Superando la desilusión de Internet: Sobre los principios del diseño de Memes

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http://www.e-flux.com/journal/83/141287/overcoming-internet-disillusionment-on-the-principles-of-meme-design/ 

Geert Lovink

“La inteligencia artificial no es la respuesta a la estupidez organizada” – Johan Sjerpstra. “Por favor no me mandes emails a menos que me vayas a pagar” –Molly Soda. “El capitalismo tardío es como tu vida amorosa: se ve mucho menos deprimente a través de un filtro de Instagram” –Laurie Penny. “Me pregunto cuántas de las personas que están reclamando por la libertad de expresión y la necesidad de tener debates racionales han bloqueado y silenciado trolls” –Nick Srnicek. “La pos-verdad es al capitalismo digital lo que la polución es al capitalismo petrolero –un subproducto de sus operaciones” –Evgeny Morozov. “He visto al ejercito de trolls, y somos nosotros” –Erin Gün Sirer.

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Un meme mostrando a Jean Baudrillard posteado en loltheorists.livejournal.com.
  1. La desilusión de internet

Nuestro desencanto con internet es un hecho. Una vez más, la iluminación no nos trae liberación sino depresión. El fabuloso aura que alguna vez rodeo a nuestras amadas apps, blogs y redes sociales se desinfló. Deslizar, compartir y likear comienzan a sentirse como rutinas sin alma, gestos vacíos. Empezamos a borrar amigos y a dejar de seguir usuarios, pero no podemos darnos el lujo de borrar nuestras cuentas, ya que implicaría un suicidio social. Si “la verdad es cualquier cosa que produzca más miradas” como sugiere Evgeny Morozov, una huelga general de clicks parece ser la única opción que queda[1]. Pero ya que esto no sucede, nos sentimos atrapados y nos consolamos con memes.

El enfoque multi-verdad de las políticas de identidad, según Slavok Žižek, ha producido una cultura del relativismo.[2] El proceso de “fabricar consensos” descripto por Chomsky se ha arraigado completamente. Como explica Žižek en una entrevista a la televisión británica, el Gran Otro ha desaparecido.[3] Ya no hay Servicio Mundial de la BBC, la voz moderada de la radio que alguna vez nos proveyó opiniones equilibradas e información confiable. Toda pieza de información es auto-promoción, elaborada por gerentes de Relaciones Públicas y portavoces –tanto como por nosotros los usuarios (nosotros somos nuestros propios pasantes de marketing). Lo que ahora se está derrumbando es la posibilidad de imaginarse una vida mejor. Ya no son los “Condenados de la tierra” los que se revelan porque no tienen nada más que perder, sino más bien la estancada clase media y los “jóvenes profesionales”, que enfrentan una precariedad permanente.

Después del orgullo llega la culpa, la vergüenza y el remordimiento. El conformismo masivo no dio resultados. La pregunta es cómo impactará el actual malestar en la arquitectura de internet en el largo plazo. ¿Qué es el tecno-arrepentimiento? Una vez que termina el enamoramiento con las apps y se evidencia la adicción, el ánimo sufre síndrome de abstinencia. Lo que algunos ven como un alivio, muchos lo experimentan como frustración, si no odio. El Otro digital ya no puede ser calificado como “amigo”: “Si la gente del mundo exterior te da miedo, las personas en internet te van a aterrorizar por completo” es una advertencia aplicable a todos los sitios web. La presión a actuar produce culpa. Los usuarios están bajo constante riesgo de colapso financiero, y una vez que sean pobres, serán sometidos a la economía post-dinero en la que solamente circulan entidades imaginarias. Después de que hayan sido descartados, estar online es su último refugio.

“Estamos terrojodidos”. Así es como Jarett Kobek resume el sentimiento general en su novela del 2016 Yo Odio a Internet [I Hate the Internet]. La culpa y la frustración son al mismo tiempo personales y políticas en todo el mundo. A lo largo de la narración, emplazada en las calles gentrificadas de San Francisco, las computadoras coordinan la explotación de “la población excedente como sirvientes perpetuos.” ¿Qué sucede cuando nos damos cuenta que “todas las computadoras fueron hechas por esclavos en China” y que vos sos el que está usando esos dispositivos? ¿Qué pasa cuando se nos presenta personalmente como socios culpables, “sufriendo el escándalo moral de un escritor hipócrita que ha lucrado con el botín de la esclavitud”?[4]

Esta es la parte intrigante de la filosofía Hazlo-Tú-Mismo (DIY) de Kobek, que la presenta como una ciencia ficción del presente. ¿Qué pasaría si la actual economía de lo “gratis” de internet fuera el escenario futuro por defecto para el 99 porciento? ¿Qué pasará cuando la concentración de poder y dinero en las manos de unos pocos se vuelva irreversible y abandonemos toda esperanza de redistribuir las ganancias? Para Kobek, esto ya es así. El fallido dinero tradicional ha sido reemplazado por la micro-fama, “la última moneda válida mundialmente”, la cual está sujeta a oscilaciones aún mayores a las del anticuado dinero. “El dinero tradicional ha dejado de tratarse de un intercambio de humillación por comida y refugio. El dinero tradicional se ha transformado en el equivalente a un mundo de fantasía.”[5]

