por culpa del egoísmo de los otros? McAdams:

¿Quién es, realmente, Donald Trump? ¿Qué hay detrás de la máscara del actor? Puedo distinguir algo más que las motivaciones narcisistas y una narrativa personal complementaria sobre ganar a cualquier costo. Es como que Trump ha invertido mucho de sí mismo en desarrollar y refinar su rol social dominante que ya no le queda nada como para crear una historia significativa para su vida o para la nación. Es siempre Donald Trump actuando de Donald Trump, peleando para ganar, pero sin saber por qué.

¿Cómo sería una filosofía de la incredulidad hoy en día? Busquemos una continuación secular de la crítica a la religión. ¿Qué es el ateísmo en el contexto de la información? La multiplicidad de fuentes y puntos de vista, alguna vez celebrada como “diversidad de opiniones” ha llegado a un “punto cero” nihilista, en donde la acumulación de posibles significados puede llevar a reflexiones críticas (o incluso a producir conocimiento), o implosionar en una pileta de indiferencia (posiblemente haciendo desaparecer redes como Twitter que prospera con expresiones, juicios y preferencias personales).

Hoy en día, los dogmas institucionales están escondidos dentro del folklore mediático, mentalmente programado en las arquitecturas de la red, dirigido por algoritmos. El rechazo mental a la autoridad está tan extendido, y se ha hundido tanto en las rutinas y mentalidades cotidianas, que se volvió irrelevante negar, respaldar o deconstruir una pieza particular de información. Ese es el aspecto más complejo de la tendencia actual de las redes sociales.

Los productores de memes se volvieron inmunes a las críticas de los liberales moralistas de la tercera vía[20]. Sus firewall de indiferencia todavía no ha sido hackeados. La deconstrucción irónica tampoco está haciendo el trabajo. Tara Burton dice que: “Dada la anarquía ideológica inherente a los posteos basura [shitposting], éstos tienden a desafiar el análisis. Los shitposters, quienes no están atados a nada, tienden una trampa retórica para sus enemigos, quienes suelen estar atados por el hecho mismo de tener un argumento.” Burton concluye que el “shitposting no puede ser refutado; solamente puede ser repetido”[21] Simplemente esta no es la era del Hombre (Mujer) del Renacimiento. La desilusión es abrumadora.

habermasWEB

Un meme posteado en loltheorists.livejournal.com
  1. Definiendo las reglas del diseño de Memes

Estamos abrumados por los eventos mediáticos que se desenvuelven en tiempo real. ¿Este espectáculo será una pantalla de humo para medidas más drásticas de largo plazo? ¿Cuál es nuestro plan? Las estrategias políticamente correctas de una “sociedad civil” son todas bienintencionadas y apuntan a cuestiones importantes, pero parecen operar en un universo paralelo, incapaz de responder al diseño cínico de memes que rápidamente está tomando sitios clave del poder. ¿Hay formas de estar un paso más adelante y no simplemente contrarrestar? ¿Qué tenemos en nuestras mentes? ¿Cómo podemos movernos desde data a Dada y volvernos una vanguardia del siglo veintiuno, que realmente entienda el imperativo tecnológico y muestre que “somos lo social en las redes sociales”? ¿Cómo desarrollamos, y luego ampliamos, conceptos críticos y cómo juntamos política y estética en una forma que hable a los millones de usuarios online? Identifiquemos los obstáculos, sabiendo que es momento de actuar. Sabemos que burlarnos del mezquino mundo de los xenófobos no está funcionando. ¿Qué otra cosa podemos hacer más que reunirnos? ¿Podemos esperar algo del diseñador como lobo solitario? ¿Cómo organizamos este tipo de trabajo político? ¿Necesitamos más herramientas que nos lleven a estar juntos? ¿Ya usaste Meetup, Diaspora, DemocracyOS, y Loomio? ¿Necesitamos un sitio de citas colectivo para activismo político? ¿Cómo podemos diseñar y después movilizar, un deseo colectivo conectado que nos una en una “diversidad profunda”? ¿La promesa de redes abiertas y distribuidas hará el trabajo?

Generaciones enteras han estudiado los errores fatales hechos en los años de entreguerras, pero ¿Cuáles son las conclusiones, ahora que estamos entrando en un territorio similar? Es tiempo de releer Los Orígenes del Totalitarismo de Hannah Arendt (en la que encontramos la famosa cita de Rousseau: “Los hombres normales no saben que todo es posible”). También deberíamos revisitar La Psicología de Masas del Fascismo de Wilhelm Reich, Adorno y Horkheimer, Muchedumbres y Poder de Elias Canetti, y la obra que definió mi propio destino intelectual, Fantasías Masculinas de Klaus Theweleit. Esta es una lista subjetiva; hay muchos otros clásicos en este género.[22] ¿Nos ayudarán estos autores a descubrir factores definitivos de nuestra era? ¿Cómo podemos identificar estas problemáticas clave y después actuar en base a  este conocimiento? Las narrativas alternativas son cruciales, aquellas que una vez desarrolladas y probadas, pueden ser condensadas en memes. Como sabemos, los memes pueden y deben mutar. Esto implica que la narrativa general debe ser robusta (al mismo tiempo “ágil”). Los memes están diseñados para ser cambiados, pero el mensaje principal se mantiene intacto sin importar cuán radicalmente se altera el meme. También podemos llamar a esta unidad semiótica condensada, símbolo, aunque el aspecto simbólico de los memes se mantenga invisible.

culture-jamming-1WEB

El Billboard Liberation Front (Frente de Liberación de Carteles), siguiendo el espíritu del sabotaje cultural, ha ido “embelleciendo” carteles publicitarios desde 1977. Sus campañas anteriores apuntaron sobre todo a publicidades de Exxon, R.J. Reynolds y Apple Computers.

Tan pronto como concibamos a la Resistencia como interferencia organizada, podemos comenzar a trazar contra-mapeos, monitoreando el silencio y revelando el realismo histérico que ha sido escondido por tanto tiempo. Necesitamos crear agujeros persistentes en la infraestructura auto-evidente del día a día. Como aprendimos de los gurús empresariales de Sillicon Valley, la disrupción es suficiente como para tirar abajo vastos sistemas, que en realidad solo consisten en rutinas sin sentido. Es mucho más fácil de lo que pensamos. Esto también acerca la posibilidad de una revolución –un evento que incluso el crítico más dogmático del régimen neoliberal descartó hace años.

Para poder organizarnos para el porvenir, hice la eterna pregunta a algunas personas: ¿Qué se debe hacer? Comencé con Nick Srnicek, coautor de Inventando el Futuro, quien acaba de publicar un tratado llamado Capitalismo de Plataformas. De acuerdo a él, deberíamos comenzar con el hábito de bloquear usuarios en las redes sociales. “La idea básica de las redes sociales también sirve para temas más amplios del debate público: ¿Cómo rechazar las voces que intencionalmente atacan la base del debate racional?[23] Eva Illouz, autora de ¿Por qué duele el amor? e Intimidades Frías, argumenta que necesitamos empezar con la pregunta de cómo diseñar la verdad:

El problema es que ellos pelean con mentiras. No tienen límites morales. Los guerreros inmorales tienen una ventaja porque no están restringidos. Deberíamos contraatacar con la verdad, pero la verdad es vinculante y restrictiva, así que la pregunta es, ¿Cómo producir una verdad tan poderosa o más poderosa que las mentiras, que tenga la ventaja de ser inventada rápidamente y diseñada a medida para satisfacer tus necesidades?

Una posible respuesta yace en el rechazo a lidiar con memes como objetos digitales aislados que pueden ser recompuestos aleatoriamente. No deberíamos comenzar por el final y terminar atascados en las páginas de Know Your Meme (Conoce A Tu Meme), Srnicek:

Necesitamos nuevas historias, y eso es distinto a pensar solamente en contra-memes o en frenar el flujo de información. Efectivamente es una temporalidad diferente, pero una narrativa nueva provee la base para respuestas más inmediatas mediante las redes sociales, memes, etc. Hay una narrativa para Trump y la extrema derecha en auge, por ejemplo. Y es una narrativa seductora para algunas personas, que luego son expresadas de diversas formas. La izquierda está, en su mayoría, perdiéndose esa narrativa. Necesitamos llegar al corazón del asunto, en lugar de intentar lidiar con los síntomas. Hay todo un esfuerzo por frenar las “noticias falsas”, pero nadie cuestiona por qué el público consume estas historias, o por qué no tienen la capacidad crítica de detectarlas. Solamente cambiar algunos algoritmos de noticias no parece suficiente.

Los Memes son una forma perfecta de entrar en una historia –pero ¿Qué historia? El anhelo de nuevas narrativas coincide con las llamadas de ir “más allá de los fragmentos”, como lo expresó Jodi Dean en su libro de 2016, Multitudes y Fiesta [Crowds and Party]. ¿Pueden los memes jugar un rol importante en las fuerzas sociales centrípetas que nos reúnen? Dean:

Será un buen experimento ver si la Guerra de memes puede ser efectiva socavando a la derecha (esto es, hacerla ver poco atractiva y poco deseable a potenciales partidarios). El desafío es crear memes que rompan las burbujas ya que la mayoría de los memes tienden a circular en burbujas de personas que ya están de acuerdo entre sí. Pero incluso si tus memes no rompen ninguna burbuja, todavía pueden ser efectivos si inspiran a la izquierda. Bernie Sanders’ Dank Meme Stash[24] fue una fuente fantástica de diversión e inspiración durante las últimas elecciones de Estados Unidos.

Alex Galloway no está seguro de que el “culture jamming” sea una táctica exitosa hoy en día como sí lo fue en los 1990s. “Los memes parecen estar operando casi enteramente debajo de lo que solíamos llamar ideología. El poder e interés que tienen los memes se debe completamente a su estatus de máquinas ideológicas, lo que no significa que sean inútiles, corruptas, etc.- por el contrario, demuestran cuan complejos y poderosos son.” Johannes Grenzfurthner del colectivo de arte vienés Monochrom añade: “Necesitas mucho poder de usuario/seguidor/creador para realmente crear compromiso con la comunidad. 4Chan solamente se convirtió en el semillero de super-memes por su infinita reserva de usuarios no clasificados, algunos de ellos conectados todo el día – durante años.” Grenzfurtherner también nos recuerda que crear memes políticos es un acercamiento estilo Relaciones Públicas a la cultura de internet:

Las personas detectan el PR muy rápidamente. Y al final puede volverse en tu contra y contra tu campaña. Entiendo la necesidad de crear memes de contra-información fácilmente compartibles, pero eso ya está sucediendo. Un montón de imágenes buenas ya están circulando en burbujas específicas. Pero ¿Cómo salir de la burbuja? No se pueden penetrar las burbujas conservadoras con contenido liberal. Tu contenido tiene que ser tan poco claro y misterioso que ya no funcione como una herramienta de propaganda. O solamente será usada para el ridículo.

De acuerdo a la pensadora del software libre e historiadora de Anonymous Gabriella Coleman, simplemente no podemos permitirnos no usar memes:

Cuando la derecha alternativa estaba ganando terreno y varios periodistas estaban horrorizados con el hecho que las imágenes y emociones puedan “movilizar” a las personas y arrastrarlas políticamente, yo estaba igualmente horrorizada de que ellos fueran tan ingenuos y tan negativos acerca de las emociones y la cultura visual. Si, los progresistas e izquierdistas deben incluir memes y humor en su arsenal para dar pelea a algunos cuarteles de la derecha y dirigir a cierta parte de la juventud, enloquecida por internet, hacia la izquierda. Sin ellos, perderemos una base enorme de personas. Si esto debe ser diseñado mediante un esfuerzo grupal o si debe surgir desde abajo es una cuestión totalmente distinta. Mi sensación es que sería más efectivo viniendo desde una base subcultural que de una elite de arte vanguardista.

También le pregunté a Matt Goerzen, quien está investigando sobre memes con Coleman, sobre la búsqueda de la receta para un meme exitoso:

Los memes de la derecha alternativa son tan exitosos debido a su naturaleza populista. He llegado a entender las tablas de imágenes de memes como un kit de herramientas que puede servir para usos bien distintos, pero sólo cuando se adaptan a la tarea encomendada. Los memes pueden ser equipados efectivamente, como el shitposting en Twitter, una forma de ataque cognitivo de denegación-de-servicio para usar el término de Rand Waltzman. Pero son más poderosos como sitio de identificación, de integración de valores de individuos que se identifican con ellos desde el sentimiento temático.

De acuerdo a Goerzen, una porción significativa de la derecha alternativa dedico su trabajo memético a Bernie Sanders mientras seguía en carrera. Goerzen notó que casi no había ningún intento de hacer memes para Hillary:

Vale la pena preguntarse por qué esto es así. Mi entendimiento es que los memes son una suerte de recipiente o punto coordinador para la organización, pero cuando les faltan temáticas quedan en su mayoría carentes de valor ideológico. Son como un vocabulario y necesitan ser animados y organizados por un imperativo o una narrativa. La trayectoria de Pepe es muy instructiva en este asunto, y creo que es llamativo que los memes de Bernie en circulación, utilizaban Wojak. Pepe y Wojak son como yin y yang – donde Pepe es rápido, maniático, provocativo, descarriado, extrovertido, Wojak es deliberativo, depresivo, reservado, empático e introvertido. Cuando Bernie fue eliminado, las identificaciones positivas transmitidas a través de Wojak se estancaron, mientras que las identificaciones positivas transferidas a Trump a través de Pepe ganaron extra momentum, ya que muchos de los partidarios de Bernie en la plataforma 4Chan estaban enfurecidos con el juego sucio al que consideraron responsable de su descalificación. Esto es solo un ejemplo, pero el punto es este: Creo que la forma efectiva de armar a los memes con propósitos ideológicos es dirigir algunos que ya sean populares o significativos para una demografía disputada. Esto se alinea con los “métodos de redirección” que intentan contrarresar los círculos de extremismo violento. La idea de diseñar memes desde arriba hacia abajo (o “forcememing” en la cultura de las páginas de publicación de memes) es una tarea bastante desafiante. Muchos de los funcionarios públicos con los que hablé en los últimos meses para dilucidar estas preguntas tienen ideas sobre cómo puede hacerse esto, pero requiere muchos recursos y se parece más al tipo de trabajo hecho por Cambridge Analytica que a cualquiera en las páginas de memes o de la órbita cultural de la derecha alternativa.[25]

Además de la necesidad de una narrativa, está el tema de la aceleración. ¿Los memes alternativos deberían circular a la misma velocidad que internet en general? ¿Nos estamos quedando sin tiempo? ¿Qué pasaría con los memes lentos? ¿Y qué si el problema es el “tiempo real” en sí mismo? De acuerdo a Franco Berardi, necesitamos un nuevo ritmo de elaboración; necesitamos ralentizarnos secuencialmente, curarnos de la aceleración, y encontrar un nuevo tempo de movimiento. Esto no se puede hacer a través de más aceleración. La comunicación en tiempo real ya arruina nuestros cuerpos, nuestras mentes. De acuerdo a Berardi, el reino digital nos está llevando a una “descorporeización” creando un “cerebro sin cuerpo”. La infosfera es una estimulación nerviosa gigante. Lo que necesitamos, antes de que podamos empezar a contar esta Nueva Narrativa, es una “reconfiguración de la elaboración mental”.[26]

×

Geert Lovink es un teórico de los medios, crítico de internet y autor de Uncanny Networks (2002), Dark Fiber (2002), My First Recession (2003), Zero Comments (2007), Networks Without a Cause (2012), y Social Media Abyss (2016). En 2004 fundó el Instituto de Culturas en Red (Institute of Network Cultures) en la Universidad de Ciencias Aplicadas de Amsterdam. Este centro organiza conferencias, publicaciones y redes de investigación como Video Vortex (video online), Unlike Us (alternativas en las redes sociales), Critical Point of View (Wikipedia), Society of the Query (La cultura de la búsqueda), MoneyLab (modelo de facturación para las artes basado en internet). Sus recientes proyectos lidian con las publicaciones digitales y el futuro de la crítica de arte. También enseña en la European Graduate School (Saas-Fee/Malta) donde supervisa a estudiantes de doctorado.

© 2017 e-flux y el autor

[1] Evgeny Morozov, “El pánico moral sobre las noticias falsas esconde al verdadero enemigo – los gigantes digitales” The Guardian, 7 de enero 2017 https://www.theguardian.com/commentisfree/2017/jan/08/blaming-fake-news-not-the-answer-democracy-crisis

[2]El diseñador e investigador Silvio Lorusso, quien realizó importantes aportes sobre este tema, ha notado que un relativismo similar ha invadido la cultura visual. Esta puede ser la razón por la cual los diseñadores gráficos entrenados y profesionales, son los menos equipados para producir memes efectivos. En su lugar, los memes a menudo están asociados con la cultura under amateur. La creación de memes por ende es a menudo descripta como un proceso misterioso, como se sostiene en el documental La Historia de Technoviking [The Story Of Technoviking], que trata sobre el “primer meme” y discute la producción de memes en detalle. http://documentaryheaven.com/story-of-technoviking/    

[3] https://www.youtube.com/watch?v=ByKXcIPi7MI

[4] Jarett Kobek, I Hate the Internet (Londres: Serpent’s Tail, 2016), 25.

