El fundador de The Pirate Bay: “Me di por vencido”

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El socialista pionero en el intercambio de archivos Peter Sunde, no es optimista sobre la internet libre.

“Internet es una mierda hoy en día. Está roto. Probablemente siempre estuvo roto, pero hoy está peor que nunca.”

Mi conversación con Peter Sunde, uno de los fundadores y voceros de The Pirate Bay, no empezó con optimismo. Hay buenas razones para que haya sido así: En los últimos meses, la cultura contemporánea de descargas está mostrando serios signos de derrota en la batalla por internet.

El último mes vimos a Demonii desaparecer. Era el rastreador de torrents más grande de internet, responsable por más de 50 millones de rastreos al año. Adicionalmente, la Asociación Cinematográfica de América (MPAA) cerró YIFY y Popcorn Time, dos grandes espacios de descargas. Luego salieron noticias de que el Dutch Release Team, un colectivo de subida de archivos, hizo un acuerdo legal con el grupo antipiratería BREIN.

Mientras los torrenteros parecen seguir peleando esta batalla, Sunde afirma que la realidad es más contundente: “Ya perdimos.”

Allá en el 2003, Peter Sunde junto a Fredrik Neij y Gottfrid Svartholm, iniciaron The Pirate Bay, un sitio web que se convertiría en el sitio de intercambio de archivos más grande y famoso del mundo. En 2009, los tres fundadores fueron condenados por “asistir (a otros) a infringir las leyes de propiedad intelectual” en un juicio muy controversial.

“Dejemos de tratar a internet como si fuera algo distinto y empecemos a enfocarnos en cómo te gustaría que se vea tu sociedad realmente.”

Sunde fue encarcelado en 2014 y liberado un año después. Luego de su tiempo en prisión comenzó a bloguear sobre la centralización del poder en la Unión Europea, se postuló como candidato por el Partido Pirata de Finlandia en las elecciones para el Parlamento Europeo y fundó Flattr, un sistema de micro donaciones para desarrolladores de software.

Quería hablar con Sunde sobre el estado actual del internet libre y abierto, pero la conversación se convirtió rápidamente en un intercambio ideológico sobre sociedad y capitalismo- que es el problema real según Sunde.

La siguiente entrevista fue editada por cuestiones de claridad y longitud.

MOTHERBOARD: Che Peter, estaba pensando en preguntarte si las cosas están yendo bien, pero dejaste bastante en claro que ese no es el caso.

Peter Sunde: No, no veo que esté pasando nada bueno. Las personas se conforman muy fácilmente con las cosas.

Tomemos la ley de neutralidad de la web en Europa, por ejemplo. Es terrible, pero las personas están contentas y dicen cosas como “podría ser peor”. Definitivamente esa no es la actitud. Facebook lleva internet a África y países pobres, pero solo brindan acceso limitado a sus propios servicios para hacer plata con la gente pobre. Y además obtienen préstamos de los gobiernos para hacer esto porque saben cómo hacer buenas Relaciones Públicas.

Finlandia hizo del acceso a internet un derecho humano hace ya un tiempo. Eso fue algo inteligente de parte de Finlandia, pero es la única cosa positiva con respecto a internet que vi en cualquier país de cualquier parte del mundo.

Así que, ¿Cuan malo es el estado del internet libre?

Bueno, en verdad no tenemos un internet libre. Hace mucho tiempo que es así. Por lo que no podríamos hablar realmente sobre un internet libre porque ya no existe. El problema es que nadie impide nada. Estamos perdiendo nuestros privilegios y derechos todo el tiempo. No estamos ganando nada en ninguna parte. La tendencia es solamente hacia una dirección: un internet más cerrado y más controlado. Eso tiene un gran impacto en nuestra sociedad. Porque hoy en día son la misma cosa. Si tenemos un internet más oprimido, tenemos una sociedad más oprimida. Por lo tanto eso es algo en lo que deberíamos concentrarnos.