Kobek se considera promotor de la “novela mala”, en contraste con la literatura de ficción patrocinada por la CIA en la Guerra Fría, llamada la “novela buena” -una categoría que continúa existiendo en autores como Jonathan Franzen, quien escribe “sobre gente del Medio Oeste Estadounidense sin mucha eumelanina en sus epidermis.”[6] Las novelas malas son definidas aquí como historias que “(imitan) la red informática en su obsesión con los medios basura, en su presentación de contenidos irrelevantes y parciales” llena de personajes que tienen un “profundo cariño por la literatura juvenil” como la de Heinlein, Tolkien y Rand.[7] Todo esto abre el interrogante sobre dónde encajaría la novela El Círculo de Dave Eggers –una actualización de 1984 de Orwell. ¿Se puede clasificar a la novela de internet estilo Minority Report de Eggers, sobre medidas aplicadas por una compañía ficticia, mezcla entre Google y Facebook, como una novela mala de este tipo? ¿Qué pasa cuando ya no podemos distinguir entre utopía y distopía?

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La promesa de fama ofrece a las personas avalanchas de imágenes grotescas sobre el éxito. Todos son performers y celebridades, siempre que crean en sus sueños y luchen por ser como Beyoncé y Rihanna, quienes son inspiraciones en lugar de buitres. Tales casos de celebridad muestran “cómo las personas sin poder (demuestran) su súplica ante sus amos.”[8] Los fans son compañeros de ruta en un viaje a través de la vida; no son consumidores que compran un producto o servicio. De acuerdo a Kobek, “los pobres (están) condenados a Internet, un recurso maravilloso para ver televisión de mierda, sentir angustia sobre los salarios de los demás.”[9] Construida por “hombres sin sentido”, la red invoca nada más que basura y odio, dejando a los pobres con las manos vacías, sin nada que vender.[10] Los pobres generan dinero para Facebook. Nunca será a la inversa.

Kobek ha sido comparado con Houellebecq por la dureza de los personajes de ambos escritores. En Yo Odio a la Internet, deambulamos por el ambiente cínico de las start-ups de Sillicon Valley, pero Kobek rehúye a llevarnos adentro. Al contrario de la novela cyberpunk, no entramos al ciberespacio; no nos deslizamos por perfiles o circulamos por las fotos de Instagram. Eso no es sobre una “Ilusión del final” (y esa es la gran diferencia con la generación de 1968: tenemos la extraña sensación que esto recién empieza). En esta era hiperconservadora, ya no nos cargamos con el deber histórico de afrontar el fin del estado de bienestar, el neoliberalismo, la globalización, la Unión Europea, u otras instituciones modernas. En su lugar, somos seducidos hacia un estado perpetuo de retromanía, porque, como apuntaba el difunto Mark Fisher, es el presente el que se perdió.

Los pseudo-eventos no tienen cronología, ni desarrollo, ni principio, mucho menos un final. Estamos más allá de la terminal de procesamiento, más allá del entramado posmoderno. Todo se acelera. Esta debe ser la catástrofe estilo siglo veintiuno que muchas películas nos mostraron. Aun así, permanecemos encapsulados, capturados dentro de loops cibernéticos que nos dirigen a ninguna parte, en los que pasan ciclos de eventos, series y temporadas sin sentido. ¿Qué pasa cuando la ansiedad que genera la saturación de información se convierte en un sentimiento de vacío profundo? Una vez que hayamos atravesado ese punto, lo digital ni desaparece ni termina. Simplemente los eventos ya no se transforman en un espectáculo romano. En cambio, experimentamos al simulacro como realidad primaria. No podemos procesar tal sobreproducción repentina de realidad. Ya no vemos el noticiero pensando que estamos mirando una película. Ya superamos eso. No es la vida que se volvió cinematográfica; son los escenarios del cine y sus afectos los que moldean los grandes diseños de nuestras sociedades tecnológicas. Las películas anticipaban nuestra condición, y ahora estamos situados en medio de la ciencia ficción de ayer. Minority Report es ahora una realidad tecnoburocrática, manejada por la integración de los flujos de datos alguna vez separados. La realidad virtual se siente como Matrix. El reality show de Trump demostró haber sido un ensayo. La lógica de las vanguardias sigue viva. La ultima industria en lidiar con esta espiral de falsedad y verdad es la industria de los medios. La hiperrealidad se vuelve nuestra situación cotidiana –sin importar si la percibimos como aburrida o absurda.

Tomemos el desencanto radical como forma y celebremos el regreso de su sumo sacerdote, Jean Baudrillard. Nuestra rabia contra las redes sociales no es solamente la condición clínica de unos pocos; es la condición humana. ¿Este desencanto se volverá revolución, como sostuvo alguna vez Camus? El agotamiento espiritual definitivamente está presente (#sleepnomore). Con las manos vacías, analizamos una tras otra las críticas impotentes sobre las estructuras de las bases de datos. Para ponerlo en términos espaciales, el ciberespacio se volvió una habitación que contiene una casa que contiene una ciudad que se ha plegado en un paisaje chato en donde la transparencia instaurada se vuelve paranoia. No estamos perdidos en un laberinto sino más bien arrojados al campo abierto, observados y manipulados, sin un centro de comando a la vista. 