[5] Ibid., 64.

[6] Ibid., 38.

[7] Ibid., 26, 36.

[8] Ibid., 66.

[9] Ibid., 65.

[10] Ibid., 150.

[11] dana boyd, “¿La alfabetización mediática resultó contraproducente?” [Did Media Literacy Backfire?] DML Central, 12 de enero 2017 http://dmlcentral.net/media-literacy-backfire/

[12] [N. del E] Según Wikipedia un filtro burbuja es el resultado de una búsqueda personalizada en donde el algoritmo de una página web selecciona, a través de predicciones, la información que al usuario le gustaría ver basado en información acerca del mismo (como localización, historial de búsquedas, y elementos a los que les dio clic en el pasado) y, como resultado, los usuarios son alejados de la información que no coincide con sus puntos de vista, aislándolos efectivamente en burbujas ideológicas y culturales propias del usuario.

[13] Cathy O’Neil, Armas de Destrucción Matemática: Cómo el Big data incrementa la desigualdad y amenaza la democracia [Weapons of Math Destruction: How Big Data Increases Inequality and Threatens Democracy] (Nueva York: Crown, 2016), 12.

[14] Ibid., 199

[15] Ibid., 218.

[16] Ibid., 8

[17] Kristin Dombek, El Egoísmo de los Otros: Un Ensayo sobre el Miedo al Narcisismo [The Selfishness of Others: An Essay on the Fear of Narcissism] (Nueva York: FSG Originals, 2016), 75

[18] Jennifer Schuessler, “’El Egoísmo de los Otros’ o Estoy bien – Sos un Narcisista” [‘The Selfishness of Others,’ or I’m O.K.—You’re a Narcissist,”] New York Times, 31 de julio 2016. https://www.nytimes.com/2016/08/01/books/review-the-selfishness-of-others-or-im-ok-youre-a-narcissist.html?_r=0

[19] Dan P. McAdams, “La Mente de Donald Trump,” [The Mind of Donald Trump] The Atlantic, Junio 2016 https://www.theatlantic.com/magazine/archive/2016/06/the-mind-of-donald-trump/480771/

[20] [N. del E.] Tercera vía​ es el nombre que se ha dado a una variedad de aproximaciones teóricas y propuestas políticas​ que, en general, sugieren un sistema económico de economía mixta, y el centrismo o reformismo como ideología.

[21] Tara Burton, “Apocalypse Whatever,” Real Life, 13 de diciembre 2016

[22] También es importante mencionar el trabajo del psicohistoriador neoyorquino Lloyd de Mause, cuyo estudio de los Estados Unidos en 1984 con Reagan puede ser una importante fuente de inspiración para nosotros hoy en día.

[23] Todas citas de entrevistas por email realizadas durante febrero del 2017.

[24] Un grupo de Facebook donde sus miembros compartían y comentaban memes sobre el político norteamericano Bernie Sanders.

[25] Cambridge Analytica es la empresa británica de big data que trabajó para la campaña de Trump. Ver Hannes Grassegger y Mikael Krogerus, “La Data que Volteó al Mundo”, Motherboard, 28 de enero 2017. https://motherboard.vice.com/en_us/article/mg9vvn/how-our-likes-helped-trump-win

[26] Todas las citas de Berardi fueron tomadas de una conferencia dictada en el Rietveld Academie, Amsterdam el 8 de febrero de 2017, como parte de la serie de conferencias “¿Qué esta pasando con nuestro cerebro?” [What Is Happening to Our Brain?] organizada por Studium Generale Rietveld Academie.

Anuncios

El fundador de The Pirate Bay: “Me di por vencido”

link original: https://motherboard.vice.com/en_us/article/pirate-bay-founder-peter-sunde-i-have-given-up?utm_source=dmfb

Peter sunde1

El socialista pionero en el intercambio de archivos Peter Sunde, no es optimista sobre la internet libre.

“Internet es una mierda hoy en día. Está roto. Probablemente siempre estuvo roto, pero hoy está peor que nunca.”

Mi conversación con Peter Sunde, uno de los fundadores y voceros de The Pirate Bay, no empezó con optimismo. Hay buenas razones para que haya sido así: En los últimos meses, la cultura contemporánea de descargas está mostrando serios signos de derrota en la batalla por internet.

El último mes vimos a Demonii desaparecer. Era el rastreador de torrents más grande de internet, responsable por más de 50 millones de rastreos al año. Adicionalmente, la Asociación Cinematográfica de América (MPAA) cerró YIFY y Popcorn Time, dos grandes espacios de descargas. Luego salieron noticias de que el Dutch Release Team, un colectivo de subida de archivos, hizo un acuerdo legal con el grupo antipiratería BREIN.

Mientras los torrenteros parecen seguir peleando esta batalla, Sunde afirma que la realidad es más contundente: “Ya perdimos.”

Allá en el 2003, Peter Sunde junto a Fredrik Neij y Gottfrid Svartholm, iniciaron The Pirate Bay, un sitio web que se convertiría en el sitio de intercambio de archivos más grande y famoso del mundo. En 2009, los tres fundadores fueron condenados por “asistir (a otros) a infringir las leyes de propiedad intelectual” en un juicio muy controversial.

“Dejemos de tratar a internet como si fuera algo distinto y empecemos a enfocarnos en cómo te gustaría que se vea tu sociedad realmente.”

Sunde fue encarcelado en 2014 y liberado un año después. Luego de su tiempo en prisión comenzó a bloguear sobre la centralización del poder en la Unión Europea, se postuló como candidato por el Partido Pirata de Finlandia en las elecciones para el Parlamento Europeo y fundó Flattr, un sistema de micro donaciones para desarrolladores de software.

Quería hablar con Sunde sobre el estado actual del internet libre y abierto, pero la conversación se convirtió rápidamente en un intercambio ideológico sobre sociedad y capitalismo- que es el problema real según Sunde.

La siguiente entrevista fue editada por cuestiones de claridad y longitud.

MOTHERBOARD: Che Peter, estaba pensando en preguntarte si las cosas están yendo bien, pero dejaste bastante en claro que ese no es el caso.

Peter Sunde: No, no veo que esté pasando nada bueno. Las personas se conforman muy fácilmente con las cosas.

Tomemos la ley de neutralidad de la web en Europa, por ejemplo. Es terrible, pero las personas están contentas y dicen cosas como “podría ser peor”. Definitivamente esa no es la actitud. Facebook lleva internet a África y países pobres, pero solo brindan acceso limitado a sus propios servicios para hacer plata con la gente pobre. Y además obtienen préstamos de los gobiernos para hacer esto porque saben cómo hacer buenas Relaciones Públicas.

Finlandia hizo del acceso a internet un derecho humano hace ya un tiempo. Eso fue algo inteligente de parte de Finlandia, pero es la única cosa positiva con respecto a internet que vi en cualquier país de cualquier parte del mundo.

Así que, ¿Cuan malo es el estado del internet libre?

Bueno, en verdad no tenemos un internet libre. Hace mucho tiempo que es así. Por lo que no podríamos hablar realmente sobre un internet libre porque ya no existe. El problema es que nadie impide nada. Estamos perdiendo nuestros privilegios y derechos todo el tiempo. No estamos ganando nada en ninguna parte. La tendencia es solamente hacia una dirección: un internet más cerrado y más controlado. Eso tiene un gran impacto en nuestra sociedad. Porque hoy en día son la misma cosa. Si tenemos un internet más oprimido, tenemos una sociedad más oprimida. Por lo tanto eso es algo en lo que deberíamos concentrarnos.

Pero todavía pensamos en internet como una especie de lugar salvaje, sin leyes y donde las cosas todavía están libres de cadenas, por lo que no nos preocupamos, ya que todo va a estar bien de alguna manera. Pero este no es el caso. Nunca hemos visto estos niveles de centralización, inequidad desmedida, capitalismo extremo en ningún sistema anterior. Pero de acuerdo a los estudios de mercado hecho por personas como Mark Zuckerberg y empresas como Google, todo esto es para ayudar a una red abierta, para expandir la democracia y cosas así. Al mismo tiempo, son monopolios capitalistas. Así que es como confiar en el enemigo para hacer las obras buenas. Es realmente bizarro.

¿Pensás que porque muchas personas no consideran real a internet o no lo ven como un lugar real, les importa menos su bienestar?

Bueno, hemos crecido sabiendo la importancia de cosas como una línea telefónica o una televisión. Así que si comenzáramos a tratar a nuestras líneas telefónicas o nuestros canales de televisión como tratamos a internet, la gente se enojaría realmente. Si alguien te diría, no podés llamar a un amigo, entenderías que lo que está pasando es realmente malo. Vos entendes tus derechos. Pero las personas no tienen eso con internet. Si alguien te diría que no podes usar Skype para esto y esto, no sentís que se trata de vos personalmente. Solo por ser una cosa virtual de repente no está dirigido hacia vos. No ves a alguien espiándote, no ves algo censurado, no ves cuando alguien borra cosas de los resultados de las búsquedas de Google. Pienso que ese es el mayor problema para llamar la atención de las personas. No se ven los problemas, por eso la gente no se siente conectada a ellos.

Peter sunde2

Captura de pantalla del documental TPB – AFK (The Pirate Bay – Away From Keyboard). De izquierda a derecha: Gottfrid Svartholm, Peter Sunde y Fredrik Neij.

Por mi parte preferiría no preocuparme por eso. Porque es muy difícil hacer algo al respecto, y no convertirse en alguien paranoico o conspiranoico. Y no está bueno terminar así. Por eso mejor rendirse. Eso es masomenos lo que las personas han estado pensando, pienso yo.

¿De qué te rendiste exactamente?

Bueno, me rendí a la idea de que podemos ganar esta batalla por internet.

La situación no va a ser diferente, porque aparentemente eso no es algo que la gente esté interesada en cambiar. O no podemos lograr que las personas se preocupen lo suficiente. Quizá es una mezcla, pero este es el tipo de situación en la que estamos, así que es inútil hacer algo al respecto.

De alguna manera nos hemos convertido en el Caballero Negro del Santo Grial de los Monty Python. Quizá tenemos la mitad de nuestra cabeza y todavía seguimos peleando, todavía pensamos que tenemos una chance de ganar esta batalla.

¿Entonces qué pueden hacer las personas para cambiar esto?

Nada.

¿Nada?

No, pienso que estamos en ese punto. Pienso que es realmente importante que entendamos esto. Perdimos esta pelea. Solo queda admitir la derrota y asegurarnos que la próxima vez se entienda por qué perdimos esta pelea y asegurarnos que no vuelva a pasar otra vez cuando intentemos y ganemos esta guerra.

Bien, entonces ¿De qué se trata esta guerra y qué deberíamos hacer para ganarla?

Bueno, pienso que, para ganar esta guerra, primero debemos entender qué es y para mi es claro, que estamos lidiando con una cuestión ideológica: el capitalismo extremo que está gobernando, el lobby extremo que está gobernando y la centralización del poder. El internet es solo una parte de un rompecabezas mayor.

Y la otra cuestión con el activismo es que tenes que tener empuje, atención y cuestiones como esas. Estuvimos realmente mal en ese punto. Detuvimos ACTA, sí, pero después volvió con un nombre distinto. Para ese momento habíamos puesto todos nuestros recursos y toda la atención pública en eso.

La razón por la que el mundo real es el gran objetivo para mí, es porque internet está emulando al mundo real. Estamos intentando recrear esta sociedad capitalista que tenemos, arriba de internet. Por eso internet se nutrió del fuego capitalista, al pretender ser algo que conectaría a todo el mundo, pero teniendo en realidad una agenda capitalista.

Mirá las compañías más grandes del mundo, todas están basadas en internet. Mirá lo que están vendiendo: nada. Facebook no tiene un producto. Airbnb, la mayor cadena de hoteles en el mundo, no tiene hoteles. Uber, la compañía de taxis más grande del mundo, no tiene taxis.

“Me rendí a la idea de que podemos ganar esta batalla por la internet.”

La cantidad de empleados en estas compañías es menor que nunca antes y su rentabilidad es, por lo tanto, más grande. Apple y Google sobrepasaron a las compañías de petróleo por lejos. Minecraft se vendió por U$S2,6 mil millones y WhatsApp por algo asi como U$S19 mil millones. Estas son sumas de dineros insanas por la venta de nada. Es por esto que internet y el capitalismo están tan enamorados entre sí.

Vos me dijiste que internet está roto, que siempre estuvo roto. ¿A qué te referís con eso? ¿Tenemos que culpar al capitalismo extremo?

Bueno, la cosa es que internet es realmente tonto. Funciona abiertamente y de una manera sencilla, sin sufrir modificaciones por la censura. Por ejemplo, si un cable se pierde, llevas el tráfico desde otro lugar. Pero gracias a la centralización de internet, la (posible) tecnología de censura o vigilancia es mucho más difícil de esquivar. A su vez, ya que internet fue una invención americana, ellos todavía tienen el control sobre ella e ICANN[1] puede forzar la censura o la desconexión de los principales dominios de cualquier país. Para mí, eso es un diseño roto realmente.

Pero siempre estuvo roto, solo que a nosotros nunca nos importó realmente, porque siempre hubo un puñado de buenas personas que se aseguraron que nada malo pasara. Pero pienso que esa es la idea equivocada. En lugar de dejar que las cosas malas pasen lo más rápido posible para que podamos arreglarlas y asegurarnos que no vuelva a pasar en el futuro, estamos prolongando este inevitable fracaso total, lo que no nos está ayudando en absoluto.

¿Así que solamente deberíamos dejar que explote y reviente, juntar las partes y comenzar de nuevo?

Si, con el foco puesto en esta gran guerra contra el capitalismo extremo. No podía votar, pero esperaba que Sarah Palin ganara en las últimas elecciones estadounidenses. Espero que Donald Trump gane la elección de este año. Por la razón de que va a arruinar al país mucho más rápidamente que si ganase un presidente menos malo. Todo nuestro mundo está enfocado en el dinero, dinero, dinero. Ese es el mayor problema. Esa es la razón por la que todo se arruina. Ese es el blanco que debemos arreglar. Necesitamos asegurarnos que comenzaremos a tener un objetivo distinto en la vida.

 “No tenemos una internet libre. Hace un tiempo que ya es así.”

Con suerte la tecnología nos va a dar robots que van a llevarse todo el trabajo, lo que causaría algo así como un desempleo masivo mundial; alrededor del 60 por ciento. La gente va a estar tan infeliz. Eso sería genial, porque en ese momento podrías ver al capitalismo caer con todo. Va a haber mucho miedo, sangre derramada, y vidas perdidas para llegar a ese punto, pero pienso que es la única cosa positiva que veo, que tendremos un colapso total del sistema en el futuro. Ojalá que sea lo más rápido posible. Preferiría tener 50 que 85 en ese momento, cuando el sistema se esté destruyendo.

Todo esto suena muy parecido a alguna forma de revolución Marxista: un colapso total del sistema capitalista.

Bueno, sí, estoy de acuerdo totalmente con eso. Soy un socialista. Sé que Marx y el comunismo no funcionaron anteriormente, pero creo que en el futuro tenemos la posibilidad de tener un total acceso comunista e igualitario a todo para todos. La mayoría de las personas con las que me encuentro, sin importar si son comunistas o capitalistas, están de acuerdo conmigo en esto, porque entienden el potencial.

Entonces, ¿Hay alguna cosa concreta en la que deberíamos enfocarnos? ¿O necesitamos apuntar a una nueva forma de pesar? ¿Una nueva ideología?

Bueno, pienso que el foco necesita estar en saber que internet es exactamente lo mismo que la sociedad. Las personas pueden darse cuenta de que no es una muy buena idea tener toda tu data y archivos en Google, Facebook y en servidores de la compañía. Todas están cosas necesitan ser comunicadas hasta la cúspide política, por supuesto. Pero dejemos de tratar a internet como si fuera una cosa distinta y comencemos a enfocarnos en cómo nos gustaría que se vea la sociedad realmente. Necesitamos arreglar la sociedad, antes de que podamos arreglar internet. Esa es la única cuestión.

[1] ICANN es una organización que opera a nivel multinacional/internacional y es la responsable de asignar las direcciones del protocolo IP, coordinar la administración de los elementos técnicos del DNS y garantizar la resolución unívoca de los nombres, para que los usuarios puedan encontrar todas las direcciones sin ser repetidas.

 

La privatización de la escucha

Link: http://conversations.e-flux.com/t/the-rise-of-music-streaming-and-the-privatization-of-listening/6459

En una nota llamada “Networked Listening” (escucha interconectada) publicada en Real Life, el teórico de la comunicación Eric Harvey examina cómo la proliferación de servicios de radio y música por internet han hecho que la experiencia de escuchar música se vuelva más privada y solitaria. Mientras que la radio tradicional facilitaba la construcción de una “comunidad imaginaria”, los servicios como Pandora y Spotify facilitan la construcción de un yo privado, con gustos y preferencias cuidadosamente monitoreados y monetizados por el proveedor del servicio. Aquí está un fragmento del artículo:

El teórico de la vigilancia Mark Andrejevic, tomando prestado un término de la Inglaterra del siglo XVI referido al cercado de las tierras comunales para volverlas propiedad privada, apoda a esto el “movimiento de cercado digital”. Dentro de estos cercados, el valor de la música digital ya no es tanto su potencial valor de intercambio (dejando afuera su valor estético) sino es el hecho de que utilizarla genera datos sobre hábitos de escucha y sobre la música en sí misma.