Pero todavía pensamos en internet como una especie de lugar salvaje, sin leyes y donde las cosas todavía están libres de cadenas, por lo que no nos preocupamos, ya que todo va a estar bien de alguna manera. Pero este no es el caso. Nunca hemos visto estos niveles de centralización, inequidad desmedida, capitalismo extremo en ningún sistema anterior. Pero de acuerdo a los estudios de mercado hecho por personas como Mark Zuckerberg y empresas como Google, todo esto es para ayudar a una red abierta, para expandir la democracia y cosas así. Al mismo tiempo, son monopolios capitalistas. Así que es como confiar en el enemigo para hacer las obras buenas. Es realmente bizarro.

¿Pensás que porque muchas personas no consideran real a internet o no lo ven como un lugar real, les importa menos su bienestar?

Bueno, hemos crecido sabiendo la importancia de cosas como una línea telefónica o una televisión. Así que si comenzáramos a tratar a nuestras líneas telefónicas o nuestros canales de televisión como tratamos a internet, la gente se enojaría realmente. Si alguien te diría, no podés llamar a un amigo, entenderías que lo que está pasando es realmente malo. Vos entendes tus derechos. Pero las personas no tienen eso con internet. Si alguien te diría que no podes usar Skype para esto y esto, no sentís que se trata de vos personalmente. Solo por ser una cosa virtual de repente no está dirigido hacia vos. No ves a alguien espiándote, no ves algo censurado, no ves cuando alguien borra cosas de los resultados de las búsquedas de Google. Pienso que ese es el mayor problema para llamar la atención de las personas. No se ven los problemas, por eso la gente no se siente conectada a ellos.

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Captura de pantalla del documental TPB – AFK (The Pirate Bay – Away From Keyboard). De izquierda a derecha: Gottfrid Svartholm, Peter Sunde y Fredrik Neij.

Por mi parte preferiría no preocuparme por eso. Porque es muy difícil hacer algo al respecto, y no convertirse en alguien paranoico o conspiranoico. Y no está bueno terminar así. Por eso mejor rendirse. Eso es masomenos lo que las personas han estado pensando, pienso yo.

¿De qué te rendiste exactamente?

Bueno, me rendí a la idea de que podemos ganar esta batalla por internet.

La situación no va a ser diferente, porque aparentemente eso no es algo que la gente esté interesada en cambiar. O no podemos lograr que las personas se preocupen lo suficiente. Quizá es una mezcla, pero este es el tipo de situación en la que estamos, así que es inútil hacer algo al respecto.

De alguna manera nos hemos convertido en el Caballero Negro del Santo Grial de los Monty Python. Quizá tenemos la mitad de nuestra cabeza y todavía seguimos peleando, todavía pensamos que tenemos una chance de ganar esta batalla.

¿Entonces qué pueden hacer las personas para cambiar esto?

Nada.

¿Nada?

No, pienso que estamos en ese punto. Pienso que es realmente importante que entendamos esto. Perdimos esta pelea. Solo queda admitir la derrota y asegurarnos que la próxima vez se entienda por qué perdimos esta pelea y asegurarnos que no vuelva a pasar otra vez cuando intentemos y ganemos esta guerra.

Bien, entonces ¿De qué se trata esta guerra y qué deberíamos hacer para ganarla?

Bueno, pienso que, para ganar esta guerra, primero debemos entender qué es y para mi es claro, que estamos lidiando con una cuestión ideológica: el capitalismo extremo que está gobernando, el lobby extremo que está gobernando y la centralización del poder. El internet es solo una parte de un rompecabezas mayor.

Y la otra cuestión con el activismo es que tenes que tener empuje, atención y cuestiones como esas. Estuvimos realmente mal en ese punto. Detuvimos ACTA, sí, pero después volvió con un nombre distinto. Para ese momento habíamos puesto todos nuestros recursos y toda la atención pública en eso.

La razón por la que el mundo real es el gran objetivo para mí, es porque internet está emulando al mundo real. Estamos intentando recrear esta sociedad capitalista que tenemos, arriba de internet. Por eso internet se nutrió del fuego capitalista, al pretender ser algo que conectaría a todo el mundo, pero teniendo en realidad una agenda capitalista.