La pila enorme de tweets y posteos en blogs, Instagram y Facebook han creado una cultura de confusión profunda. Se suponía que la fragmentación nos iba a enriquecer, entonces ¿Por qué ahora nos toca pagar la cuenta de todas sus consecuencias imprevistas? Esto no tenía que pasar. ¿Es esta la “diferencia” que alguna vez anhelamos? Los principales medios juegan un rol crucial en el proceso de decadencia. A pesar de que su legitimidad se evaporó, su influencia sigue considerándose importante. Esto crea una atmósfera de permanente ambivalencia. ¿Para qué molestarse? Su rol como esclarecedores de hechos y opiniones ha sido socavado durante décadas por las crecientes fuerzas centrífugas de la sociedad que ya no aceptan los sentimientos (e intereses) baby-boomers como consenso legítimo. La sorprendente falta de capacidad de “la prensa” para lidiar con los cambios recientes en la sociedad ha llevado a una forma de indiferencia extendida. Los puntos ciegos teóricos de las sucesivas generaciones posmodernas son muy numerosos como para listarlos. El elefante en la habitación aquí es Jürgen Habermas. Muchos de nosotros todavía suscribimos a su noción de la esfera pública burguesa como una arena donde diferentes opiniones compiten en un diálogo racional –incluso aunque no creamos en los valores centrales de la sociedad occidental, como la democracia. ¿Y quién es el “contrapúblico” en este contexto? ¿El “contenido de usuario” de 4Chan, Reddit y Youtube? ¿Cuál es la respuesta organizada a todo esto? ¿Cómo se vería una versión contemporánea de Indymedia? Y si ese modelo federado de “medios independientes” es tan 1999, entonces ¿Por qué es tan difícil hacer una actualización 2017?

Hay una crisis en la “cultura participativa”. Miremos el ejemplo de danah boyd y la forma en que ella está deconstruyendo el discurso de “alfabetización mediática” para el cual muchos tienen grandes esperanzas. La lectura cínica de las noticias ha eclipsado las capacidades críticas. Después de los resultados de la elección de Donald Trump, boyd se preguntó si la alfabetización mediática había resultado contraproducente.[11] ¿El trolling, los pop-ups engañosos y las noticias falsas socavaron la creencia clásica en la democratización de la producción de noticias? Mientras que para la generación baby-boomer pre-internet la alfabetización mediática era sinónimo de la habilidad para cuestionar a las fuentes, deconstruir opiniones, y decodificar la ideología, la alfabetización mediática se ha transformado en la habilidad de producir contenido propio en la forma de respuestas, posteos de blogs y actualizaciones de redes sociales. La transición de consumidor crítico a productor crítico llegó con un precio: la inflación de la información. (La síntesis bienintencionada del “prosumidor” nunca se hizo realidad.) De acuerdo a boyd, la alfabetización mediática se volvió sinónimo de desconfianza en las fuentes mediáticas en lugar de un compromiso con la crítica fundada en hechos. En lugar de examinar la evidencia de los expertos, ahora es suficiente citar la experiencia personal propia. Esto llevó a una cultura centrada en la duda que casi nunca puede indignarse, una cultura incapaz de un debate racional –una cultura polarizada que favorece al tribalismo y la autosegregación.

La situación actual impulsa a repensar las demandas usuales de activistas y jugadores de la sociedad civil con respecto a la alfabetización mediática. ¿Cómo se puede informar mejor la audiencia general? ¿Este es un diagnóstico acertado sobre el problema actual en primer lugar? ¿Cómo agujereamos la burbuja de filtros[12]? ¿Cómo el “házlo-tú-mismo” se puede transformar en una alternativa cuando las redes sociales ya se viven en esos términos? ¿Todavía podemos apoyarnos sobre el potencial emancipatorio de “contestar a los medios” mediante las apps de redes sociales? ¿Cómo funciona la manipulación hoy en día? ¿Es todavía productivo deconstruir el New York Times (y sus equivalentes)? ¿Cómo podríamos explicar el funcionamiento del feed de noticias de Facebook a su usuario base? Si quisiéramos culpar a los algoritmos, ¿Cómo podemos traducir su complejidad escondida para que grandes audiencias puedan entenderlas?

Un esfuerzo en tal camino es Armas de Destrucción Matemática (Weapons of Math Destruction): Cómo el Big data incrementa la desigualdad y amenaza la democracia de Cathy O’Neil, en la que describe cómo “modelos matemáticos mal concebidos ahora microgestionan la economía, desde la publicidad hasta las prisiones”.[13] Su pregunta es cómo domar y desarmar algoritmos peligrosos. Estos modelos matemáticos no son herramientas neutrales. Sin embargo, en la vida cotidiana experimentamos cada vez más al ranking como destino. Acuñando el término “Armas de destrucción matemática”, o “ADMs”, O´Neil escribe: “la eficiencia y equidad prometida, las ADMs distorsionan la educación superior, aumentan las deudas, incentivan la encarcelación masiva, golpean a los pobres en casi todas las coyunturas y socavaban la democracia.”[14] En su repaso por los trabajos que ha tenido en numerosas industrias enfocadas en algoritmos, ella expone que este software está construido “no solamente de data sino también de decisiones que hacemos sobre a qué data prestamos atención –y cuales dejamos afuera. Estas elecciones no son solamente de logística, ganancias y eficiencia. Son fundamentalmente morales.”[15] Y sesgadas por clase: “Los privilegiados son procesados por personas, las masas por máquinas.”[16] Una vez que están instalados y funcionando por un tiempo, estas ADMs crean su propia realidad y justifican sus propios resultados, un modelo al cual O’Neil llama autoperpetuante y altamente destructivo.