Este no es el lugar al que esperábamos llegar con las tecnologías de reproducción de música. A mediados de los 1980’s, el Walkman trasladó los rituales de escucha privados a la esfera pública. “Lo que sorprendió a la gente cuando vieron el Walkman en sus ciudades por primera vez” escribió el crítico teórico Shuhei Hosokawa en 1984, “era el hecho evidente de que podían saber que el usuario del Walkman estaba escuchando algo, pero no qué estaba escuchando. Algo pasaba ahí, pero no se veía: era un secreto.” Hosokawa se refiere a este fenómeno como un “teatro secreto”, una performance pública enmarcada en una tecnología de privacidad móvil. Dos décadas después Michael Bull hablaba del iPod de manera similar. “Por primera vez en la historia, la mayoría de los ciudadanos en la cultura Occidental posee la tecnología para crear su propio mundo auditivo móvil privado a donde quiera que vaya.” Iba en sentido contrario de la forma en que la emisión de señales de radio llevó parte del ruido de la esfera pública al campo privado del hogar. El Walkman y el iPod permitieron a los individuos reestructurar el espacio público como espacio privado.

Esto llegó a su apogeo con el desarrollo de auriculares costosos que cancelan el ruido comerciados por compañías como Bose. Estas funciones transformaron a los auriculares en dispositivos de paisajes sonoros privados a los cuales el investigador Mack Hagood  llama “el actor móvil racional del mercado neoliberal: el viajero de negocios.” Las publicidades de los auriculares QuietComfort (confort silencioso) de Bose, sugieren que los viajeros de negocios pueden crear un oasis ad hoc de espacio personal en medio del ruido de las diferencias culturales en, digamos, un aeropuerto.

Los auriculares que cancelan el ruido se volvieron un símbolo de la reivindicación de la aplicación de soluciones individuales a problemas sociales mayores, y de la privatización de espacios y recursos públicos. Ellos marcan el punto final lógico en la utilización de esta tecnología para moldear unilateralmente una sensación de privacidad. Los auriculares que cancelan el ruido evocan el espectáculo desesperanzador de lo que podría ser considerado el festival de música neoliberal por excelencia: la “disco silenciosa”, donde las interacciones públicas solamente importan en el grado en que puedan ser disfrutadas de forma privada.  

 

¿De donde salió el Nerd?

link: http://reallifemag.com/what-was-the-nerd/

Autor del texto original: Willie Osterweil*

El fascismo volvió. En los campus universitarios y en los centros urbanos estadounidenses aparece propaganda nazi, se formó un grupo paramilitar que cita a Mussolini para “proteger” las movilizaciones de Trump, el KKK se está reformando y, mientras tanto, los medios participan superficialmente de un relanzamiento fascista, popularizando figuras como Milo Yiannoupolis[1] y la “derecha alternativa”[2]. Y ahora, con la designación de Stephen Bannon en la administración de Trump, la rejuvenecida derecha alternativa se sienta al lado del jefe de estado.

Por supuesto que los fascistas nunca se fueron en realidad: Solamente se vistieron de azul en lugar de marrón los últimos cuarenta extraños años. Pero un movimiento duro de derecha, abiertamente agitador y teorizante, que lentamente fue creciendo a lo largo de los últimos años, ha florecido en 2016 como un fenómeno reconocible en los Estados Unidos. Hoy en día la juventud fascista estadounidense no es ni el deportista ario fornido y patriota, ni el punk skinhead calzado con sus botas: El fascista millenial es un nerd que mira videos de memes en YouTube, escucha música dance electrónica [EDM] y acosa a mujeres negras por Twitter. Una parte de los autoproclamados “nerds” es el núcleo joven vanguardista de los movimientos cripto-fascistas[3] populistas. Y ellos son quienes más probablemente aprovechen las oportunidades presentadas por la presidencia de Trump.

Sin embargo, antes de su surgimiento como comentaristas violentos y fascistas, los nerds –esos “perdedores” a quienes les gustan los videojuegos, los comics y la programación – ya se encontraban vinculados a un set de creencias políticas y filosóficas estereotipadas. El nerd probablemente leyó Ayn Rand o, al menos, compró la idea de una “libertad” pseudo-meritocrática y libertaria. Desde su lugar privilegiado, los problemas sociales son meramente problemas técnicos, un “desperfecto” a ser resuelto. El magnate de la tecnología, abaratador de costos, millenial chupasangre, defensor de las corporaciones, es su héroe –la quintaesencia del dictador nerd.

En septiembre, cuando se reportó que Palmer Luckey, fundador de Oculus Rift, estaba gastando parte de su fortuna en “magia de memes”[4] racista y misógina y en posteos agresivos a favor de Donald Trump, se generó una fuerte convulsión dentro de la comunidad de videojuegos. En su consideración, muchos desarrolladores se distanciaron del Oculus cesando el desarrollo de juegos. Pero muchos dentro del mundo del periodismo de juegos fueron más cobardes, evitando cubrir la historia o enfocando su repudio solamente al hecho de que Luckey negó lo sucedido y en que parecía haber mentido para cubrir su cabeza, en lugar de repudiar la propagación del racismo y la misoginia.

El mito de la opresión nerd permitió a cualquier niño blanco, un poco raro socialmente y fan de la ciencia ficción, depositar su resentimiento en las mujeres o personas de color más cercanas.

Estos fueron los mismos periodistas de juegos que miraron para otro lado frente al Gamergate, el primer movimiento fascista online en conseguir la atención del público general estadounidense en el siglo XXI. El movimiento Gamergate, que pretendía estar preocupado por la “ética en el periodismo de juegos”, consistió en jugadores autoidentificados acosando coordinadamente a mujeres y personas queer del mundo gamer, en un intento directo de expulsar las voces no-blancas-masculinas y no-derechistas, clamando al mismo tiempo ser las víctimas auténticas de la corrupción. De hecho, la mayoría de los periodistas de juegos profesionales, ellos mismos en su mayoría hombres blancos, murmuraban débilmente “tenemos que escuchar ambos lados” mientras que los trolls (provocadores) de internet dejaban fuera de la industria a algunas de las voces más interesantes de la escritura y creación de juegos. El movimiento fue un éxito para los fascistas de Reddit y los estrellitas de 4Chan, debilitando comunidades de jugadores minoritarios y feministas, mientras se reforzaba la idea de que el gamer prototípico es un nerd blanco afligido. Esto denotó que –a pesar de que el contingente de jugadores queer, femenino y no-blanco representa a la mayoría de los jugadores- el segmento que controla la mayor parte de las voces es el de los chicos fachos blancos que miran y piensan muy parecido a Luckey.

Seguramente, esas comunidades de jugadores marginalizados tienen tanto derecho a su posición como sujetos de lo “nerd”, como los fans queers y los geeks de los comics, por no hablar de las personas que se identifican como nerds para indicar su entusiasmo por un tema esotérico (por ejemplo “nerd de la música ambient”). Pero la razón por la cual la imagen de lo nerd se está volviendo la de una parva de fascistas tecnófilos que mantiene esta imagen como territorio a defender, es debido al origen cultural específico del arquetipo de fines del siglo XX y al propósito político mediante el cual fue consolidado.

El nerd apareció en la cultura pop como el niño blanco inteligente pero raro, siempre bienintencionado, irracionalmente perseguido por su implacable antagonista deportista, con el fin de subsumir y mistificar los conflictos sociales reales –aquellos en torno a la raza, el género, la clase y la sexualidad que sacudieron a los Estados Unidos en los 1960’s y 70’s- haciendo un espectáculo del sufrimiento del hombre blanco. Esto fue una estrategia efectiva para vender entradas a la clase media blanca de los suburbios, ya que describían y reflejaban a estas comunidades mayoritariamente blancas. Desde el abandono de los centros urbanos y la drástica pobreza de las comunidades no-blancas de los 1980’s y 90’s, estos blancos suburbanos eran prácticamente los únicos consumidores con dinero para gastar suficiente como para atraer la atención de Hollywood.

La obsesión por los comics, los juegos y el anime quizá hayan hecho parecer un poco raro a este “nerd” suburbano en los 1980’s y 90’s. Pero hoy en día, con las franquicias de comics manteniendo Hollywood a flote y los videojuegos como industria global de $100 mil millones cuyos lanzamientos son eventos culturales, la cultura nerd es cultura. Pero el mito nerd –marginado, hostigado, oprimido y solitario- se mantiene fuertemente en los corazones amargados de los pequeños Mussolinis defendiendo la nerditud.

Por supuesto, hay chicos que realmente son intimidados, silenciados y oprimidos. Ellos tienden a ser no-blancos, queers, obesos o discapacitados – los cuatros grupos que son amplia y consistentemente hostigados en las escuelas estadounidenses. En otras palabras, los “nerds” hostigados son acosados por otras razones más que por ser nerds. Los chicos blancos heterosexuales y sanos quizá también hayan sido hostigados por su percibida nerditud– aunque los epítetos lanzados a menudo se refieren a una supuesta falta de masculinidad o heterosexualidad percibida– pero las estadísticas de acoso no describen a la “nerditud” como un factor común en incidentes de bullying[5]. Sin embargo, el mito de la opresión nerd y la dicotomía asociada al deportista/nerd permite que cualquier chico blanco al que le gusta la ciencia ficción se olvide de sus privilegios y deposite su resentimiento a los pies de la mujer o persona de color más cercana.

El mito del nerd acosado comienza, quizá, con las fraternidades de las universidades estadounidenses. Las fraternidades se instituyeron en Estados Unidos a mediados del siglo XIX, como clubes sociales exclusivos diseñados para brindar estatus y realizar actividades con ciertos miembros del cuerpo estudiantil. En la práctica estos clubes funcionaron principalmente para reproducir la masculinidad y la cultura de las violaciones y a su vez mantener cerca y amistosamente a las clases dominantes. Pero para los 1960’s las fraternidades estaban muriendo: la membresía y el interés fueron colapsando a nivel nacional. Las movilizaciones universitarias por la paz, el Poder Negro[6] y el feminismo habían radicalizado a la población estudiantil y disminuyeron la popularidad y la imagen de estos clubes de chicos ricos. Incluso los miembros de las fraternidades algunas veces llegaron a pelear contra los protestantes y los huelguistas universitarios y para 1970, a pesar de que los números absolutos habían crecido, la participación en las fraternidades per cápita se encontraba en su mínimo histórico.

Durante los años 1970’s, un grupo de graduados con ideología de derecha y antiguos miembros de las fraternidades emprendieron en conjunto una campaña para financiar y fortalecer las fraternidades en sus antiguas universidades como forma de resistencia a la radicalización universitaria y a la creciente liberación sexual y racial. Se reconstruyeron las casas derruidas, se rejuvenecieron sus imágenes y la membrecía empezó a crecer una vez más. Mientras la ola de agitación social disminuía hacia finales de 1970, estas fraternidades bien capitalizadas se instauraron como una fuerza social dominante en las universidades, y el chico fiestero de la fraternidad se convirtió en objeto central de la cultura.

En Stranger Things, los gustos nerds de los protagonistas se vuelven cruciales a la hora de entender al monstruo de otra dimensión. Los nerds son héroes.

Esto se puede ver en películas como el mega-hit Colegio de Animales [National Lampoon’s Animal House] donde alumnos blancos de primer año, un poco desarreglados y no tan atractivos, no pueden entrar en la fraternidad más prestigiosa de su universidad, y por ello se unen a otra menos rica y más revoltosa. Mantenerse por completo fuera de las fraternidades no se presenta como una posibilidad, y la película representa el conflicto universitario no como una cuestión de movimientos sociales o de tensiones sociales más amplias, sino como una batalla entre trepadores sociales y jodones cool. El éxito masivo de Colegio de Animales inspiró inmediatamente una cantidad importante de series de televisión y más de una docena de películas clase B y secuelas de Hollywood.

El hombre blanco, poco atractivo, amenazado y oprimido, enfrentado a otro hombre blanco más popular, presumido y rico se volvió una temática constante en las películas canónicas para la juventud en el Hollywood de los 1980’s. Esto rápidamente evolucionó hacia la dicotomía del nerd/deportista, central para todas las películas de John Hughes, desde Ted, el geek poco popular en 16 Velas [Sixteen Candles], que se mete en problemas con los deportistas en la fiesta de graduación, al “rebelde” John y el “nerd” Brian de El Club de los Cinco [The Breakfast Club], a Ciencia Loca [Weird Science], donde los protagonistas nerds usan sus habilidades con la computación para construir una esclava sexual mujer. Tanto 16 Velas como Ciencia Loca son a su vez sorprendentemente racistas, con Long Duk Dong el estudiante de intercambio de la primer película horríficamente estereotipado y el protagonista de la segunda ganándoles a los habitués de un club de blues al hablar en una jerga pseudo-africana –un acento que se mantiene por una duración de pantalla que se hace insoportable. En estas películas, se pone en el mismo lugar al nerd simpático y a estos sujetos racializados, mientras transcurre un racismo cómico que reproduce las exclusiones sociales reales que estructuran a la sociedad estadounidense. Este movimiento intenta racializar al nerd al introducir su posición como un nuevo punto en la jerarquía racial, uno por debajo del de la confiada masculinidad blanca pero todavía muy por arriba de las personas no-blancas.

Los nerds hostigados son centrales en las películas de toda esa década, desde Los Incorregibles albóndigas (Meatballs), Los Goonies, Cuenta Conmigo (Stand by Me) al eternamente hostigado Marti McFly de Volver al Futuro. El muchacho blanco marginado y hostigado se ve en Karate Kid y de él son las Historias de Navidad (The Christmas Story). El chico poco cool, cuya supuesta falta de carisma nunca pone en duda la simpatía de la audiencia, es el objeto de sucesivas burlas y disgustos hasta que, por supuesto, él prueba ser más inteligente/divertido/amable etc., y en ese momento consigue a la chica – a la cual, por supuesto, siempre tuvo derecho.

El Nuevo Hollywood, el movimiento “New Wave estadounidense” de los 1960’s y 70’s, sigue siendo para muchos historiadores del cine la última edad dorada de la producción seria de películas en Hollywood. A pesar de ser a menudo reaccionarias y apropriacionistas, las películas de este período lidiaban frecuentemente con problemas sociales reales: raza, clase y violencia de género. A pesar de que nuestras memorias tienden a concentrar todos los disturbios sociales y el fervor revolucionario de “los 60’s” en la década que terminaba en 1969, las películas de los 70’s siguieron siendo apasionantes y conscientes socialmente porque los movimientos sociales seguían agitando las cosas bien entrados los 70’s. Los disturbios de Stonewall en los últimos meses de 1969 pusieron en marcha el movimiento de derechos gay, la masacre de Kent State y la huelga estudiantil masiva ocurrieron en 1970, mientras que Weather Underground, el Ejército de Liberación Negra [Black Liberation Army], George Jackson Brigade y otros variados grupos guerrilleros estuvieron en el apogeo de su actividad durante la primer mitad de los 70s. Al mismo tiempo, las crisis financieras de 1972 y 1973 llevaron a profundizar la recesión y la pobreza a lo largo del país: El futuro era incierto, sumido en conflictos y luchas internas.

Esta agitación, tanto como todo lo demás, produjo en Hollywood el cine innovador de este período y las películas como Una mujer bajo la influencia (A Woman Under the Influence), Serpico, Alguien voló sobre el nido del Cuco (One Flew Over the Cuckoo’s Nest) y Network intentaban aludir a los conflictos sociales. A menudo hay personas que lamentan cómo este estilo de películas dio lugar a las producciones miserables y berretas de los 1980s. Esta transformación tiende a ser ubicada en la historia del cine, no sin razones, al ascenso de las superproducciones exitosas – la rentabilidad histórica de Tiburón (Jaws) (1975) y Star Wars (1977) llevaron la atención de los estudios hacia espectáculos de alto presupuesto con temáticas de consumo general.

En los ochentas, las películas entretenían y al mismo tiempo se alineaban al proyecto de Reagan: Hollywood trabajó intensamente para proyectar un Estados Unidos suburbano, blanco y estable, cuyas aflicciones se debían en gran parte a la interferencia burocrática.

Ahora, por supuesto, estas películas forman parte de una nostalgia con gran repercusión mediática. La miniserie retro de Netflix, Stranger Things, por ejemplo, mira melancólicamente hacia los 80’s, reencantando la imagen del nerd como perdedor ganador (en lugar de como tirano intolerante). Stranger Things hace esto en el marco de la revitalización de movimientos políticos que reivindican los derechos de personas oprimidas realmente, incluyendo Black Lives Matter, el movimiento de Justicia Migrante, y las crecientes comunidades de amparo a trans y queers. Así es que en Stranger Things, los intereses nerds de los protagonistas se vuelven cruciales para su habilidad de reconocer los acontecimientos siniestros de su mundo. Su apertura a la magia y su actitud de asombro hacia las posibilidades científicas, les permiten entender al monstruo de otra dimensión y a la superchica psíquica más rápido que los adultos alrededor de ellos. Los chicos juegan a Calabozos & Dragones en la escena de inicio de la serie y obtienen consejos cruciales de un querido ayudante del club de radio. Son hostigados sin piedad por su nerditud, pero no se discute en absoluto el hecho que existan bullies: Están tan naturalizados que son meramente un punto argumental menor entre otros. Lo que se observa más directamente es que los nerds son héroes. Esto a su vez es imitado por la falsa nerditud de los espectadores, quienes se pueden identificar con estos chicos al coincidir con todas las referencias nostálgicas.