Mirá las compañías más grandes del mundo, todas están basadas en internet. Mirá lo que están vendiendo: nada. Facebook no tiene un producto. Airbnb, la mayor cadena de hoteles en el mundo, no tiene hoteles. Uber, la compañía de taxis más grande del mundo, no tiene taxis.

“Me rendí a la idea de que podemos ganar esta batalla por la internet.”

La cantidad de empleados en estas compañías es menor que nunca antes y su rentabilidad es, por lo tanto, más grande. Apple y Google sobrepasaron a las compañías de petróleo por lejos. Minecraft se vendió por U$S2,6 mil millones y WhatsApp por algo asi como U$S19 mil millones. Estas son sumas de dineros insanas por la venta de nada. Es por esto que internet y el capitalismo están tan enamorados entre sí.

Vos me dijiste que internet está roto, que siempre estuvo roto. ¿A qué te referís con eso? ¿Tenemos que culpar al capitalismo extremo?

Bueno, la cosa es que internet es realmente tonto. Funciona abiertamente y de una manera sencilla, sin sufrir modificaciones por la censura. Por ejemplo, si un cable se pierde, llevas el tráfico desde otro lugar. Pero gracias a la centralización de internet, la (posible) tecnología de censura o vigilancia es mucho más difícil de esquivar. A su vez, ya que internet fue una invención americana, ellos todavía tienen el control sobre ella e ICANN[1] puede forzar la censura o la desconexión de los principales dominios de cualquier país. Para mí, eso es un diseño roto realmente.

Pero siempre estuvo roto, solo que a nosotros nunca nos importó realmente, porque siempre hubo un puñado de buenas personas que se aseguraron que nada malo pasara. Pero pienso que esa es la idea equivocada. En lugar de dejar que las cosas malas pasen lo más rápido posible para que podamos arreglarlas y asegurarnos que no vuelva a pasar en el futuro, estamos prolongando este inevitable fracaso total, lo que no nos está ayudando en absoluto.

¿Así que solamente deberíamos dejar que explote y reviente, juntar las partes y comenzar de nuevo?

Si, con el foco puesto en esta gran guerra contra el capitalismo extremo. No podía votar, pero esperaba que Sarah Palin ganara en las últimas elecciones estadounidenses. Espero que Donald Trump gane la elección de este año. Por la razón de que va a arruinar al país mucho más rápidamente que si ganase un presidente menos malo. Todo nuestro mundo está enfocado en el dinero, dinero, dinero. Ese es el mayor problema. Esa es la razón por la que todo se arruina. Ese es el blanco que debemos arreglar. Necesitamos asegurarnos que comenzaremos a tener un objetivo distinto en la vida.

 “No tenemos una internet libre. Hace un tiempo que ya es así.”

Con suerte la tecnología nos va a dar robots que van a llevarse todo el trabajo, lo que causaría algo así como un desempleo masivo mundial; alrededor del 60 por ciento. La gente va a estar tan infeliz. Eso sería genial, porque en ese momento podrías ver al capitalismo caer con todo. Va a haber mucho miedo, sangre derramada, y vidas perdidas para llegar a ese punto, pero pienso que es la única cosa positiva que veo, que tendremos un colapso total del sistema en el futuro. Ojalá que sea lo más rápido posible. Preferiría tener 50 que 85 en ese momento, cuando el sistema se esté destruyendo.

Todo esto suena muy parecido a alguna forma de revolución Marxista: un colapso total del sistema capitalista.

Bueno, sí, estoy de acuerdo totalmente con eso. Soy un socialista. Sé que Marx y el comunismo no funcionaron anteriormente, pero creo que en el futuro tenemos la posibilidad de tener un total acceso comunista e igualitario a todo para todos. La mayoría de las personas con las que me encuentro, sin importar si son comunistas o capitalistas, están de acuerdo conmigo en esto, porque entienden el potencial.

Entonces, ¿Hay alguna cosa concreta en la que deberíamos enfocarnos? ¿O necesitamos apuntar a una nueva forma de pesar? ¿Una nueva ideología?