Las técnicas de leaks, noticias falsas, bots sociales, kompromat, y agitprop confunden el clima político. La desorientación es suficiente; ya no es necesario, por ejemplo, manipular los resultados de las elecciones. En esta “era post-hechos” nos quedamos con las creencias instantáneas de las celebrities comentaristas y los expertos en medios. Miremos los tweets de Donald Trump, la máxima expresión de alfabetización mediática y una corriente perversa de autoexpresión. Sus tweets personales se han vuelto indistinguibles de las políticas públicas, la propaganda estatal, y la guerra informativa. En este caso, el poder ya no opera a través de la sobreexposición pornográfica de la imagen 3d HD. Esto no es Big Data sino data singular. Pequeños mensajes con efectos “tremendos”. En este nivel, dejamos atrás los reinos del glamour de Hollywood y la reality TV y entramos al reino de la comunicación con consecuencias en tiempo real, un hibrido de siguiente nivel en el cual el poder ejecutivo soberano y el marketing se vuelven inseparables. 

¿Qué tiene para decirnos al respecto el psicoanálisis contemporáneo? Como lo evidencia Kristin Dombek en El Egoísmo de los Otros: Un Ensayo sobre el Miedo al Narcisismo, hay un renacimiento del narcisismo como diagnóstico cultural. Dombek evita hacer referencia a las culturas de internet y se abstiene de quejarse de las selfies y las redes sociales, sino que más bien apunta al cambio crucial en la práctica psicoanalítica: De métodos terapéuticos a métodos cuantitativos. El narcisismo actual es social y contagioso por naturaleza; consiste en rasgos que “pueden ser medidos a lo largo de grandes grupos de personas.”[17] La Generación Mi cubre el planeta. Necesitamos ir más allá de las metáforas de enfermedad cuando discutimos a Trump, la derecha alternativa y las redes sociales en general. Puede ser un error fatal intentar marginalizar (como diagnóstico y táctica) a la derecha populista absorta en sí misma como “pacientes enfermos”. En una reseña de El Egoísmo de los Otros, Jennifer Schuessler escribe que “los puntos de vista propios de Dombek hacen eco de lo que el filósofo René Girard, quien argumentaba que nuestra tendencia a ver el narcisismo en pacientes y compañeros es un esfuerzo por reasegurarnos que si aquellos a quienes deseamos son menos que idealmente responsivos a nosotros es porque están enfermos, no porque no seamos interesantes.”[18]

Más allá del miedo al narcisismo, miremos a Trump otra vez, un hombre que “parece ser supremamente consciente del hecho de que siempre está actuando. Se mueve por la vida como un hombre que sabe que siempre está siendo observado.” Esta cita está tomada de “La Mente de Donald Trump,” [The Mind of Donald Trump] un artículo de junio de 2016 en The Atlantic escrito por Dan P. McAdams.[19] Aquí, Trump es descripto como una figura “tambaleante”, exhibiendo una extroversión arrolladora combinada con una simpatía extremadamente baja. Es retratado como un dinamo –motivado, incansable, incapaz de quedarse quieto, durmiendo muy poco. Una característica cardinal de la profunda extroversión es su búsqueda incansable de recompensas. Impulsada por la actividad de los circuitos de dopamina en el cerebro, las personas altamente extrovertidas son llevadas a perseguir experiencias emocionales positivas. Como lo escribe McAdams,

El enojo puede alimentar la malicia, pero también puede motivar la dominación social, avivando el deseo de ganar la adoración de otros. El enojo yace en el corazón del carisma de Trump, dominado por una extroversión exuberante, la sobreactuación incesante, y la celebridad más grande que la vida, que nunca piensa dos veces sobre el daño colateral que dejará a su paso.

Las personas altamente narcisistas buscan llevar la atención hacia sí mismas. La autorreferencia repetida y desordenada es una característica distinguible de su personalidad. A lo largo del tiempo, las otras personas se molestan o enfurecen por su autocentrismo. Cuando los narcisistas comienzan a decepcionar a aquellos a los que alguna vez deslumbraron, su descenso puede ser particularmente precipitoso. Todavía es cierto el antiguo proverbio que dice “el orgullo precede a la caída.” El mundo está impregnado por una sensación de peligro y una necesidad de rudeza: no se puede confiar en el mundo. Es un combatiente feroz que pelea para ganar. ¿Estás preocupado por fantasías de que el mundo se va a terminar por culpa del egoísmo de los otros? McAdams:

¿Quién es, realmente, Donald Trump? ¿Qué hay detrás de la máscara del actor? Puedo distinguir algo más que las motivaciones narcisistas y una narrativa personal complementaria sobre ganar a cualquier costo. Es como que Trump ha invertido mucho de sí mismo en desarrollar y refinar su rol social dominante que ya no le queda nada como para crear una historia significativa para su vida o para la nación. Es siempre Donald Trump actuando de Donald Trump, peleando para ganar, pero sin saber por qué.