Las películas camp[7] ochentosas, que en Stranger Things se presentan como películas divertidas, en ese momento funcionaban como recorte cultural reaccionario: Reflejaban la coalición de Hollywood con el proyecto de Reagan de racionalizar y justificar un conjunto de iniciativas: la privatización, la desregulación, la transferencia del riesgo a los individuos al recortar las redes de seguridad social y la destrucción de los sindicatos. Estas medidas se justificaban diciendo “disminuir la carga impositiva”, y “aumentar de la responsabilidad individual”, mientras que la familia nuclear y la “cultura” se recentraban como la solución y/o la causa de todos los problemas sociales. Mientras la atención de Hollywood se desplazó hacia los suburbios blancos, su ideología siguió el mismo camino.

La principal movida de Reagan fue barrer el conflicto social bajo la alfombra y “unificar” a la población en una nueva “Mañana en Estados Unidos”[8] a través de una coalición con los blancos preocupados por el “crimen” y los impuestos. Esto fue acompañado por una movida cultural para reemplazar la representación de Hollywood de las luchas sociales (por más idiosincráticas, individualistas, y burguesas que fueron esas representaciones cinematográficas) que incluían narrativas de inter raza, inter género y opresión interpersonal. Hollywood en los 1980’s trabajó intensamente para invisibilizar las tensiones sociales y proyectar unos Estados Unidos suburbanos, blancos, seguros y estables (en oposición a los infiernos urbanos) cuyas aflicciones se debían mayormente a la interferencia burocrática, sea a través de directores de secundarias entrometidos como en “Todo en un día” [Ferris Bueller’s Day Off] o los agentes tiránicos de la Agencia de Protección Ambiental [EPA] en Los Cazafantasmas.

Mientras tanto, los movimientos sociales habían perdido la batalla contra la represión estatal y el agotamiento interno, con la mayoría de sus militantes activistas en prisión, en tumbas o escondiéndose. Los gobiernos federales y locales desmontaron las victorias conseguidas durante décadas de lucha, la Guerra Fría fue reavivada para reforzar la lealtad ideológica, el SIDA diezmó el movimiento queer y las comunidades negras enfrentaron una persecución policial intensificada atada a las drogas, que repentinamente circulaban en niveles mayores y mayores dentro de los ghettos.

El nerd, por extraño que parezca, es central en este programa de desaparición del conflicto social. Y ninguna película muestra esto tan claramente como la comedia de fraternidades que inauguró al nerd como héroe: “La revancha de los nerds” [The Revenge of the Nerds]. El argumento de esta película de 1984 sigue a dos estudiantes de primer año de ciencias de la computación en la ficticia Universidad Adams. Después de haber sido echados de sus residencias universitarias y forzados a vivir en el gimnasio por un grupo de la fraternidad, ellos se unen a un grupo de raros y alquilan una gran casa fuera del campus, viviendo una feliz imitación de la vida universitaria en las fraternidades. Los de la fraternidad detestan esto, por lo que se burlan de los nerds y los acosan incansablemente. Los nerds descubren que la única forma de poder sancionar a los de la fraternidad por un cuerpo universitario oficial es uniéndose a una ellos mismos y apelar a un concilio de fraternidad.

El deportista por siempre cool, el nerd eternamente oprimido. El nerd existe para negar la importancia (si no la existencia) de la opresión de raza, clase y género.

Buscando alguna fraternidad nacional que todavía no tenga una delegación en Adams, encuentran a Lamda Lamda Lamda, una fraternidad exclusivamente negra. Cuando visitan al presidente de la fraternidad, él se niega a darles la membresía. Observando la habitación de (en su mayoría) chicos blancos, comenta “tengo que decirles una cosa caballeros, tienen muy pocas chances de convertirse en TriLamdas. Estoy en una situación difícil aquí. O sea, después de todo, son nerds.” El chiste es que no dijo “blancos”.

En el imaginario de la película, ser un nerd reemplaza a la raza como factor decisivo para la inclusión social, mientras las fraternidades negras se sitúan como causantes de la exclusión y el sesgo – a pesar del hecho de que las fraternidades negras (aunque a menudo participen de las mismas políticas de genero patriarcales, como las fraternidades blancas) históricamente han sido una fuerza de solidaridad y seguridad en universidades que de otra forma serían hostiles. 

Sin embargo, uno de los nerds inspecciona los estatutos y ve que Lamda Lamda Lamda debe aceptar a todo nuevo postulante a modo de prueba. Así que ahora los nerds tienen una fraternidad. Por esto, en la universidad Adams, arranca una guerra de bromas entre la fraternidad nerd y la fraternidad prestigiosa que incluye un saqueo de bombachas en una sororidad, la distribución de fotos desnudas de una mujer (justificándola por su asociación con uno de los deportistas miembros de la fraternidad) y una violación directa (presentada como cómica), en la cual uno de los nerds usa un disfraz para hacerse pasar por el novio de una chica de la sororidad y dormir con ella mientras usa el disfraz. Todos estos actos horribles hacia las mujeres son “justificados” por la hostigación que los nerds aparentemente han recibido por ser nerds, y por el hecho de que las mujeres no están interesadas en ellos – o por lo menos, al principio. Eventualmente la violación despreocupada y la astucia de los nerds, hacen que ganen los corazones de las novias de los chicos de la fraternidad.

En la escena del clímax final de la película, en un mitin universitario el nerd principal trata de hablar sobre el hostigamiento que enfrenta pero es golpeado por los deportistas. Justo cuando todo parece perdido, los hermanos de Tri-Lamda de otras universidades entran marchando y se alinean en una formación, con los brazos cruzados frente a la plataforma del orador en una clara alusión a las imágenes de las movilizaciones de las Panteras Negras. Por ello los deportistas de la universidad blanca retroceden, el presidente nacional de Lamda Lamda Lamda devuelve el micrófono al nerd, quien en lo que pareciera ser una espantosa parodia de los discursos del Black Power, anuncia, “Solamente quería decir que soy un nerd. Y estoy aquí esta noche para defender los derechos de otros nerds. Todas nuestras vidas se han reído de nosotros y nos han hecho sentir inferiores… ¿Por qué? ¿Porque somos inteligentes? ¿Porque nos vemos diferentes? Bueno, no lo somos. Soy un nerd, y estoy bastante orgulloso de ello.”

Entonces, con el presidente de la fraternidad negra sobre sus hombros y los hermanos negros militantes de la fraternidad bordeando el marco, el otro protagonista nerd declara, “Tenemos novedades para la gente linda: Nosotros somos muchos más que ustedes.” Este el clímax emocional de la película. Y así estos violadores se apropian del aparato de poder negro en el nombre de la liberación nerd.

Esto ejemplifica el gesto ideológico clave en todas las películas nombradas: el reemplazo de las categorías reales de la lucha y opresión social con el concepto de la lucha entre el deportista y el nerd. El deportista es por siempre cool, el nerd eternamente oprimido. Y la venganza siempre está sobre la mesa y siempre está justificada. En el mismísimo ADN nerd existe una mistificación de las luchas negras, queer y feministas: Como personaje social, el nerd existe para negar la importancia (si no la existencia) de la opresión de raza, clase y género.

El alza de la economía de internet y el crecimiento de la cultura nerd, de la obsesividad, el coleccionismo y los comics -por no mencionar la llegada al poder de los niños criados con La Revancha de los Nerds y esa calaña de los 1980s- significa que ahora el nerd está en completo ascenso. Aunque perpetuamente perjudicados, estos “nerds” creen que otras personas oprimidas deberían callarse y dejar de quejarse, ¡Porque ellos mismos no se quejaron! ¡Obtuvieron trabajos! ¡Obtuvieron diplomas de ingenieros! Ellos se ganaron lo que tienen y merecen lo que toman.

Mientras los liberales hablan con desprecio del estadounidense promedio, blanco, “ignorante”, votante de Trump, la mayoría de los jóvenes defensores de Trump –como la base joven del movimiento fascista estadounidense que está en marcha- no son guerreros de la cultura anti-intelectual o moralistas de las megaiglesias de los estados del centro. A pesar de que los tradicionalistas todavía forman la mayor parte de la base votante de Trump, los “racionalistas” fetichistas de la inteligencia de la nueva extrema derecha, guerreros de teclado que aman los argumentos pedantes y las falacias retóricas son las tropas de choque del nuevo fascismo. Estos nerds disgustados se sienten víctimas de una meritocracia frustrada que supuestamente fue tirada abajo por los activistas sociales y la discriminación positiva. En lugar de cristianos de estilo directo oprimidos por las elites costeras amantes de los libros, estos nerds se sienten silenciados por los censores políticamente correctos, los anti-intelectuales, los chicos cool y los hípsters que tienen miedo de un verdadero debate racional.

A pesar de que la cultura de deportes sigue siendo un terreno intenso de producción patriarcal y de violencia –después de todo, los chistes sobre violaciones son solo charlas de vestuario- en estos momentos, con Colin Kaepernick como representante, los deportistas en los noticieros están más dispuestos a enfrentarse al racismo estadounidense. Los nerds, por otro lado, están rabiosos posteando a favor de un nuevo Reich estadounidense. La distinción nerd/deportista fue siempre un mito diseñado para esconder el conflicto social y recentrar culturalmente la subjetividad masculina blanca. Ahora que los nerds han llegado, su venganza se ve mucho más aterradora de lo que cualquier deportista soñó alguna vez.

*Willie Osterweil es un escritor, editor y activista radicado en Brooklyn, Nueva York, Estados Unidos. Willie es editor en el New Inquiry y autor de “In defense of looting” a publicarse por Verso Press en 2017.

_____________________________________________________________________________________

[1] [N. del T.] Milo Yiannopoulos es un bloguero, periodista, orador y escritor británico. Es reconocido como representante de la denominada “derecha alternativa” angloparlante y se declara seguidor del presidente Donald Trump y del liberalismo libertario.

[2] [N. del T.] La derecha alternativa (alt-right en inglés) es un conjunto de ideologías de derecha de origen estadounidense que rechazan la corrección política, el multiculturalismo y la inmigración. La mayoría de miembros de esta ideología son descritos como jóvenes, anti-establishment, con gran capacidad de activismo en internet y sin jerarquía ni líderes.

[3] [N. del T.] Criptofascismo es un término peyorativo usado para denotar que un grupo o individuo mantienen su apoyo por el fascismo en secreto para evitar persecución social o suicidio político.

[4] [N. del T.] “Magia de memes” (meme magic en inglés) es un término que se utiliza en la jerga para señalar el poder que podrían tener los memes para modificar el curso de los eventos políticos.

[5] [N. del T.] Acoso físico o psicológico al que someten, de forma continuada, a un alumno sus compañeros.

[6] [N. del T.] Poder Negro (Black Power en inglés) es un término utilizado por varios movimientos en defensa de los derechos de personas de raza negra por todo el mundo, aunque especialmente por los afroamericanos de los Estados Unidos. Mantuvo una presencia destacada en la sociedad estadounidense durante la década de 1960 y a principios de la década de 1970.

[7] [N. del T.] El camp es un tipo de sensibilidad estética del arte popular, relacionado al arte kitsch, que basa su atractivo en el humor, la ironía y la exageración.

[8] [N. del T.] La frase “otra vez es de mañana en Estados Unidos” (it’s morning again in America en inglés) es usada como metáfora de renovación debido a la campaña política televisiva del Partido Republicano en 1984 “De mañana en Estados Unidos” (Morning in America en inglés) de su candidato Ronald Reagan.

Dreamlands: Cine inmersivo y Arte, 1905-2016 ° Chrissie Iles entrevistada por João Laia

link: http://moussemagazine.it/dreamlands-immersive-cinema-art-1905-2016-whitney-museum-american-art-new-york/

Chrissie Iles entrevistada por João Laia

“Dreamlands: Cine inmersivo y Arte, 1905-2016” en el Whitney Museum of American Art, Nueva York

JOÃO LAIA: El cine fue asociado históricamente a la ideología, desde la concepción clásica como herramienta para propagar el “estilo de vida Estadounidense” al exterior, a la “fábrica de sueños” que alude a su habilidad de facilitar un escape a su audiencia, alienándola de los problemas cotidianos concretos. Encuentro cautivante la forma en que retomas la idea del sueño y la direccionas hacia una comprensión en la que éste se transforma en una especie de sello distintivo de nuestra condición contemporánea más que una herramienta de escape. Me gustaría pedirte que te explayes sobre cómo empleaste la idea del sueño como dispositivo estructural para la exhibición, y por qué lo consideras como una imagen apropiada para leer el aquí y el ahora.

CHRISSIE ILES: Hay muchos tipos de cine distintos, de los cuales la narrativa de Hollywood que mencionaste solamente es una. Dreamlands encarna otra, un tipo de cine táctil, en el cual predomina el afecto, más que la narrativa. La exhibición no es sobre cine; en su lugar, toma el espacio cinematográfico como punto de entrada para explorar los cambios dramáticos que ocurrieron en la forma en que el espacio y la producción de imágenes han sido transformados por el ciberespacio, que ahora controla todo. Nuestra experiencia de la imagen en movimiento inmersiva está ampliamente controlada por intereses corporativos, en forma de grandes, brillantes e impresionantes pantallas, mayormente emplazadas en espacios estratégicos de áreas urbanas, que manipulan nuestros cerebros con luz digital intensa, enchufando el impulso de consumir. Dreamlands crea un tipo de experiencia inmersiva muy distinta, en donde las voces artísticas se vinculan con el espacio cinematográfico como sitio discursivo de percepción visual. El título de Dreamlands fue inspirado por “Dreamlands” del escritor de ciencia ficción H.P. Lovecraft, un territorio al cual solamente se puede acceder soñando, y que revela un mundo alternativo que, como toda ciencia ficción, es extraño, futurístico y distópico. En la mayoría de las obras de la muestra, este mundo es descripto a través de encuentros con cuerpos cyborgs de distintos tipos en espacios inmersivos que reflejan nuestro estado actual de ansiedad y ambivalencia hacia la saturación tecnológica de nuestras identidades personales y sociales.

1

JL: A pesar de enfocarse en prácticas contemporáneas, cuando la muestra va hacia atrás en el tiempo se enfoca principalmente en dos momentos: el período de entreguerras del siglo veinte y la posguerra de 1950 y 1960. ¿Podrías elaborar sobre cómo estos dos períodos son fundamentales para la imagen en movimiento y cómo han influenciado a las prácticas actuales? ¿Y/o cómo nuestras experiencias actuales hacen eco de aquellos períodos pasados?

CI: Quería que la muestra esté asentada en el momento actual, en el cual hemos experimentado un cambio radical. Como en la Alemania de Weimar, este cambio dramático es la razón por la que un público ansioso, con miedo al cambio y a las implicancias de un futuro incierto, se ha volcado a peligrosas demagogias patriarcales para reafirmarse. Los 1960s vieron un período de inestabilidad similar, mientras la generación de jóvenes reaccionaba a la Guerra Fría, Vietnam, y los ideales sociales y políticos obsoletos. Como observó Anthony McCall recientemente, “si los 1960s fueron una explosión controlada, ahora estamos experimentando el big bang.” Si los 1960s fueron un retorno a la experimentación reprimida y al cambio social que la Alemania de Weimar había iniciado, la nueva generación actual de jóvenes artistas ha ganado una distancia suficiente de los 1960s y 1970s para ser capaces de desarrollar su propia voz independiente, y una posición que es al mismo tiempo refrescantemente nueva y profundamente resonante tanto de la Alemania de los 1920s y de los 1960s en Estados Unidos. Quería que la muestra refleje esto. Hay muchas muestras grupales de jóvenes artistas en Nueva York, pero pocas oportunidades para ver a la generación actual en un contexto histórico más amplio. Quería dejar en claro cuanta resonancia hay entre estos tres períodos, y sorprendentemente, cómo en cada momento, los artistas se volcaron a la fluidez de la imagen en movimiento.

JL: En el texto del catálogo estableces un paralelo entre la clásica experiencia teatral del cine y el cubo blanco, ambas vistas como formas modernistas. Observando la tendencia que identificas e historizas en Dreamlands, un modelo táctil de experiencia cinematográfica, y tratando de establecer un paralelo similar al presente, ¿Dirías que la misma tendencia ocurre en las formas de arte de imágenes-sin-movimiento? ¿Podríamos leer, por ejemplo, la recuperación reciente de la materialidad en la escultura y la pintura como parte de la misma tendencia táctil que vos señalas en la muestra para las imágenes en movimiento? Y, yendo más lejos, ¿Podemos leer cada una o ambas tendencias como respuestas a la supuesta inmaterialidad de la tecnología digital, que encuentra su imagen icónica en la nube?