Bueno, pienso que el foco necesita estar en saber que internet es exactamente lo mismo que la sociedad. Las personas pueden darse cuenta de que no es una muy buena idea tener toda tu data y archivos en Google, Facebook y en servidores de la compañía. Todas están cosas necesitan ser comunicadas hasta la cúspide política, por supuesto. Pero dejemos de tratar a internet como si fuera una cosa distinta y comencemos a enfocarnos en cómo nos gustaría que se vea la sociedad realmente. Necesitamos arreglar la sociedad, antes de que podamos arreglar internet. Esa es la única cuestión.

[1] ICANN es una organización que opera a nivel multinacional/internacional y es la responsable de asignar las direcciones del protocolo IP, coordinar la administración de los elementos técnicos del DNS y garantizar la resolución unívoca de los nombres, para que los usuarios puedan encontrar todas las direcciones sin ser repetidas.

 

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La privatización de la escucha

Link: http://conversations.e-flux.com/t/the-rise-of-music-streaming-and-the-privatization-of-listening/6459

En una nota llamada “Networked Listening” (escucha interconectada) publicada en Real Life, el teórico de la comunicación Eric Harvey examina cómo la proliferación de servicios de radio y música por internet han hecho que la experiencia de escuchar música se vuelva más privada y solitaria. Mientras que la radio tradicional facilitaba la construcción de una “comunidad imaginaria”, los servicios como Pandora y Spotify facilitan la construcción de un yo privado, con gustos y preferencias cuidadosamente monitoreados y monetizados por el proveedor del servicio. Aquí está un fragmento del artículo:

El teórico de la vigilancia Mark Andrejevic, tomando prestado un término de la Inglaterra del siglo XVI referido al cercado de las tierras comunales para volverlas propiedad privada, apoda a esto el “movimiento de cercado digital”. Dentro de estos cercados, el valor de la música digital ya no es tanto su potencial valor de intercambio (dejando afuera su valor estético) sino es el hecho de que utilizarla genera datos sobre hábitos de escucha y sobre la música en sí misma.

Este no es el lugar al que esperábamos llegar con las tecnologías de reproducción de música. A mediados de los 1980’s, el Walkman trasladó los rituales de escucha privados a la esfera pública. “Lo que sorprendió a la gente cuando vieron el Walkman en sus ciudades por primera vez” escribió el crítico teórico Shuhei Hosokawa en 1984, “era el hecho evidente de que podían saber que el usuario del Walkman estaba escuchando algo, pero no qué estaba escuchando. Algo pasaba ahí, pero no se veía: era un secreto.” Hosokawa se refiere a este fenómeno como un “teatro secreto”, una performance pública enmarcada en una tecnología de privacidad móvil. Dos décadas después Michael Bull hablaba del iPod de manera similar. “Por primera vez en la historia, la mayoría de los ciudadanos en la cultura Occidental posee la tecnología para crear su propio mundo auditivo móvil privado a donde quiera que vaya.” Iba en sentido contrario de la forma en que la emisión de señales de radio llevó parte del ruido de la esfera pública al campo privado del hogar. El Walkman y el iPod permitieron a los individuos reestructurar el espacio público como espacio privado.

Esto llegó a su apogeo con el desarrollo de auriculares costosos que cancelan el ruido comerciados por compañías como Bose. Estas funciones transformaron a los auriculares en dispositivos de paisajes sonoros privados a los cuales el investigador Mack Hagood  llama “el actor móvil racional del mercado neoliberal: el viajero de negocios.” Las publicidades de los auriculares QuietComfort (confort silencioso) de Bose, sugieren que los viajeros de negocios pueden crear un oasis ad hoc de espacio personal en medio del ruido de las diferencias culturales en, digamos, un aeropuerto.

Los auriculares que cancelan el ruido se volvieron un símbolo de la reivindicación de la aplicación de soluciones individuales a problemas sociales mayores, y de la privatización de espacios y recursos públicos. Ellos marcan el punto final lógico en la utilización de esta tecnología para moldear unilateralmente una sensación de privacidad. Los auriculares que cancelan el ruido evocan el espectáculo desesperanzador de lo que podría ser considerado el festival de música neoliberal por excelencia: la “disco silenciosa”, donde las interacciones públicas solamente importan en el grado en que puedan ser disfrutadas de forma privada.