La privatización de la escucha

Link: http://conversations.e-flux.com/t/the-rise-of-music-streaming-and-the-privatization-of-listening/6459

En una nota llamada “Networked Listening” (escucha interconectada) publicada en Real Life, el teórico de la comunicación Eric Harvey examina cómo la proliferación de servicios de radio y música por internet han hecho que la experiencia de escuchar música se vuelva más privada y solitaria. Mientras que la radio tradicional facilitaba la construcción de una “comunidad imaginaria”, los servicios como Pandora y Spotify facilitan la construcción de un yo privado, con gustos y preferencias cuidadosamente monitoreados y monetizados por el proveedor del servicio. Aquí está un fragmento del artículo:

El teórico de la vigilancia Mark Andrejevic, tomando prestado un término de la Inglaterra del siglo XVI referido al cercado de las tierras comunales para volverlas propiedad privada, apoda a esto el “movimiento de cercado digital”. Dentro de estos cercados, el valor de la música digital ya no es tanto su potencial valor de intercambio (dejando afuera su valor estético) sino es el hecho de que utilizarla genera datos sobre hábitos de escucha y sobre la música en sí misma.

Este no es el lugar al que esperábamos llegar con las tecnologías de reproducción de música. A mediados de los 1980’s, el Walkman trasladó los rituales de escucha privados a la esfera pública. “Lo que sorprendió a la gente cuando vieron el Walkman en sus ciudades por primera vez” escribió el crítico teórico Shuhei Hosokawa en 1984, “era el hecho evidente de que podían saber que el usuario del Walkman estaba escuchando algo, pero no qué estaba escuchando. Algo pasaba ahí, pero no se veía: era un secreto.” Hosokawa se refiere a este fenómeno como un “teatro secreto”, una performance pública enmarcada en una tecnología de privacidad móvil. Dos décadas después Michael Bull hablaba del iPod de manera similar. “Por primera vez en la historia, la mayoría de los ciudadanos en la cultura Occidental posee la tecnología para crear su propio mundo auditivo móvil privado a donde quiera que vaya.” Iba en sentido contrario de la forma en que la emisión de señales de radio llevó parte del ruido de la esfera pública al campo privado del hogar. El Walkman y el iPod permitieron a los individuos reestructurar el espacio público como espacio privado.

Esto llegó a su apogeo con el desarrollo de auriculares costosos que cancelan el ruido comerciados por compañías como Bose. Estas funciones transformaron a los auriculares en dispositivos de paisajes sonoros privados a los cuales el investigador Mack Hagood  llama “el actor móvil racional del mercado neoliberal: el viajero de negocios.” Las publicidades de los auriculares QuietComfort (confort silencioso) de Bose, sugieren que los viajeros de negocios pueden crear un oasis ad hoc de espacio personal en medio del ruido de las diferencias culturales en, digamos, un aeropuerto.

Los auriculares que cancelan el ruido se volvieron un símbolo de la reivindicación de la aplicación de soluciones individuales a problemas sociales mayores, y de la privatización de espacios y recursos públicos. Ellos marcan el punto final lógico en la utilización de esta tecnología para moldear unilateralmente una sensación de privacidad. Los auriculares que cancelan el ruido evocan el espectáculo desesperanzador de lo que podría ser considerado el festival de música neoliberal por excelencia: la “disco silenciosa”, donde las interacciones públicas solamente importan en el grado en que puedan ser disfrutadas de forma privada.  

 

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