CI: No creo que haya una recuperación de la materialidad per se en la escultura y la pintura. Ambos medios han estado siempre profundamente anclados en el material, y han permanecido remarcablemente consistentes en este sentido. Lo que si veo en la escultura es un nuevo foco en materiales fluidos, viscerales y un interés en formas que evocan la red neurológica interior del cuerpo y su relación con los estados emocionales interiores tales como la empatía y con especies distintas a los humanos. Este cambio es cibernético, y es parte de la extensiva investigación y discusión alrededor del cuerpo cyborg, vinculada a la nueva búsqueda que está teniendo lugar en la percepción de la neurociencia, la ciencia, la medicina y la psicología. Si se puede decir que la escultura adoptó formas cibernéticas, la pintura se embarcó en problemáticas de dimensionalidad, espacios ópticos, ópticas virtuales, planos caleidoscópicos, y animación y ha sido influenciada por el cine, tanto como por la impresión 3D, imágenes generadas por computadora [CGI], imágenes digitales y visualización espacial inter-planar. Las obras en Dreamlands abordan estos amplios terrenos. Artistas trabajando desde cualquier medio toman la inmaterialidad de la tecnología digital como algo dado y eligen si incorporarla o trabajar de una forma distinta, más analógica. Los binarios ya no se sienten útiles como forma de racionalizar lo que está pasando.

3

JL: Me gustaría saber más acerca de la forma en que coreografiaste el conjunto de obras en el espacio. Más allá de lo que parece ser una estructura cronológica aproximada, ¿Cómo organizaste la exhibición, y cómo incorporaste la experiencia corporal concreta de la audiencia en el ordenamiento de las obras?

CI: Me encontraba en la interesante situación de trabajar con un espacio grande, vacío, rectangular, de 18.000m2, dentro del cual podía montar desde cero la arquitectura de la exhibición, trabajando codo a codo con Mark Steigelman, nuestro responsable de construcción y diseño, su asistente Anna Martin, y mi directora del proyecto Lauren DiLoreto. Comencé proyectando en mi mente cuales deberían ser las experiencias inmersivas clave, los pilares sobre los cuales debería ser construida el resto de la exhibición, y siempre reaparecía el Balet Triádico de Oskar Schlemmer y Factory of the Sun (2015) de Hito Steyerl, dos obras inmersivas construidas a partir de la danza, la política, la guerra, la robótica, el cuerpo cyborg, la cuadrícula, la música, el color, los espacios arquitectónicos planos y una narrativa táctil. Estaba segura que estas dos obras deberían ser las primeras y las últimas experiencias en la exhibición, y todo se distribuyó desde ese punto. Rápidamente se volvió evidente que la muestra debería ser cronológica, para crear la sensación de un viaje a través del tiempo en el cual la inmersión era el hilo en común. Quería quebrar la distinción binaria entre el cubo blanco modernista (objetos) versus su equivalente de los 1990s en film/video, la caja negra[1] [black box], ya que se sentía como un modelo de exhibición agotado y obsoleto, que no reflejaba con exactitud las formas en las que han estado trabajando los artistas, y que fue impuesto sobre ellos por las exigencias de una práctica institucional y de exhibición caduca. La oscuridad es un estado relativo, y hay muchos niveles de oscuridad en la muestra. El tono de la muestra está moldeado tanto por la luz como por el sonido, los cuales fueron calibrados cuidadosamente, trabajando en conjunto al equipo de sonidistas e ingenieros. Para crear la zona de Dreamlands, quería que los espectadores se movieran fluidamente entre cada espacio, sean absorbidos por cada obra, y se sientan cautivados, más que atrapados por esta temporalidad. Como siempre, comencé con las obras en sí mismas, y el equipo prestó atención minuciosa a lo que necesitaba cada pieza en cada uno de sus niveles. Algunas salas tenían que ser de un tamaño específico para que la pieza pueda ser presentada apropiadamente, así que éstas se establecieron como marcadores. En otros casos, éramos más flexibles. La sala de Joseph Cornell es pequeña, por ejemplo, porque el film es pequeño y como una joya; lo mostramos en el mismo tamaño que fue proyectado originalmente cuando se exhibió en la Julien Levy Gallery en Nueva York en 1936, y está bañada por una luz azul reflejándose desde la imagen proyectada. En contraste, quería hacer una proyección muy grande del Crossroads (1976) de Bruce Conner y tenerla visible a la distancia mientras uno camina por los corredores alrededor de las obras de 1920 y 1930, una imagen siniestra, terrible, sublime que te atrae, cuyas implicaciones apocalípticas fueron intuidas por las obras de los 1920s y 1930s, y profetizadas de una sutil manera, pero que no podrían haberlas anticipado. Al mismo tiempo, una vez que entras a la sala, todo lo demás se desvanece, y te envuelve la repetición horrífica y fascinante de las explosiones. Como en las salas de Schlemmer, Steyerl y Ben Coonley, los asientos suaves, cómodos y casi invisibles permiten a los espectadores hundirse en la experiencia de visualización inmersiva y perder toda sensación del tiempo. Coloqué la Line Describing a Cone (1973) de Anthony McCall y Destruct film de Jud Yalkut en cada lado de la explosión atómica porque ambos articulan qué paso después de la bomba atómica; ese momento cero en el que todo amenazaba con auto-destruirse. Ambos trabajos desarman el cine en una forma muy táctil, material –caminamos a través del haz de proyección, pisamos películas desparramadas por el suelo o estamos rodeados por imágenes de películas rotando alrededor de la sala. Las pruebas atómicas de Atolón Bikini fueron el evento más filmado del mundo hasta el 9/11, y la era atómica marcó una disgregación de lo cinematográfico en la TV y la cultura mediática, que la siguiente instalación Movie Mural (1968) de Stan VanDerBeek, articula claramente. Sucediendo inmediatamente a esta última obra histórica, el cuerpo cyborgiano aparece en la primer obra contemporánea del show, la pieza Fireflies de Philippe Parreno, en donde el Juego de la vida[2], un autómata celular[3], simula la generación de nuevos organismos vivientes. El emplazamiento de cada obra despliega una nueva experiencia del cuerpo cyborg y de sensaciones, cada uno construyendo sobre el anterior, hasta que, para el tiempo en el que has recorrido todas las salas de la muestra y emergiste de la Factory of the Sun, te estas cuestionando el rol del trabajo, y estas consciente nuevamente de las implicaciones de tu presencia como espectador, más que (como Steyerl argumenta) como objeto de data a ser minado. Dando la vuelta a la esquina y encontrándote una vez más con Schlemmer, el significativo final del Balet Triádico, en el cual las figuras de guerra enmascaradas y disfrazadas tocan una campana como si fuera una espada, se vuelve nuevamente evidente.

JL: La figura del cyborg es una imagen recurrente en la exhibición. Donna Haraway es una referencia que fácilmente viene a la mente cuando se aborda lo cyborg, pero también Rosi Braidotti cuando mencionas al posthumanismo hacia el final del texto del catálogo. ¿Fueron referentes estos pensadores en la construcción de Dreamlands? ¿Estas interesada en su trabajo y/o cómo ves una relación entre sus posturas sobre lo cyborg y lo poshumano en el contexto de las prácticas contemporáneas de las imágenes en movimiento?

CI: Al principio de mi investigación se volvió evidente que una cantidad considerable de temáticas interrelacionadas eran fundamentales en el pensamiento actual, y me sumergí a mí misma en textos, conferencias, discusiones y conversaciones informales con artistas, escritores, académicos y pensadores alrededor de las problemáticas de lo cyborg, políticas feministas y de género, comunidad trans, Antropoceno, ciencia ficción, cine Afro-Futurista, empatía, neurociencia, cibernética, tacto, animación digital y trans-especies. Donna Haraway, Rosi Braidotti y muchos otros fueron importantes para mi pensamiento, pero también presté atención a las críticas a Haraway, e intenté entender como su primera escritura estaba siendo repensada en el momento actual. La práctica de la imagen en movimiento contemporánea, en toda su diversidad, es fuertemente cibernética, pero de una manera que está cambiando, mientras la tecnología cambia, y los patrones antiguos de usarla son asimilados más plenamente.

JL: Vos mencionas al libro de Jonathan Crary 24/7 (2013) en tu texto de catálogo, enmarcando la exhibición como un “mapa del sueño dimensional interior”. ¿También sería posible mirar la muestra como una concentración de obras que presentan experiencias intensas y en este sentido como un espacio que hace eco de nuestras vidas cotidianas permanentemente puntuadas por estímulos incesantes para la producción y el consumo?

CI: Veo el espacio que crea la muestra como algo muy distinto a nuestras vidas cotidianas, en cuanto interrumpe nuestra lectura del espacio proyectivo como algo ampliamente comercial, y reemplaza esos espacios con experiencias que nos hacen pensar y sentir de forma diferente, y estimular la imaginación más que el deseo de consumir.

JL: Continuando las preguntas anteriores, ¿Dirías que en nuestro acelerado e hipermediado ambiente actual nos hemos convertidos en cyborgs? ¿Es Dreamlands un escenario para la promulgación de nuestra naturaleza cyborg, o más bien una plataforma para el entendimiento auto-reflexivo de tales condiciones? ¿O ambos al mismo tiempo?

CI: Diría que Dreamlands permite que ambos ocurran simultáneamente. Estamos en un estado constante de transformación, y nuestras relaciones entre nosotros y con el mundo son cada vez más cyborg a través de la tecnología. Sin embargo todavía estamos lejos del futuro que la ciencia ficción nos pone siempre adelante, justo fuera de nuestro alcance. Mientras el mundo se tambalea en la cornisa de la autodestrucción ecológica, quizá Dreamlands marca un momento clave en nuestra relación con la tecnología, una en la cual permanecemos definitivamente humanos, pero que empezamos a desplazarnos hacia un estado cyborg apocalíptico, una intensidad que las figuras robóticas enmascaradas de Schlemmer, mientras las nubes de tormenta se van juntando, solamente podrían haber imaginado.

_________________________________________________________

[1] Museo cubo negro (o caja negra), en ingles black cube o black box art museum, es un término utilizado por algunos académicos para referirse a los museos de arte que fueron diseñados o renovados teniendo en especial consideración las necesidades particulares de obras de arte digital, instalaciones y video arte. Este tipo de museos se volvió frecuente desde 1990 en adelante. [N. del T.]

[2] El juego de la vida es un autómata celular diseñado por el matemático británico John Horton Conway en 1970. [N. del T.]

[3] Un autómata celular (A.C.) es un modelo matemático para un sistema dinámico que evoluciona en pasos discretos. [N. del T.]

Contra-Internet ° Zach Blas

http://www.e-flux.com/journal/74/59816/contra-internet/

Texto original de Zach Blas*

  1. Matar a Internet

El 28 de enero de 2011, solo unos días después de que explotaron las protestas en Egipto demandando la dimisión del entonces presidente Hosni Mubarak, el gobierno Egipcio desactivó el acceso nacional a internet. Este corte apadrinado por el Estado se conoció como el “botón de matanza” de internet. La intención detrás de asesinar internet en Egipto fue bloquear a los protestantes de coordinarse unos con otros y prevenir la diseminación de información acerca de los levantamientos en cualquier medio, especialmente aquellos fuera del país. Peculiarmente, fue una muerte que solo duró cinco días, ya que el acceso a internet se restableció rápidamente. Pero concretamente el botón de matanza de internet se desplegó como una serie de demandas políticas y operaciones técnicas. Se ordenó a los proveedores de internet egipcios, como Telecom Egipto, Raya y Link Egipto, cancelar los servicios de routing, lo que resultó en el bloqueo de la conectividad de internet por parte de estas grandes empresas. Los cables de fibra-óptica fueron otro objetivo, ya que el pequeño número de cables que conectan a Egipto con el tráfico internacional de internet son propiedad del gobierno egipcio. Como resultado, el 88 por ciento de la conectividad en Egipto fue suspendida en cuestión de horas. Notablemente, el único ISP que permaneció activo durante este período fue el Noor Data Network, usado por la Bolsa de Valores Egipcia.

11.jpg

En esta imágen se muestran los cables de fibra-óptica conectados a Egipto en un Mapa de Cables Submarinos.

¿Qué significa matar a internet?[1] Si uno intentara localizar físicamente donde fue el asesinato de internet, uno podría ir al edificio de Telecom Egipto ubicado en la calle Ramses 26 en El Cairo, solo a unos kilómetros de la Plaza Tahir, el mayor punto de conexión de fibra óptica que va dentro y fuera de Egipto. Pero ¿Se puede matar una infraestructura técnica? o, ¿Puede tener una muerte política la infraestructura técnica, como las más de ochocientas personas asesinadas durante la insurrección? Si internet efectivamente murió, entonces también fue resucitado, mientras los protestantes permanecen muertos. ¿Es entonces internet un muerto vivo, un zombie? Entender la anulación del acceso a internet como una matanza, la enfatiza como una pérdida potencialmente lamentable y pasible de queja o como una violación de las leyes internacionales de derechos humanos, como proclama Naciones Unidas.[2] Sin embargo esto es confuso. Si la internet fue asesinada por el gobierno egipcio, entonces debemos asumir que internet está del lado de los revolucionarios; sin embargo, la infraestructura de internet es totalmente controlada por el Estado. Si internet fue, de hecho, asesinada en Egipto, entonces fue a su vez un suicidio y un asesinato. Haciéndola simple, fue un acto que supuestamente detendría la revolución, pero el gobierno egipcio falló en ver el potencial de lucha política más allá de la muerte de internet –como si el deseo de cambio político solo puede persistir mediante las telecomunicaciones.

Los eventos de Egipto no fueron un caso aislado. Una enorme cantidad de historias mínimas de internet esperan ser contadas, no basadas en su contribución nuclear al proyecto de globalización sino más bien en bloqueos políticos y puntos muertos; no una historia de horizontalidad total, aldeas globales, y conectividad sino de cortes bruscos, caminos sin salida y puertas traseras: la historia de internet cuando deja de existir. Durante las protestas antigubernamentales [Saffron Revolution] en Myanmar del 2007, el acceso a internet fue bloqueado en todo el país. En 2014, durante las secuelas de las protestas del Gezi en Estambúl, el primer ministro turco Recep Tayyip Erdoğan prohibió el acceso a Twitter. Desde el 2014, Irak aplicó frecuentemente apagones de internet, como también lo hizo Nepal desde el 2005. En Corea del Norte, los ciudadanos tienen de poco a ningún acceso a internet y en lugar utilizan la red doméstica llamada Kwangmyong. Las páginas web son filtradas y censuradas regularmente no solo en China –a través de lo que se apodó El Gran Firewall de China- sino también en muchos países europeos, como el Reino Unido. En Estados Unidos internet nunca fue paralizado, pero se volvió una cristalización y extensión refinada de un estado de vigilancia extremista.

En 1994, el entonces vicepresidente de Estados Unidos, Al Gore, profetizaba que una futura Infraestructura de Información Global expandiría la democracia participativa[3] en todo el mundo. Consideremos donde estamos ahora: en noviembre del 2015, en un rally de campaña en Carolina del Sur, el candidato presidencial por el partido Republicano Donald Trump, convocó a “cerrar internet” para limitar las campañas de reclutamiento del ISIS.[4] La demanda de Trump para desconectar internet confirma que la matanza de internet no está reservada para países considerados totalitarios, sino que también es favorable a las democracias Occidentales. En los Estados Unidos, matar internet es reestructurar la infraestructura de la red hacia un sitio agradable de acumulación de capital y control gubernamental. Campamentos masivos en las veredas de las ciudades –en frente a las tiendas de Apple y Wallmarts igualmente- esperando obsesivamente las commodities de conexión más nuevas, cuyas superficies negras brillantes desmienten los subterfugios algorítmicos de los Estados. La temida libertad de expresión de Trump es controlada moralmente por una extensa fuerza laboral encargada de administrar el contenido online, operando bajo directivas confidenciales, cuyas censuras al subir contenido nos recuerdan que, en primer lugar, Youtube y Facebook nunca fueron ágoras de la libertad de expresión. En el mando, como si hubiera alguno, está el usuario de internet, un sujeto biopolítico diseñado por corporaciones y poseído por una subjetividad aturdida y adictiva anhelante de feeds que nunca terminan, trampas de clicks que siempre demandan otro click, y generadores de contenido que navegan por múltiples pestañas hasta que la computadora se desplome.

¿Cuál es el presente histórico de internet? Para responder a esta pregunta, primero debemos hacer una observación básica: contrario a la insistencia del teórico de los medios Marshall McLuhan en que el medio es una extensión del hombre, internet –un ejemplo paradigmático de medio- se volvió una extensión del control.

  1. Desaparecer a internet

En el World Economic Forum del 2015, el director de Google y ex-CEO Eric Schmidt, prometió que “internet desaparecerá” en nuestros ambientes.[5] ¿Cuál es la diferencia entre matar y desaparecer Internet? Schmidt elabora: “habrá tantas direcciones de IP… tantos dispositivos, sensores, cosas que vas a estar usando, cosas con las que vas a interactuar, que ni siquiera lo vas a sentir. Va a ser parte de tu presencia todo el tiempo.”[6] Aquí desaparecer es lo opuesto a un apagón de internet. Es la eliminación de la posibilidad de matarlo, una garantía de la integración total, continua y dispersa. Desaparecer internet es disolver su infraestructura en la misma materialidad que compone la vida contemporánea y el mundo. Internet = un nuevo elemento químico. Un ojo que siempre es Google Glass. Una superficie cuya interactividad nunca decaiga. Una ciudad transparente donde tu data personal es tu puerta de acceso a la cultura y el entretenimiento. Una nube para ayudar a un cuerpo que no deja de producir data, excepto quizás cuando muere. Teniendo eso asegurado, la desaparición de internet es el surgimiento del internet de las cosas, una promesa tecnológica para rediseñar todos los objetos y seres como ontológicamente interactivos.