¿Cómo sería una filosofía de la incredulidad hoy en día? Busquemos una continuación secular de la crítica a la religión. ¿Qué es el ateísmo en el contexto de la información? La multiplicidad de fuentes y puntos de vista, alguna vez celebrada como “diversidad de opiniones” ha llegado a un “punto cero” nihilista, en donde la acumulación de posibles significados puede llevar a reflexiones críticas (o incluso a producir conocimiento), o implosionar en una pileta de indiferencia (posiblemente haciendo desaparecer redes como Twitter que prospera con expresiones, juicios y preferencias personales).

Hoy en día, los dogmas institucionales están escondidos dentro del folklore mediático, mentalmente programado en las arquitecturas de la red, dirigido por algoritmos. El rechazo mental a la autoridad está tan extendido, y se ha hundido tanto en las rutinas y mentalidades cotidianas, que se volvió irrelevante negar, respaldar o deconstruir una pieza particular de información. Ese es el aspecto más complejo de la tendencia actual de las redes sociales.

Los productores de memes se volvieron inmunes a las críticas de los liberales moralistas de la tercera vía[20]. Sus firewall de indiferencia todavía no ha sido hackeados. La deconstrucción irónica tampoco está haciendo el trabajo. Tara Burton dice que: “Dada la anarquía ideológica inherente a los posteos basura [shitposting], éstos tienden a desafiar el análisis. Los shitposters, quienes no están atados a nada, tienden una trampa retórica para sus enemigos, quienes suelen estar atados por el hecho mismo de tener un argumento.” Burton concluye que el “shitposting no puede ser refutado; solamente puede ser repetido”[21] Simplemente esta no es la era del Hombre (Mujer) del Renacimiento. La desilusión es abrumadora.

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Un meme posteado en loltheorists.livejournal.com
  1. Definiendo las reglas del diseño de Memes

Estamos abrumados por los eventos mediáticos que se desenvuelven en tiempo real. ¿Este espectáculo será una pantalla de humo para medidas más drásticas de largo plazo? ¿Cuál es nuestro plan? Las estrategias políticamente correctas de una “sociedad civil” son todas bienintencionadas y apuntan a cuestiones importantes, pero parecen operar en un universo paralelo, incapaz de responder al diseño cínico de memes que rápidamente está tomando sitios clave del poder. ¿Hay formas de estar un paso más adelante y no simplemente contrarrestar? ¿Qué tenemos en nuestras mentes? ¿Cómo podemos movernos desde data a Dada y volvernos una vanguardia del siglo veintiuno, que realmente entienda el imperativo tecnológico y muestre que “somos lo social en las redes sociales”? ¿Cómo desarrollamos, y luego ampliamos, conceptos críticos y cómo juntamos política y estética en una forma que hable a los millones de usuarios online? Identifiquemos los obstáculos, sabiendo que es momento de actuar. Sabemos que burlarnos del mezquino mundo de los xenófobos no está funcionando. ¿Qué otra cosa podemos hacer más que reunirnos? ¿Podemos esperar algo del diseñador como lobo solitario? ¿Cómo organizamos este tipo de trabajo político? ¿Necesitamos más herramientas que nos lleven a estar juntos? ¿Ya usaste Meetup, Diaspora, DemocracyOS, y Loomio? ¿Necesitamos un sitio de citas colectivo para activismo político? ¿Cómo podemos diseñar y después movilizar, un deseo colectivo conectado que nos una en una “diversidad profunda”? ¿La promesa de redes abiertas y distribuidas hará el trabajo?

Generaciones enteras han estudiado los errores fatales hechos en los años de entreguerras, pero ¿Cuáles son las conclusiones, ahora que estamos entrando en un territorio similar? Es tiempo de releer Los Orígenes del Totalitarismo de Hannah Arendt (en la que encontramos la famosa cita de Rousseau: “Los hombres normales no saben que todo es posible”). También deberíamos revisitar La Psicología de Masas del Fascismo de Wilhelm Reich, Adorno y Horkheimer, Muchedumbres y Poder de Elias Canetti, y la obra que definió mi propio destino intelectual, Fantasías Masculinas de Klaus Theweleit. Esta es una lista subjetiva; hay muchos otros clásicos en este género.[22] ¿Nos ayudarán estos autores a descubrir factores definitivos de nuestra era? ¿Cómo podemos identificar estas problemáticas clave y después actuar en base a  este conocimiento? Las narrativas alternativas son cruciales, aquellas que una vez desarrolladas y probadas, pueden ser condensadas en memes. Como sabemos, los memes pueden y deben mutar. Esto implica que la narrativa general debe ser robusta (al mismo tiempo “ágil”). Los memes están diseñados para ser cambiados, pero el mensaje principal se mantiene intacto sin importar cuán radicalmente se altera el meme. También podemos llamar a esta unidad semiótica condensada, símbolo, aunque el aspecto simbólico de los memes se mantenga invisible.