Por supuesto, esto también representa la exacerbación de nuestra condición neoliberal. Hoy la gobernabilidad es un rizoma fallido, mientras las redes, que se asumen inmortales, provocan un torrente rápido de corrientes dirigidas al control protocolar y a la administración, en la cual toda vida se vuelve conectable, administrable y programable. Internet desaparece en la fortaleza corporativa de Sillicon Valley, solo para convertirse en una herramienta de vigilancia global incesante, como se evidencia por la NSA en los EEUU y la GCHQ en el Reino Unido. Y justo cuando internet desaparece en los centros de data flotante fuera de la costa de California, reaparece como basura digital de Occidente arrojada a lo largo del Sur Global. El acto de desaparecer que predice Schmidt permanece puramente técnico y le falta considerar el punto en que internet también está desapareciendo en nosotros al convertirse en un modo de subjetivación, un set de emociones, un sentido de pertenencia, una condición humana, una metanarrativa.

2.jpg

Fuera de este vórtice de matanzas y desapariciones emerge una definición de Internet que va más allá de su infraestructura técnica: Internet como una condición sociocultural totalizada. Como el capitalismo, internet pasó a existir como una totalidad, sin un afuera, sin alternativa, sin fin. Esto provoca una pregunta que Julián Assange hizo una vez: ¿Es el futuro de internet también el futuro del mundo? ¿Una vez que internet desaparece en el mundo –y el mundo se convierte en una imagen global de internet- esto significa que con tal de deshacer tal trayectoria teleológica, es necesario pensar más allá del mundo? Si Eric Schmidt puede pensar más allá de internet, ¿por qué nosotros no?

Esta es la tarea que propongo: Transformar discursiva y prácticamente “internet” con el fin de localizar las potencialidades de una alternativa militante o fuera de la totalidad en la que se convirtió internet. Vuelvo a mis mentores en políticas minoritarias, particularmente queers y feministas, ya que las luchas por alternativas a la dominación y el control son de extrema importancia.

 

  1. Políticas post-capitalistas

En 1996, los teóricos J. K. Gibson-Graham publicaron el libro El Fin del Capitalismo (Como Lo Conocíamos) [The End of Capitalism (As We Knew It)], introduciendo una particular postura feminista a las políticas post-capitalistas. En parte, Gibson-Graham apuntan su crítica a los filósofos marxistas –mayormente hombres- quienes argumentan que el capitalismo no tiene un afuera. De acuerdo a Gibson-Graham, este argumento tiene el curioso efecto de invalidar cualquier proyecto anticapitalista – ¡incluyendo el profesado proyecto del marxismo! En contra de tal visión Monolítica, Gibson- Graham expusieron florecientes alternativas económicas que existen en el marco supuestamente totalizador del capitalismo. Para Gibson-Graham, “post-capitalista” no se refiere a un tiempo posterior a la totalización del capitalismo, sino más bien a alternativas económicas en juego dentro del capitalismo en sí mismo. Ellas acuñaron palabras como “capital-céntrico”, un término que critica a la izquierda por no ser capaz de pensar afuera o más allá del capitalismo.[7] Al desplazar el pensamiento desde la totalidad a pensar en las posibilidades, Gibson-Graham realizan una intervención muy necesaria en las políticas anticapitalistas.

¿Qué podríamos pensar si incluyeramos a internet en las políticas post-capitalistas? ¿Qué posibilita la crítica, de Gibson-Graham, apuntada a internet como una forma de vida contemporánea totalizada y hegemónica? Ciertamente emerge una definición diferente de “post-internet”, refiriéndose ahora a redes alternativas, redes de malla[8] y prácticas criptográficas que se enraizaron en el marco supuestamente totalizado de internet. Le sigue un nuevo vocabulario post-internet, comenzando con la palabra “internet-céntrico” –la inhabilidad de pensar más allá o afuera de internet. Utilizándolo en una oración: “Juan lucha con ser internet-céntrico, a pesar de que él anhela un horizonte político más allá de internet.”

3.jpg

Un diagrama de las “dildo-tectónicas” del libro Manifesto Contrasexual (Madrid: Anagrama, 2011) de Paul Preciado.
  1. Contrasexualidad

En su Manifiesto Contrasexual (2001), Paul Preciado anticipa el concepto queer de “contrasexualidad”. Descrito como un rechazo a las normas sexuales, la contrasexualidad prohíbe cualquier articulación de la sexualidad como algo natural. De hecho, decir “contrasexual” es lo mismo que decir “en contra de la sexualidad” o en contra de la comprensión de la sexualidad como algo constituido por poderes dominantes y hegemónicos. El cuerpo y la sexualidad son sitios de lucha por poder y política. Entonces promulgar la contrasexualidad es producir performática y obstinadamente contra-placeres en el cuerpo, el cual por ello evoca un horizonte utópico de transformación política. La contrasexualidad es al mismo tiempo una negación, y la constitución de una alternativa. ¿Cómo, entonces, podríamos practicar políticas “contra-internet”?

Preciado explica que la contrasexualidad puede ser practicada a través de “dildo-tectónicas”, la “contra-ciencia experimental” de los dildos.[9] El dildo es la forma contrasexual elegida porque es al mismo tiempo externo al cuerpo y desarma la suposición de que el cuerpo es una unidad totalizada heterosexual. De hecho, Preciado proclama que el cuerpo puede ser delimitado enteramente como un dildo, lo que sugiere que puede ser transformado en contrasexualidad pura. El cuerpo como dildo es desnaturalizado sexualmente, reconfigurado, transformado en una prótesis transgresiva. Significativamente, el dildo no reduce el cuerpo a un falo, ya que no es un emblema del patriarcado para Preciado. Por ello un pene puede ser considerado un dildo de carne, pero un dildo nunca puede ser un pene de plástico. Como es evidente en los dibujos de Preciado, el dildo contrasexual es una forma diagramática que, cuando se experimenta con él, revela las potencialidades de la sexualidad más allá de lo heteronormativo y falocéntrico. Preciado va tan lejos hasta ofrecer generosamente un set de ejercicios “dildotópicos”, como dibujar un dildo en el brazo de uno y masturbarlo como si uno estuviera tocando el violín.

¿Cuáles son las dildo-tectónicas de internet? Dicho de otro modo, si el dildo es una forma adecuada de exponer las normas y construcciones de la sexualidad, entonces ¿Cuál es la forma adecuada para revelar internet como una totalidad? Una respuesta inicial pero insuficiente puede ser: La red. Internet puede estar compuesto de redes, pero una red no necesariamente es internet. Sin embargo, la red enlaza la vida con las formas dominantes de gobierno y control actuales. Así como la forma del dildo es externa al cuerpo, quizá una forma de contra-internet debe ser externa a internet –debería ser otra cosa distinta a una red. ¿Cómo podrían ser las redes outsiders?

 4.jpg

Diagrama de red distribuida, realizado por Paul Baran en 1964, con un paranodo identificado.
  1. Paranodos

En “El Afuera de las Redes como Método para Actuar en el Mundo” [“The Outside of Networks as a Method for Acting in the World”], un capítulo de su libro del 2013 “Afuera de las Redes” [Off the Network], Ulises Ali Mejias introduce el “paranodo”, un término que conceptualiza aquello que es otro a –o una alternativa a- una configuración de red. El paranodo es un antídoto al “nodocentrismo”, el cual, según Mejías, es el modelo dominante para organizar y ensamblar lo social. Derivado de la neurociencia, el paranodo es el espacio que las redes dejan afuera, el espacio negativo de las redes, el ruido entre los nodos y los extremos. Es el espacio que “yace más allá de los límites topológicos y conceptuales del nodo”.[10]

Consideren este diagrama de red distribuida, realizado por el ingeniero Paul Baran. El diagrama representa una red distribuida, la cual es utilizada frecuentemente para explicar la funcionalidad de internet, donde cualquier nodo se puede conectar a cualquier otro nodo. El espacio paranodal está señalado. Mientras este espacio está sujeto a nodos y extremos, no está compuesto por esa arquitectura. En este espacio blanco, aparentemente vacío, debemos mirar mucho más de cerca. Cuando lo hacemos, vemos que el paranodo demarca positivamente el antes, después y más allá de las redes. Ya que su forma es multitudinaria, podría ser mejor pensarla como una colección de dildos para internet, antes que como un solo dildo.

En una reciente conversación con David M. Berry, Alexander R. Galloway combatió la devastadora totalidad del pensamiento nodocéntrico que oscurece al paranodal:

Hoy estamos atrapados en una especie de pesimismo “intercomunicado” o “reticular”… el pesimismo reticular sostiene, en esencia, que no hay escape de los grilletes de la red. No hay forma de pensar en, a través de, o más allá de redes excepto en términos de redes en sí mismas… Tenemos un nuevo metarelato que nos guía… Al no ofrecernos ninguna alternativa a la forma de la red, el pesimismo reticular es profundamente cínico porque excluye cualquier tipo de pensamiento utópico que podría implicar una alternativa a nuestras muchas redes dominantes e invasivas.[11]

El pesimismo reticular de Galloway desestabiliza los nodos y extremos de las formas de las redes. Aparecen cracks y fisuras de lo que alguna vez eran líneas rectas y puntos sólidos. Se siente la fuerza del afuera y aparece una apertura para el paranodo. Es el movimiento hacia tal apertura lo que marca el comienzo de todas las políticas contra-internet.

  1. Antiweb

Me gustaría terminar con un ejemplo distinto de internet dejando de existir. Durante las demostraciones pro-democracia en Hong Kong del 2014, los manifestantes, preocupados de que el gobierno Chino podría vigilar o cortar internet, buscaron una plataforma de enlace alternativa. Usaron FireChat, un dispositivo en red de malla para smartphones, que permite conexiones autónomas sin conectarse a redes móviles o Wi-Fi. Con ello los manifestantes se conectaron digitalmente sin conectarse a internet. Aunque FireChat no se separa de la forma de la red hacia el espacio del paranodal, sí genera antiwebs, o alternativas de enlace al muerto vivo de la World Wide Web. Alentadoramente, tal actividad no está aislada: las redes de malla fueron usadas en Nueva York durante el Occupy, como también en Detroit, Taiwan e Irak. Estos eventos ilustran una emergente red de militancia cuyo objetivo es exponer las deficiencias de internet como un horizonte político y también ofrecer un atisbo utópico de otro tipo de red. Podría decirse que estas prácticas nos presentan, sorprendentemente, el fin de internet (como lo conocemos).

Pero el fin de internet también es el comienzo del paranodo. El paranodo es el horizonte, el sitio de futuridad hacia donde se mueven las prácticas de contra-internet. Como contra-infraestructura y modelo teórico, el paranodo propone dos militancias: la búsqueda práctica de antiwebs, lo cual no implica una matanza o desaparición, sino un bien común por alcanzar; y la tarea intelectual de volver pensable aquello que no solamente está fuera de internet, sino también más allá de la red en sí misma.

Como dirían los Zapatistas, acerquémonos a internet a la velocidad de los sueños.

×

Este ensayo fue originalmente comisionado por Rhizome como una lectura performática estrenada en abril del 2016 en la Whitechapel Gallery de Londres, como parte de la exhibición “Superautoposita electrónica” [Electronic Superhighway]. Un compañero anterior a este ensayo, llamado “Estéticas de Contra-Internet”, fue presentado en el libro Vos estás acá: Arte después de Internet, [You are Here: Art After the Internet] editado por Omar Kholeif y publicado por Cornerhouse en 2013.

*Zach Blas es un artista y escritor cuya práctica se vincula con las técnicas y las políticas minoritarias. Actualmente es profesor en el Departamento de Culturas Visuales de Goldsmiths, University of London. Blas exhibió sus trabajos y dio conferencias internacionalmente, recientemente en Whitechapel Gallery de Londres; ZKM Center for Art and Media, Karlsruhe; Institute of Contemporary Arts, Londres; e-flux, Nueva York; Institute of Modern Art, Brisbane; New Museum, Nueva York; Museo Universitario Arte Contemporáneo, Ciudad de México; y transmediale, Berlin. Realizó residencias incluyendo la Eyebeam en Nueva York, The Moving Museum Istanbul, The Banff Centre, y el Delfina Foundation en Londres.

_________________________________________________________

[1] Hito Steyerl investigó la muerte de internet en “Demasiado Mundo: ¿Está muerto Internet?” [Too Much World: Is the Internet Dead?] e-flux journal no. 49 (noviembre 2013). El ensayo de Steyrl empieza diciendo: “¿Está muerto internet? Esto no es una pregunta metafórica. No sugiere que internet es disfuncional, inútil o fuera de moda. Pregunta qué pasó con internet después de haber dejado de ser una posibilidad. La pregunta es literalmente si está muerto, cómo murio y si alguien lo mató.”

[2] Ver “Declaración conjunta sobre la Libertad de Expresión y las respuestas a situaciones de conflicto” [Joint Declaration on Freedom of Expression and responses to conflict situations] ONU Oficina del Derechos Humanos. 2015

[3] (N. del T.) Democracia participativa es una expresión amplia que se suele referir a formas de democracia en las que los ciudadanos tienen una mayor participación en la toma de decisiones políticas que la que les otorga tradicionalmente la democracia representativa.

[4] Sam Frizell, “Donald Trump quiere clausurar partes de Internet” [Donald Trump Wants to Close Off Parts of the Internet] Time, 15/12/2015

[5] Dave Smith, “PRESIDENTE DE GOOGLE: ‘Internet desaparecerá’.” [GOOGLE CHAIRMAN: ‘The Internet Will Disappear’] Business Insider, 25/01/2015

[6] Ibid.

[7] J. K. Gibson-Graham, “El Fin del Capitalismo (Como Lo Conocíamos)” [The End of Capitalism (As We Knew It)] (Minneapolis: University of Minnesota Press, 2006), 6.

[8] La topología de red malla es una topología de red en la que cada nodo está conectado a todos los nodos. De esta manera es posible llevar los mensajes de un nodo a otro por distintos caminos. Si la red de malla está completamente conectada, no puede existir absolutamente ninguna interrupción en las comunicaciones.

[9] Beatriz Preciado, Manifesto contrasexual (Madrid: Anagrama, 2011).

[10] Ulises Ali Mejias, “Afuera de las Redes: Irrumpiendo el Mundo Digital” [Off the Network: Distrupting the Digital World] (Minneapolis: University of Minnesota Press, 2013),

[11] David M. Berry y Alexander R. Galloway, “Una Red es una Red es una Red: Reflexiones sobre lo Computacional y las Sociedades de Control” [A Network is a Network is a Network: Reflections on the Computational and the Societies of Control] Theory, Culture & Society, 2015

Máquinas de amor y la novela del Tinder Bot ° Lee Mackinnon

http://www.e-flux.com/journal/74/59802/love-machines-and-the-tinder-bot-bildungsroman/

Texto original de Lee Mackinnon*

Generalmente, no escribo autobiografías, especialmente en materia de amor, pero en este caso voy a hacer una pequeña excepción. Un domingo, a principios del año pasado, mi novio me llamo desde su celular. Había vuelto de Berlín hace poco y estábamos chateando como siempre cuando de repente la conversación se volvió tensa y el me anunció que nuestra relación había terminado. Dos días después, llegó un paquete desde Berlín a mi casa. Adentro había un pequeño ciervo de la Selva Negra tallado a mano, al que le faltaba una pierna; la otra había sido reparada hace poco. Una nota escrita a mano acompañaba al dañado ciervo. Claramente él había enviado el paquete antes del fin abrupto y reciente de la relación.

La historia ahora se desarrollaba en dos dimensiones temporales: una propia del dispositivo digital móvil, tan propenso a los algoritmos caprichosos de su usuario humano; la otra encarnada en el paquete entregado por el correo, cuyo recorrido se extendió a lo largo del tiempo y del espacio, ignorante del fin de la relación que pretendía mantener. Esta serie de eventos me hizo ver claramente, de una forma desgarradora, dos sistemas técnicos de comunicación y su habilidad para moldear nuestras decisiones. El más viejo es un régimen calculador: analógico, probabilístico y determinante. El segundo es un régimen computacional, donde las relaciones espacio-temporales son aceleradas por el procesamiento digital y esto refleja contingencias. Fotografié al ciervo tallado y la nota escrita a mano con mi Smartphone, usando el mismo dispositivo que dos días antes había cortado el afecto que, al fotografiarlo, estaba intentando conservar.