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El Billboard Liberation Front (Frente de Liberación de Carteles), siguiendo el espíritu del sabotaje cultural, ha ido “embelleciendo” carteles publicitarios desde 1977. Sus campañas anteriores apuntaron sobre todo a publicidades de Exxon, R.J. Reynolds y Apple Computers.

Tan pronto como concibamos a la Resistencia como interferencia organizada, podemos comenzar a trazar contra-mapeos, monitoreando el silencio y revelando el realismo histérico que ha sido escondido por tanto tiempo. Necesitamos crear agujeros persistentes en la infraestructura auto-evidente del día a día. Como aprendimos de los gurús empresariales de Sillicon Valley, la disrupción es suficiente como para tirar abajo vastos sistemas, que en realidad solo consisten en rutinas sin sentido. Es mucho más fácil de lo que pensamos. Esto también acerca la posibilidad de una revolución –un evento que incluso el crítico más dogmático del régimen neoliberal descartó hace años.

Para poder organizarnos para el porvenir, hice la eterna pregunta a algunas personas: ¿Qué se debe hacer? Comencé con Nick Srnicek, coautor de Inventando el Futuro, quien acaba de publicar un tratado llamado Capitalismo de Plataformas. De acuerdo a él, deberíamos comenzar con el hábito de bloquear usuarios en las redes sociales. “La idea básica de las redes sociales también sirve para temas más amplios del debate público: ¿Cómo rechazar las voces que intencionalmente atacan la base del debate racional?[23] Eva Illouz, autora de ¿Por qué duele el amor? e Intimidades Frías, argumenta que necesitamos empezar con la pregunta de cómo diseñar la verdad:

El problema es que ellos pelean con mentiras. No tienen límites morales. Los guerreros inmorales tienen una ventaja porque no están restringidos. Deberíamos contraatacar con la verdad, pero la verdad es vinculante y restrictiva, así que la pregunta es, ¿Cómo producir una verdad tan poderosa o más poderosa que las mentiras, que tenga la ventaja de ser inventada rápidamente y diseñada a medida para satisfacer tus necesidades?

Una posible respuesta yace en el rechazo a lidiar con memes como objetos digitales aislados que pueden ser recompuestos aleatoriamente. No deberíamos comenzar por el final y terminar atascados en las páginas de Know Your Meme (Conoce A Tu Meme), Srnicek:

Necesitamos nuevas historias, y eso es distinto a pensar solamente en contra-memes o en frenar el flujo de información. Efectivamente es una temporalidad diferente, pero una narrativa nueva provee la base para respuestas más inmediatas mediante las redes sociales, memes, etc. Hay una narrativa para Trump y la extrema derecha en auge, por ejemplo. Y es una narrativa seductora para algunas personas, que luego son expresadas de diversas formas. La izquierda está, en su mayoría, perdiéndose esa narrativa. Necesitamos llegar al corazón del asunto, en lugar de intentar lidiar con los síntomas. Hay todo un esfuerzo por frenar las “noticias falsas”, pero nadie cuestiona por qué el público consume estas historias, o por qué no tienen la capacidad crítica de detectarlas. Solamente cambiar algunos algoritmos de noticias no parece suficiente.

Los Memes son una forma perfecta de entrar en una historia –pero ¿Qué historia? El anhelo de nuevas narrativas coincide con las llamadas de ir “más allá de los fragmentos”, como lo expresó Jodi Dean en su libro de 2016, Multitudes y Fiesta [Crowds and Party]. ¿Pueden los memes jugar un rol importante en las fuerzas sociales centrípetas que nos reúnen? Dean:

Será un buen experimento ver si la Guerra de memes puede ser efectiva socavando a la derecha (esto es, hacerla ver poco atractiva y poco deseable a potenciales partidarios). El desafío es crear memes que rompan las burbujas ya que la mayoría de los memes tienden a circular en burbujas de personas que ya están de acuerdo entre sí. Pero incluso si tus memes no rompen ninguna burbuja, todavía pueden ser efectivos si inspiran a la izquierda. Bernie Sanders’ Dank Meme Stash[24] fue una fuente fantástica de diversión e inspiración durante las últimas elecciones de Estados Unidos.

Alex Galloway no está seguro de que el “culture jamming” sea una táctica exitosa hoy en día como sí lo fue en los 1990s. “Los memes parecen estar operando casi enteramente debajo de lo que solíamos llamar ideología. El poder e interés que tienen los memes se debe completamente a su estatus de máquinas ideológicas, lo que no significa que sean inútiles, corruptas, etc.- por el contrario, demuestran cuan complejos y poderosos son.” Johannes Grenzfurthner del colectivo de arte vienés Monochrom añade: “Necesitas mucho poder de usuario/seguidor/creador para realmente crear compromiso con la comunidad. 4Chan solamente se convirtió en el semillero de super-memes por su infinita reserva de usuarios no clasificados, algunos de ellos conectados todo el día – durante años.” Grenzfurtherner también nos recuerda que crear memes políticos es un acercamiento estilo Relaciones Públicas a la cultura de internet:

Las personas detectan el PR muy rápidamente. Y al final puede volverse en tu contra y contra tu campaña. Entiendo la necesidad de crear memes de contra-información fácilmente compartibles, pero eso ya está sucediendo. Un montón de imágenes buenas ya están circulando en burbujas específicas. Pero ¿Cómo salir de la burbuja? No se pueden penetrar las burbujas conservadoras con contenido liberal. Tu contenido tiene que ser tan poco claro y misterioso que ya no funcione como una herramienta de propaganda. O solamente será usada para el ridículo.

De acuerdo a la pensadora del software libre e historiadora de Anonymous Gabriella Coleman, simplemente no podemos permitirnos no usar memes:

Cuando la derecha alternativa estaba ganando terreno y varios periodistas estaban horrorizados con el hecho que las imágenes y emociones puedan “movilizar” a las personas y arrastrarlas políticamente, yo estaba igualmente horrorizada de que ellos fueran tan ingenuos y tan negativos acerca de las emociones y la cultura visual. Si, los progresistas e izquierdistas deben incluir memes y humor en su arsenal para dar pelea a algunos cuarteles de la derecha y dirigir a cierta parte de la juventud, enloquecida por internet, hacia la izquierda. Sin ellos, perderemos una base enorme de personas. Si esto debe ser diseñado mediante un esfuerzo grupal o si debe surgir desde abajo es una cuestión totalmente distinta. Mi sensación es que sería más efectivo viniendo desde una base subcultural que de una elite de arte vanguardista.

También le pregunté a Matt Goerzen, quien está investigando sobre memes con Coleman, sobre la búsqueda de la receta para un meme exitoso:

Los memes de la derecha alternativa son tan exitosos debido a su naturaleza populista. He llegado a entender las tablas de imágenes de memes como un kit de herramientas que puede servir para usos bien distintos, pero sólo cuando se adaptan a la tarea encomendada. Los memes pueden ser equipados efectivamente, como el shitposting en Twitter, una forma de ataque cognitivo de denegación-de-servicio para usar el término de Rand Waltzman. Pero son más poderosos como sitio de identificación, de integración de valores de individuos que se identifican con ellos desde el sentimiento temático.

De acuerdo a Goerzen, una porción significativa de la derecha alternativa dedico su trabajo memético a Bernie Sanders mientras seguía en carrera. Goerzen notó que casi no había ningún intento de hacer memes para Hillary:

Vale la pena preguntarse por qué esto es así. Mi entendimiento es que los memes son una suerte de recipiente o punto coordinador para la organización, pero cuando les faltan temáticas quedan en su mayoría carentes de valor ideológico. Son como un vocabulario y necesitan ser animados y organizados por un imperativo o una narrativa. La trayectoria de Pepe es muy instructiva en este asunto, y creo que es llamativo que los memes de Bernie en circulación, utilizaban Wojak. Pepe y Wojak son como yin y yang – donde Pepe es rápido, maniático, provocativo, descarriado, extrovertido, Wojak es deliberativo, depresivo, reservado, empático e introvertido. Cuando Bernie fue eliminado, las identificaciones positivas transmitidas a través de Wojak se estancaron, mientras que las identificaciones positivas transferidas a Trump a través de Pepe ganaron extra momentum, ya que muchos de los partidarios de Bernie en la plataforma 4Chan estaban enfurecidos con el juego sucio al que consideraron responsable de su descalificación. Esto es solo un ejemplo, pero el punto es este: Creo que la forma efectiva de armar a los memes con propósitos ideológicos es dirigir algunos que ya sean populares o significativos para una demografía disputada. Esto se alinea con los “métodos de redirección” que intentan contrarresar los círculos de extremismo violento. La idea de diseñar memes desde arriba hacia abajo (o “forcememing” en la cultura de las páginas de publicación de memes) es una tarea bastante desafiante. Muchos de los funcionarios públicos con los que hablé en los últimos meses para dilucidar estas preguntas tienen ideas sobre cómo puede hacerse esto, pero requiere muchos recursos y se parece más al tipo de trabajo hecho por Cambridge Analytica que a cualquiera en las páginas de memes o de la órbita cultural de la derecha alternativa.[25]

Además de la necesidad de una narrativa, está el tema de la aceleración. ¿Los memes alternativos deberían circular a la misma velocidad que internet en general? ¿Nos estamos quedando sin tiempo? ¿Qué pasaría con los memes lentos? ¿Y qué si el problema es el “tiempo real” en sí mismo? De acuerdo a Franco Berardi, necesitamos un nuevo ritmo de elaboración; necesitamos ralentizarnos secuencialmente, curarnos de la aceleración, y encontrar un nuevo tempo de movimiento. Esto no se puede hacer a través de más aceleración. La comunicación en tiempo real ya arruina nuestros cuerpos, nuestras mentes. De acuerdo a Berardi, el reino digital nos está llevando a una “descorporeización” creando un “cerebro sin cuerpo”. La infosfera es una estimulación nerviosa gigante. Lo que necesitamos, antes de que podamos empezar a contar esta Nueva Narrativa, es una “reconfiguración de la elaboración mental”.[26]

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Geert Lovink es un teórico de los medios, crítico de internet y autor de Uncanny Networks (2002), Dark Fiber (2002), My First Recession (2003), Zero Comments (2007), Networks Without a Cause (2012), y Social Media Abyss (2016). En 2004 fundó el Instituto de Culturas en Red (Institute of Network Cultures) en la Universidad de Ciencias Aplicadas de Amsterdam. Este centro organiza conferencias, publicaciones y redes de investigación como Video Vortex (video online), Unlike Us (alternativas en las redes sociales), Critical Point of View (Wikipedia), Society of the Query (La cultura de la búsqueda), MoneyLab (modelo de facturación para las artes basado en internet). Sus recientes proyectos lidian con las publicaciones digitales y el futuro de la crítica de arte. También enseña en la European Graduate School (Saas-Fee/Malta) donde supervisa a estudiantes de doctorado.