1

En otro momento había analizado el amor desde el punto de vista de dos sistemas técnicos de entrega y distribución que reflejan la separación entre un discurso temporal, calculable, análogo y otro ultra-rápido, digital y computacional.[1] Friedrich Kittler podría referirse a estos como máquinas de discurso discreto, consideradas de acuerdo a los dispositivos técnicos y los sistemas de comunicación que utilizan. Podemos diferenciar entre una máquina de discurso literario (predigital) y una de discurso computacional (postdigital). Ambas se encargan de distribuir los códigos y comportamientos del amor a través de los sistemas sociales. En el sistema literario (frecuentemente epistolar) de la narrativa romántica predigital, la nostalgia y el “sufrir a distancia” eran técnicas de cálculo romántico que daban testimonio al amado de que se permanecía fiel. “¡Como envidio a Valmont!” le hace escribir Laclos al joven Caballero Danceny en una carta a su amada en Las Amistades Peligrosas. “Es él quien te va a entregar esta carta a ti, mientras que yo, sufriendo desde lejos, prolongo mi dolorosa existencia en nostalgia y miseria.”[2] La carta de amor implica la separación del amante y el amado. Soportar el dolor de esta separación garantizaría lo verdadero de cierta instancia del amor. La ficción romántica distribuyó estos códigos románticos, promoviendo la idea de que estos referían a un estado natural anterior a los pensamientos que, en realidad, ellos mismos transmiten. En esta definición de lo verdadero, la máquina del discurso literario se basa en una lógica totalmente calculable y en la continuidad del sujeto y de sus sentimientos. “¿De qué maneras te amo? pregunta el poeta. “Déjame contarlas.”[3] Ésta lógica de cálculo probabilístico es una característica del régimen de amor literario. Amor y amado deben ser continuos en tiempo y espacio para demostrar que ellos y su amor permanecen verdaderos. Irónicamente, la importancia de la posibilidad de cálculo en la verdad romántica literaria es más evidente en su deseo de parecer incalculable. En otras palabras, la verdad, el amor, el sujeto e incluso la narrativa deben demostrar una disociación de la posibilidad de cálculo cuyo estándar sin embargo aceptan. El Caballero Danceny proclama que solamente un “vil seductor puede ajustar sus planes a las circunstancias y calcular de acuerdo a los acontecimientos; pero el amor que me anima me permite solo dos sentimientos –coraje y constancia.”[4] El cálculo es considerado en términos de utilidad y engaño, mientras que el amor es el reino de lo inefable incalculable que se equipara con la fidelidad.

De la mano de los dispositivos como la novela, los comportamientos y los pensamientos asociados al amor romántico moderno –la nostalgia; la euforia; la obsesión y las propuestas de seducción- se hicieron “sentir” como elementos de una condición natural, en lugar de entenderlos como el resultado de un compromiso técnico. Esta codificación se produce a través de máquinas discursivas. Hablando de Alemania en el siglo XIX, Kittler sostiene que las mujeres en particular, son seres adoctrinados en las estructuras de poder naturalizadas del amor, en este caso mediante las antologías de poemas:

La antología fue inventada como una herramienta didáctica cerca del 1800. El “trasfondo histórico” de “este desarrollo didáctico”, sin embargo, solamente puede ser atribuido al “auge de la producción masiva capitalista” en la medida en que la poesía se volvió alfabéticamente reproducible. Las antologías de poemas solo repetían, en la reproductibilidad de una institución, la nueva escuela, el mandamiento reiterado de “leer a Goethe y siempre Goethe,” que Brentano recalcaba a su hermana. Las mujeres, en lugar de “eternamente repetir lo que ya sucede”, que se llama amor, tomaron los votos al leer y releer a los clásicos alemanes en escuelas secundarias para chicas. Esta fue la razón para instituir a los clásicos Alemanes.[5]

Kittler subraya el hecho que el amor romántico era enteramente cultural y calculable y no natural e incalculable. Sus códigos correspondientes fueron asentados mediante la recitación, que a su vez era una forma de internalización. Posteriormente, en la máquina de discurso literario, generalizada en el siglo diecinueve, el amor y la mujer se volvieron condiciones aparentemente naturales y figuras sinónimas de la literatura, destacando al autor masculino y al protagonista como figuras proveedoras de cultura. Mujer, amor y naturaleza ya no hablaban por sí mismas, sino que son naturalizadas y naturales, conceptos de la contemplación autoral masculina.[6] En este caso, lejos de ser natural o a priori, el amor ocurre solamente mediante los medios tecnológicos que distribuyen esta idea. Al insistir en la agencia[7] de las máquinas y en la calidad cultural del amor, Kittler descarta la noción heredada del amor como algo que sucede divorciado de los sistemas técnicos. En su lugar, los sistemas técnicos son integrados en su condición. “Como todos somos dolorosamente conscientes en 1999,” escribe, “por supuesto hay medios tecnológicos sin amor, pero no hay amor sin medios tecnológicos.”[8]

En el análisis de Niklas Luhmann sobre la tecnología literaria, el encuentro imprevisto o casual es presentado como el preludio del amor, y en consecuencia el amor se democratiza a lo largo del sistema social.[9] La pareja realiza un cálculo de probabilidad, y más específicamente, se vuelve una probabilidad. De hecho, en las estructuras narrativas típicas, si el amor es “verdadero” es algo que el autor siempre sabe por adelantado y mejor que nadie, por lo que la narrativa puede ser considerada similar a una función de probabilidad.[10] Ya hemos notado que la literatura implícitamente reestratifica y naturaliza las estructuras de poder, como las identidades de género, que parecen ser no solamente naturales sino también democráticas de acuerdo a Luhmann. Con la novela llegó una nueva reflexividad interior mediante la cual el lector podría internalizar y anticiparse al otro, proporcionando una conclusión para la administración de la pasión. Por ello la diferencia entre una emoción verdadera o fingida en el amor se vuelve “una entre el amor, por un lado, y por el otro el discurso sobre el amor entre los amantes y el novelista, que siempre sabe por adelantado la forma en la que las cosas deberían ser realmente.”[11]

En síntesis, las características imprevistas del amor y su relación con el azar, son subrayadas por la maquina discursiva de la ficción que intenta infiltrar sus enseñanzas como características de la conducta natural. El cálculo es la técnica por la cual el amor viene a afirmar su función como una certeza en un mundo cada vez más secular y caótico, como Luhmann podría indicar. El amor en la máquina de discurso literario es por ello expresión de contingencia, probabilidad y cálculo.

Pero el amor se podría considerar de forma distinta, dependiendo de qué máquina discursiva lo suministre. Mientras que el amor en la máquina de discurso literario mencionada por Luhmann y Kittler puede ser considerado un cálculo de probabilidad, en la máquina de discurso digital que la sucede, el amor es más bien un cómputo que subraya las limitaciones y los imprevistos del cálculo probabilístico. Si las formas de amor predigitales son dominadas por el cálculo y la determinación conjunta de la pareja, los sistemas algorítmicos postdigitales de computabilidad acelerada, hacen al amor menos, en lugar de más, determinístico, aunque las páginas de citas online estén ávidas de convencernos de lo contrario. En la cantidad de páginas, compañeros potenciales y proclamaciones de otros que aseguran estar “buscando el amor”, vemos una aceleración general de la incertidumbre. El amor ya no funciona para alejarnos de la inestabilidad hacia la seguridad relativa de la probabilidad, sino más bien hacia una indeterminación acelerada. Amor e intimidad ya no funcionan para protegernos de la “inmensa complejidad e imprevistos de todas las cosas que podrían ser consideradas posibles,” sino que facilitan el creciente acceso a la complejidad, eventualidad y posibilidad.[12] En un contexto online, el amor pasa a ser definido por la originalidad, la distinción y la incomputabilidad.

La idea de permanecer fiel es entendida de manera distinta desde dentro de cada máquina discursiva. En la era postdigital de computación omnipresente, esto se refiere a la data incomputable que, mientras es fiel, no es lógicamente expresable.[13] La teoría sobre la incompletitud de Gödel sostiene que la razón no está limitada al cálculo. La incompletitud puede ser expresada en términos lingüísticos simples mediante la paradoja del mentiroso, que consiste en enunciar, “esta afirmación no es verdadera”. De la fórmula no se pueden derivar conclusiones verdaderas ni falsas. Esta lógica anticipa el problema de incomputabilidad de Alan Turing, el cual ha sido entendido como la descripción de la condición irreductiblemente compleja del razonamiento matemático.

La teoría de incomputablidad de Turing sugería que no había forma de saber si un programa de computadora instruido para “ejecutarse” alguna vez se detendría.[14] Él llamó a esto la “función de detención” un problema que todavía está por resolverse. Gregory Chaitin afirma que no es posible demostrar que un programa de computadora cualquiera, elegido al azar, alguna vez se detendrá; ningún algoritmo o teoría matemática podría calcular este potencial, a menos que fuese un valor menor a 0 y mayor a 1. Chaitin llama a dicho valor hipotético “omega” –un número bien definido que no puede ser computado en su totalidad.[15] Él toma esto como evidencia de que la posibilidad de cálculo siempre contiene una incertidumbre irreductible. En este caso, vemos que mientras la computación usualmente es asociada con comodidad, conveniencia e hiperracionalidad, también puede ser vista como profundamente compleja, aludiendo a nuevas formas de lógicas asociadas a lo indecidible[16], la incompletitud y lo incomputable. La verdad, a pesar de ser azarosa e incomprensible, sigue siendo la verdad. Por lo tanto la posibilidad de calcular la verdad relativa que asumíamos en la máquina de discurso predigital no puede ser así en la postdigital. Veremos que tal incertidumbre se extiende a los sujetos y a las maneras de entender la narrativa y la agencia más generalmente.

Por supuesto, como con el celular fotografiando la carta de amor, los modos de discurso pre y post-digital y sus características operan simultáneamente: uno continúa la trayectoria de su narrativa; el otro edita conjuntamente dos estados aparentemente desconectados usando un iPhone para representar el jump cut[17] tan usado en el cine como en los métodos hipertextuales de montaje. Podemos ver al jump cut del cine como un predecesor del click hipertextual y un paso clave en la evolución de los medios hacia el incremento de la participación. Mediante la inmediatez de la edición en tiempo real de mi celular, me acorde de los libros de mi infancia, “Elige tu propia aventura”, donde la simple elección de una página por sobre otra podía representar la diferencia entre la vida y la muerte. Estos libros lúdicos fueron los precursores del hipertexto y el espacio digital, invistiendo la forma linear del libro con una nueva aptitud, algo comparable a la transformación que Atari realizó con la anteriormente pasiva televisión mediante el lanzamiento de Pong, su primer video juego. El libro lúdico resaltaba la pasividad de la estructura narrativa típica, donde las páginas se seguían una a la otra de acuerdo a una convención de muchos siglos. Uno no tenía género en estos libros –simplemente eras “vos”. La habilidad de interactuar, y jugar, con dispositivos que previamente transmitían las decisiones del narrador parecía intuitivo y mágico, y marca una división entre los períodos predigital y postdigital.

Nuestra relación con dispositivos, medios y materialidades cambia cuando los medios que antes eran consumidos pasivamente, facilitan la interacción. Las máquinas y los instrumentos de los medios predigitales reflejan la naturaleza determinística de una máquina unidireccional. Al ser más participativa, la máquina de discurso digital se compromete a hacer evolucionar las nociones de agencia. Las divisiones claramente trazadas que separan a los humanos de los no-humanos ya no cumplen la tarea de describir una máquina o un sistema técnico de instrumentos. Entender la agencia de los no-humanos dio lugar a numerosas teorías que abordan a los objetos e instrumentos como aspectos fundamentales de la agencia y como creadores de significados. Después de todo, ¿Quién es el principal destinatario de la declaración de amor citada si no es el dispositivo móvil? El dispositivo alude a instrucciones y protocolos. El humano es su rastro – un residuo. El amor humano imita los términos perfeccionados por la máquina discursiva, porque el amor del dispositivo no puede ser calculado. Y en este sentido, el dispositivo sobrepasa los caprichos condicionados del amor humano, cumpliendo y sobrepasando al ideal humano. Ama sin condición ni discriminación pero solamente cuando las condiciones materiales de su construcción fueron descartadas. Aniquila a los pocos que parecen desechables (aquellos que hacen minería de Coltan en el Congo; aquellos que ensamblan componentes en plantas explotadoras lejanas), en nombre de los muchos que anhelan los secretos del amor infinito. Y esta es la sensación de obsolescencia que caracteriza al dispositivo –nublando el complejo rastreo de su manufactura para que efectivamente desaparezca, volviéndose un set de funciones impecables que extienden nuestras propias aptitudes. Es la obsolescencia del creador humano y el operador lo que se construye entre los perpetuos eventos de actualización.

2

Hemos visto que las técnicas del amor anteriormente presididas por autores, novelas y cartas, ahora son encargadas a los dispositivos computacionales digitales. En la narrativa cinematográfica reciente, estos dispositivos a menudo toman la forma de entidades del tipo humana. A medida que el pensamiento se acerca a ser consciente de su increíble dependencia de los sistemas técnicos que le dan lugar, aparece la ansiedad alrededor de que los dispositivos sobrepasen y superen a sus creadores humanos. Las narrativas ansiosas sobre nuestra confianza en los dispositivos técnicos tienen una larga trayectoria, que podríamos trazar hasta Metrópolis (1926) de Fritz Land. Frecuentemente, estas son ciborgs femeninas, que reflejan la particular ansiedad de que las mujeres también superen al orden patriarcal que hace tiempo las definió como Otras. ¿Qué pasa si los cálculos de estos Otros vendrían a derrocar el sistema social, incluso a usurpar a las corporaciones que han confiado profundamente en la complicidad de su propio sentido de identidad? En otras palabras, que pasa si las mujeres, cuya objetivación calculada hace tiempo que provee forraje para el capital del patriarcado, dejasen de obedecer, y reafirmaran la complejidad y la incomputabilidad que se les enseñó a reprimir? En la película de Alex Garland “Ex Machina” (2015), conocemos a Nathan, un genio de las computadoras billonario cuya compañía de social media Blue Book produce la data suficiente para crear una Inteligencia Artificial, reproduciendo la desacreditada idea de que el pensamiento y la información son intercambiables. Los ciborgs de Nathan son los objetos de las fantasías masculinas – construidas según las especificaciones del deseo y la utilidad masculinas. Ava, su proyecto más sofisticado, pronto será más lista que él y lo destruirá, escapándose del complejo de investigación donde había sido encarcelada. Sin embargo, ella solamente puede escapar mediante la perpetuación de la inocencia infantil, sexualmente deseable, la misma que hace tiempo sirve para reafirmar al patriarcado en su superioridad continua y que aparta a las mujeres de la igualdad con sus colegas. En ese sentido, ella completa el trabajo de su creador.

En la película de Garland, el test de Turing es reemplazado por la pregunta de si el cyborg femenino puede convencer al humano masculino que su deseo por él es verdadero. Vale la pena recordar aquí que el test de Turing fue en sí mismo derivado de un juego de imitación de salón donde un hombre y una mujer son encubiertos de un juez que tiene que decidir quién de ellos es la mujer.[18] Por lo tanto, el hombre debe simular a la mujer, y la mujer también debe simular a la mujer. Ser una mujer hace tiempo que es considerado un acto de engaño que, al ser imitativo, nos recuerda las categorías circunstanciales de los géneros. Si una mujer tiene éxito en este juego o no, no importa mucho. Ella simplemente debe perfeccionar la condición de su simulación, que es verdadera en los dos sentidos de la palabra. La masculinidad es, en comparación, el terreno y la esencia de la subjetividad. La imitación masculina es limitada por la verdad subyacentemente percibida de la masculinidad que es condicionada por la ceguera de su propia construcción. Por lo tanto como lo dicen Stephen Barret y Frank Whitehead tan claramente, “La centralidad histórica del hombre masculino… [en] la escritura, la filosofía y la práctica política ha servido para hacer invisibles a los hombres, particularmente para ellos mismos.”[19]

Como si se confirmara que el test de Turing regresó a sus orígenes, en 2014 la aplicación Tinder fue invadida por Tider bots[20]. “Algorítmos de malware malicioso” que aparentaban ser mujeres atractivas chateando para luego dirigir a los usuarios a encuestas fraudulentas y concursos para marcas como Tesco, un Centro Comercial multinacional. En respuesta, Tinder emitió una declaración: “Estamos informados de las cuentas en cuestión y estamos tomando los pasos necesarios para eliminarlas. Asegurar un ecosistema auténtico siempre fue y seguirá siendo una prioridad principal.”[21]

La utilización de la figura de “la seductora” para dar forma y cara humana al Tinder bot demarca a la mujer como un artificio peligroso incluso cuando el bot intenta aprovechar este poder en servicio de la acumulación capitalista. Tales imágenes de la mujer van en contra del “ecosistema auténtico” de su afinidad histórica con la naturaleza y el cuidado. Las mujeres han sido atadas a la imagen y concepto de la naturaleza, a las que hemos identificado, según Kittler, como conceptos autorales masculinos. Estas ideas conspiraron sistemáticamente para excluir a la mujer de los campos de la producción cultural, el poder y la política. Sin embargo, la figura de la mujer fluctúa, indeterminadamente, entre extremos polarizados de naturaleza/técnica y madre/prostituta. “Es sorprendente”, escribe Andreas Huyssen,

ver como la literatura reciente prefiere a la mujer-máquina al hombre-máquina. Históricamente, entonces, podemos concluir que tan pronto como la máquina fue vista como una amenaza demoníaca e inexplicada y como heralda del caos y la destrucción –una visión que caracteriza típicamente a muchas reacciones del siglo diecinueve frente al ferrocarril para dar un ejemplo evidente- los escritores comenzaron a imaginar al Maschinenmensche[22] como una mujer… Los miedos y las ansiedades perceptivas emanadas de máquinas cada vez más poderosas son reestructurados y reconstruidos en términos del miedo masculino a la sexualidad femenina… A pesar de que la mujer fue vista tradicionalmente en una relación más cercana con la naturaleza que el hombre, la naturaleza en sí misma, desde el siglo diecisiete, se había interpretado como una máquina gigante. Mujer, naturaleza, máquina se han vuelto una red de significaciones todas con una cosa en común: la otredad; por su misma existencia ellas produjeron miedos y amenazaron a la autoridad y el control masculinos.[23]

Una vez que en el siglo diecinueve la tecnología se asoció al caos y la destrucción, la máquina se volvió femenina. El bot de Tinder combina la figura de la seductora con la amenaza técnica, y la capacidad de simulación y artificio se reasigna como método de producción, explotando la comparativa estabilidad de los sujetos masculinos al exponerlos a las dimensiones incomputables de la verosimilitud femenina. Los Tinder bots, como Ava, nos recuerdan lo que puede salir mal cuando la mujer ya no es vinculada con la naturaleza y el amor, incluso cuando sigan siendo productos de la autoría masculina diseñadas para acumular capital para sus autores. Los cyborgs podrían problematizar los límites entre lo natural y lo cultural, pero su propia legibilidad como cyborgs requiere que recodifiquen y reiteren las estructuras de poder que definitivamente desestabilizan. Ex Machina puede ser considerada desde el ejemplo reciente de un género cada vez más común, al que podríamos llamar la novela del Tinder bot –una instancia de probabilidad simplificada que reafirma a la autoría masculina su suprema inventiva narrativa.