© 2017 e-flux y el autor

[1] Evgeny Morozov, “El pánico moral sobre las noticias falsas esconde al verdadero enemigo – los gigantes digitales” The Guardian, 7 de enero 2017 https://www.theguardian.com/commentisfree/2017/jan/08/blaming-fake-news-not-the-answer-democracy-crisis

[2]El diseñador e investigador Silvio Lorusso, quien realizó importantes aportes sobre este tema, ha notado que un relativismo similar ha invadido la cultura visual. Esta puede ser la razón por la cual los diseñadores gráficos entrenados y profesionales, son los menos equipados para producir memes efectivos. En su lugar, los memes a menudo están asociados con la cultura under amateur. La creación de memes por ende es a menudo descripta como un proceso misterioso, como se sostiene en el documental La Historia de Technoviking [The Story Of Technoviking], que trata sobre el “primer meme” y discute la producción de memes en detalle. http://documentaryheaven.com/story-of-technoviking/    

[3] https://www.youtube.com/watch?v=ByKXcIPi7MI

[4] Jarett Kobek, I Hate the Internet (Londres: Serpent’s Tail, 2016), 25.

[5] Ibid., 64.

[6] Ibid., 38.

[7] Ibid., 26, 36.

[8] Ibid., 66.

[9] Ibid., 65.

[10] Ibid., 150.

[11] dana boyd, “¿La alfabetización mediática resultó contraproducente?” [Did Media Literacy Backfire?] DML Central, 12 de enero 2017 http://dmlcentral.net/media-literacy-backfire/

[12] [N. del E] Según Wikipedia un filtro burbuja es el resultado de una búsqueda personalizada en donde el algoritmo de una página web selecciona, a través de predicciones, la información que al usuario le gustaría ver basado en información acerca del mismo (como localización, historial de búsquedas, y elementos a los que les dio clic en el pasado) y, como resultado, los usuarios son alejados de la información que no coincide con sus puntos de vista, aislándolos efectivamente en burbujas ideológicas y culturales propias del usuario.

[13] Cathy O’Neil, Armas de Destrucción Matemática: Cómo el Big data incrementa la desigualdad y amenaza la democracia [Weapons of Math Destruction: How Big Data Increases Inequality and Threatens Democracy] (Nueva York: Crown, 2016), 12.

[14] Ibid., 199

[15] Ibid., 218.

[16] Ibid., 8

[17] Kristin Dombek, El Egoísmo de los Otros: Un Ensayo sobre el Miedo al Narcisismo [The Selfishness of Others: An Essay on the Fear of Narcissism] (Nueva York: FSG Originals, 2016), 75

[18] Jennifer Schuessler, “’El Egoísmo de los Otros’ o Estoy bien – Sos un Narcisista” [‘The Selfishness of Others,’ or I’m O.K.—You’re a Narcissist,”] New York Times, 31 de julio 2016. https://www.nytimes.com/2016/08/01/books/review-the-selfishness-of-others-or-im-ok-youre-a-narcissist.html?_r=0

[19] Dan P. McAdams, “La Mente de Donald Trump,” [The Mind of Donald Trump] The Atlantic, Junio 2016 https://www.theatlantic.com/magazine/archive/2016/06/the-mind-of-donald-trump/480771/

[20] [N. del E.] Tercera vía​ es el nombre que se ha dado a una variedad de aproximaciones teóricas y propuestas políticas​ que, en general, sugieren un sistema económico de economía mixta, y el centrismo o reformismo como ideología.

[21] Tara Burton, “Apocalypse Whatever,” Real Life, 13 de diciembre 2016

[22] También es importante mencionar el trabajo del psicohistoriador neoyorquino Lloyd de Mause, cuyo estudio de los Estados Unidos en 1984 con Reagan puede ser una importante fuente de inspiración para nosotros hoy en día.

[23] Todas citas de entrevistas por email realizadas durante febrero del 2017.

[24] Un grupo de Facebook donde sus miembros compartían y comentaban memes sobre el político norteamericano Bernie Sanders.

[25] Cambridge Analytica es la empresa británica de big data que trabajó para la campaña de Trump. Ver Hannes Grassegger y Mikael Krogerus, “La Data que Volteó al Mundo”, Motherboard, 28 de enero 2017. https://motherboard.vice.com/en_us/article/mg9vvn/how-our-likes-helped-trump-win

[26] Todas las citas de Berardi fueron tomadas de una conferencia dictada en el Rietveld Academie, Amsterdam el 8 de febrero de 2017, como parte de la serie de conferencias “¿Qué esta pasando con nuestro cerebro?” [What Is Happening to Our Brain?] organizada por Studium Generale Rietveld Academie.

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