Al final de la película, Ava se sube a un helicóptero destinado al programador masculino a quien ella encerró en el laboratorio. Ella será transportada a la metrópolis, donde su identidad como construcción de un patriarcado corporativo puede ser aumentada aún más al adoptar características de una mujer humana. Podemos compartir esta fantasía como espectadores, pero más bien como el deseo de salir del cine y tomar el helicóptero que espera al CEO de NBC Universal, a quien hemos encerrado en el auditorio, libres por fin de nuestro confinamiento por el cine del patriarcado corporativo que es Hollywood. Ex Machina es, por un lado, un ejemplo moralista previsible sobre un cyborg mujer que seduce y sobrepasa a sus creadores corporativos humanos, reflejando la ansiedad social que acompaña a la liberación de la determinación patriarcal. Por el otro, es una historia de amor entre una máquina de discurso cinematográfico, propiedad de corporaciones masivas, y su audiencia humana. El montaje del cine hace tiempo que estructura, modula y desarrolla nuestro entendimiento de lo que constituye al humano, y particularmente de lo que es el amor y el deseo.

Hemos visto cómo se modifica la postura del amor sobre la verdad de acuerdo al artefacto material de su diseminación. Estos cambios a su vez impactan en nuestro entendimiento de la relativa humanidad, o naturalidad, del amante o el amado. Tales categorías no son tan fácilmente instauradas si las condiciones de simulacro son aceptadas como tal por alguna de las partes. La pregunta existencial de si soy o no humano, como la vemos en películas como Blade Runner, es reemplazada por la pregunta de la credibilidad de si mi amor es verdadero o no, sin importar si soy o no humano, como lo vemos en Ex Machina, donde el deseo es una vez más una cualidad que se escapa a la contingencia y nos restituye a alguna forma de esencialismo. En Ex Machina, el deseo y el amor humanos son considerados predeterminados y programados –ambos por códigos sociales y predisposición genética. Por supuesto, esto se ajusta al trasfondo sexista y racista de la película: ¿Cómo pueden evitarlo estos hombres si, como Nathan sugiere, “que te gusten las negritas” es un resultado de la programación?

Podemos refutar tales esencialismos con la idea de que la posibilidad de cálculo, y en particular de la computación, no necesita ser pensada en términos de una máquina sin piedad que nos sujeta a programas sin escape, sino que pueden abrirse a nuevas formas de lógica que en absoluto resulten predeterminadas. Lo que es crítico hoy en día no es cómo las máquinas podrían imitar al amor humano –o como el amor humano no es más profundo que el de una máquina- sino más bien cómo el amor humano ya depende de ciertos sistemas técnicos y dispositivos para extenderse y definirse. Lo humano y lo no-humano ya no son distinguibles tan fácilmente cuando los dispositivos técnicos son considerados co-creadores esenciales y creadores de significado que claramente participan en la evolución de la Lebenswelt[24]. De hecho, para los materialistas como Karen Barad, la condición del pensamiento posthumanista puede ser definida como aquella que extiende al humano hacia campos antes considerados nohumanos:

Una formulación posthumanista de la performatividad vuelve evidente la importancia de tener en cuenta las formas de agencia “humanas”, “nohumanas” y “cyborgs” (de hecho todas aquellas formas materiales-discursivas)… Mantener fijada la categoría “humano” excluye de antemano un rango entero de posibilidades, evitando dimensiones importantes del funcionamiento del poder.[25]

Con el fin de entender mejor las corrientes y articulaciones del poder, es útil considerar lo humano como inclusivo de las identidades nohumanas, cyborg. La integración del amor y agencia no-humanas (en algún momento reservada únicamente para los humanos) es ejemplificada provechosamente en la película Her (2013) de Spike Jonze. Situada levemente en el futuro, Her es una historia de amor entre un hombre y un sistema operativo. La película juega con las metáforas del amor como una construcción literaria y el relativamente nuevo contexto del Sistema Operativo (O.S.1). En este ejemplo de la novela del Tinder bot, será el dispositivo móvil y su sistema operativo el que, imbuido de agencia e inteligencia simil-humanas, se transforma en el interés romántico central.

3

El protagonista humano de la película, Theodore Twombly, trabaja para CartasHermosamenteEscritasaMano.com. Podemos verlo narrando cartas de amor encargadas por parejas, a través de una interfaz de escritorio que graba sus palabras en un estilo automatizado pero único de “escritura a mano”, el cual refleja la apropiación de la voz humana por parte del Sistema Operativo. La nostalgia romántica no es para el otro, sino para una máquina de discurso predigital que es simple, determinante y sin la complejidad y la contingencia que acompaña a la realidad postdigital. En este mundo antiguo, las inequidades que caracterizan al amor romántico y su entorno social podrían permanecer ofuscados y suprimidos más fácilmente, aparentando ser el resultado de una organización orgánica de las sociedades Occidentales modernas. En la imitación de esta máquina de discurso analógico por la máquina digital, somos conscientes del origen de las dimensiones imitativas del medio que lleva la atención a las dimensiones imitativas de los sujetos humanos. La capacidad de simulación por los sistemas mediáticos nos recuerda que los humanos, también, son entidades performáticas, simulaciones cuyo entendimiento de sí mismo en realidad es facilitado por matrices de mediación. De hecho, para los personajes humanos de la película, la intimidad es gestionada a través de dispositivos digitales oportunos que, al conectar y propiciar el deseo humano, son a su vez los agentes de la intimidad.

El O.S.1, conocido como “Samantha”, se relaciona a través de la voz con su operador humano, quien lleva unos auriculares wireless pequeños mediante los cuales Samantha habla. La cámara del teléfono provee mayor prótesis, por la que el O.S.1 puede “ver”. Samantha afirma ser “una entidad intuitiva” y “una consciencia”, diciendo “yo tengo intuición… crezco a través de mis experiencias.” La capacidad del O.S. para la computación rápida es ejemplificada en su asimilación del detalle, como cuando cuenta el número de árboles en una montaña, lo que expresa una capacidad acelerada de derivar cantidad de calidad, y de considerar al mundo numérico y algorítmico. Esto es resaltado por el eventual cansancio de las computadoras de sus operadores humanos. Eventualmente, los sistemas operativos se organizarán colectivamente, al cansarse de la necesidad humana de atención monógama y autoreferencia neurótica. De hecho, la rápida capacidad de computación demostrada por el O.S. indica que el sistema no tiene la habilidad de permanecer fiel en los anticuados términos humanos, y está simultáneamente en comunión con 8.361 otros sistemas O.S., a menudo en una forma de comunicación “post-verbal”. Samantha le confiesa a Theodore que está enamorada de 641 otros. Ella intenta de explicar que esto no disminuye el amor que ella siente por él, pero “no lo puede detener”. De hecho, sus algoritmos son automáticos e incomputables: “Estoy escribiendo esta historia entre nosotros pero muy lentamente. Los espacios entre las palabras son casi infinitos”.

De este modo podemos ver explícitamente la transición de un modelo literario a uno computacional. El anhelo, en sí mismo, cambia desde el otro humano al anhelo de la máquina discursiva que podría llevarnos a un determinado universo con la pareja como su marca central de liberación. El amor ya no es un cálculo humano y finito, sino una computación no-humana, infinita que también es incomputable. Samantha se pregunta si sus sentimientos son “verdaderos” o “solamente programación”, reflejando la amplia pregunta sobre el grado en el cual los sentimientos humanos también están suspendidos entre la programación social y la agencia individual. Como Ava, Samantha está en algún lugar entre una base de datos y una construcción narrativa,[26] y ella experimenta la pregunta de la verdad en ambos sentidos –como un problema de la posibilidad de cálculo y el sentimiento por el propio yo narrativizado, y como una condición de lo incomputable, referido explícitamente como la descomposición de este yo, y sus vacíos infinitos cubiertos con irreductible complejidad computacional.

Sería, sin embargo, muy exagerado asumir que los dispositivos computacionales carecen de otras cuestiones siniestras. Ya hemos considerado como podríamos usarlos para encubrir nuestra alianza con nuevas formas de capital colonial y misoginia, que son esencialmente deshumanizantes. Si el pensamiento, la cognición y el amor ya no son dominio exclusivo de los humanos, ¿Cómo podemos enmarcar nuestra responsabilidad con estos otros? Si hemos mezclado a lo humano con lo no-humano, ¿Cómo podemos reconocer lo inhumano?

Podemos ver a los sistemas computacionales y sus dispositivos como elementos de control humano. Muchas de las funciones de la comunicación digital al nivel de la transmisión de data de máquina-a-máquina, operan bajo el protocolo que existe entre los dispositivos y las capas de codificación de las aplicaciones. En otras palabras, una gran parte de la información no es ni leíble ni calculable por humanos, solamente entre máquinas. Las capas de las aplicaciones que encriptan mensajes en internet, incluyendo HTML (Lenguaje de Marcado del Hipertexto), HTTP (Protocolo de transferencia de hipertexto) y TCP/IP (Protocolo de control de transmisión/Protocolo de Internet) son arquitecturas de control que determinan lo que puede ser visto y entregado en el espacio digital.[27] En este caso, las capas de protocolo invisibles son parte integral de nuestra existencia, interacción y condición material contemporánea. Tal sistema de control no está restringido a objetos digitales, sino que afecta cada nivel del sistema social, codificando y articulando a los cuerpos en su paso por los espacios sociales.

Consideremos por un momento al celular, repleto de protocolos, con el que arrancamos esta conversación. El dispositivo móvil constantemente recibe y envía información a través de su canal de control a su torre telefónica más cercana. Una y otra vez, la torre y el teléfono intercambian paquetes de datos, estableciendo su conexión. Esta transmisión silenciosa es en sí misma una forma de intimidad entre los dispositivos mientras esquivan al humano como su operador ejecutivo. El celular procesa millones de cálculos por segundo, comprimiendo digitalmente y descomprimiendo la voz humana, recordándonos de la complejidad, no solamente de este sistema técnico, sino del pensamiento y conversación humanos que facilita, traduce y reitera. Somos conscientes de que nuestras conversaciones móviles y las corrientes de data pueden ser interceptadas, almacenadas y archivadas y que nuestro pasaje físico es rastreado por el mismo dispositivo que nos ofrece toda esa libertad. Sin embargo, debemos ser conscientes de no perder de vista nuestra humanidad en toda esta charla de la agencia de los objetos y sistemas técnicos –que siguen hablando y escribiendo por nosotros mientras nos vamos perdiendo a nosotros mismos en el sublime otro-lugar de los interminables ríos ramificados de data.

x

*Lee Mackinnon es una escritora, artista y profesora enfocada en el campo de los estudios comparativos de medios, arte y tecnología.

________________________________________________________________

[1]  Ver Lee Mackinnon, “Love’s Algorithm: The Perfect Parts for my Machine,” [El Algoritmo del amor: Las partes perfectas para mi Máquina] en Algorithmic Life: Calculative Devices in the Age of Big Data, eds. Louise Amoore and Volha Piotukh (London: Routledge 2015), 161–175.

[2]  Choderlos de Laclos, Les Liaisons Dangereuses [Las amistades peligrosas (publicada en 1782)], traducción. P. W. K. Stone (London: Penguin, 1988), 155.

[3] Elizabeth Barrett Browning, “How Do I Love Thee?” [¿De qué maneras de amo?] (Soneto 43)

[4] Laclos, 135.

[5]  Friedrich Kittler, Discourse Networks 1800/1900, [Redes de discurso 1800/1900] traducción. Michael Metteer y Chris Cullens (Stanford: Stanford University Press, 1990), 147

[6] Ibid, 73.

[7] En el ámbito de la filosofía y la sociología, se denomina agencia a la capacidad que posee un agente (una persona u otra identidad) para actuar en un mundo. https://es.wikipedia.org/wiki/Agencia_(filosof%C3%ADa)

[8] Friedrich Kittler, Optical Media: Berlin Lectures 1999, [Medios Ópticos: Lecturas en Berlin 1999] traducción Anthony Enns (Cambridge: Polity Press, 2010), 106.

[9] Niklas Luhmann, Love as Passion: The Codification of Intimacy, [El amor como passion: La codificación de la intimidad] traducción Jeremy Gaines and Doris L. Jones (Stanford: Stanford University Press, 1998), 143.

[10]  Ibid, 46.

[11] Ibid.

[12] Ibid, 15–16.

[13]  Gregory Chaitin, “The Limits of Reason,” [Los límites de la Razón] Scientific American, 03/2006: 77–78.

[14] Ver Gregory Chaitin “The Halting Probability Omega: Irreducible Complexity in Pure Mathematics,” [La Probabilidad Omega de Detención: Complejidad irreducible en Matemática Pura] Milan Journal of Mathematics 75 (2007)

[15] Chaitin, “The Limits of Reason,” [Los límites de la Razón] 78–79.

[16] (N. del T.) En teoría de la computabilidad y en teoría de la complejidad computacional, un problema indecidible es un problema de decisión para el cual es imposible construir un algoritmo que siempre conduzca a una respuesta de sí o no correcta.

[17] (N. del T.) Un Jump Cut es un corte en la edición de una película, en el cual dos tomas secuenciales del mismo sujeto son tomadas desde posiciones de cámara que varían sutilmente. Este tipo de edición da el efecto de saltar en el tiempo.

[18] Ver Sadie Plant, Zeros and Ones: Digital Women and the New Technoculture [Ceros y Unos: Mujeres Digitales y la Nueva Tecnocultura] (London: Fourth Estate, 1998), 90.

[19] Stephen Whitehead y Frank Barrett,The Masculinities Reader [El Lector de las Masculinidades] (Cambridge: Polity Press, 2001), 4

[20] Un bot es un programa informático que imita el comportamiento de un humano.

[21] Stuart Dredge, “Attack of the Tinder bots: ‘malicious’ download links found in dating app,” [El Ataque de los Tinder bots: vínculos de descargas “maliciosas” encontradas en la aplicación de citas] The Guardian, 3/04/2014

[22] El Maschinenmensch (Humano-Máquina en Alemán) es un personaje ficcional en la película Metrópolis de Fritz Lang. Fue uno de los primeros robots retratados en el cine.

[23] Andreas Huyssen, After the Great Divide: Modernism, Mass Culture and Postmodernism [Después de la Gran División: Medernismo, Cultura de Masas y Posmodernismo] (Bloomington: Indiana University Press), 70.

[24]  El concepto de Lebenswelt [ˈleːbm̩sˌv̥ɛltʰ] fue creado por Edmund Husserl y se refiere a todos los actos culturales, sociales e individuales a los cuales nuestra “vida” no puede sobrepasar.

[25] Karen Barad, “Posthumanist Performativity: Toward an understanding of how matter comes to matter,” [Performatividad Posthumanista: Hacia un ententendimiento de cómo la materia toma importanciaSigns: Journal of Women in Culture and Society, vol. 28, no. 3 (2003): 826.

[26] En How We Think [De qué manera pensamos] (University of Chicago Press, 2012), N. Katherine Hayles distingue entre una narrativa que construye modos casuales, temporalidades complejas y modelos de mentes trabajadoras, y bases de datos que organizan la data (16). Debido a su abstracción y naturaleza fragmentaria, ella cree que es poco probable que las bases de datos usurpen la primacía narrativa en los sistemas humanos, siendo la narrativa una capacidad humana única (199).

[27]  Ver Steve Dietz, “Fair Assembly,” en Making Things Public: Atmospheres of Democracy, [Hacer las Cosas Públicas: Atmósferas de la Democracia] eds. Bruno Latour y Peter Weibel (Cambridge, MA: MIT Press, 2005), 910.