Contra-Internet ° Zach Blas

http://www.e-flux.com/journal/74/59816/contra-internet/

Texto original de Zach Blas*

  1. Matar a Internet

El 28 de enero de 2011, solo unos días después de que explotaron las protestas en Egipto demandando la dimisión del entonces presidente Hosni Mubarak, el gobierno Egipcio desactivó el acceso nacional a internet. Este corte apadrinado por el Estado se conoció como el “botón de matanza” de internet. La intención detrás de asesinar internet en Egipto fue bloquear a los protestantes de coordinarse unos con otros y prevenir la diseminación de información acerca de los levantamientos en cualquier medio, especialmente aquellos fuera del país. Peculiarmente, fue una muerte que solo duró cinco días, ya que el acceso a internet se restableció rápidamente. Pero concretamente el botón de matanza de internet se desplegó como una serie de demandas políticas y operaciones técnicas. Se ordenó a los proveedores de internet egipcios, como Telecom Egipto, Raya y Link Egipto, cancelar los servicios de routing, lo que resultó en el bloqueo de la conectividad de internet por parte de estas grandes empresas. Los cables de fibra-óptica fueron otro objetivo, ya que el pequeño número de cables que conectan a Egipto con el tráfico internacional de internet son propiedad del gobierno egipcio. Como resultado, el 88 por ciento de la conectividad en Egipto fue suspendida en cuestión de horas. Notablemente, el único ISP que permaneció activo durante este período fue el Noor Data Network, usado por la Bolsa de Valores Egipcia.

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En esta imágen se muestran los cables de fibra-óptica conectados a Egipto en un Mapa de Cables Submarinos.

¿Qué significa matar a internet?[1] Si uno intentara localizar físicamente donde fue el asesinato de internet, uno podría ir al edificio de Telecom Egipto ubicado en la calle Ramses 26 en El Cairo, solo a unos kilómetros de la Plaza Tahir, el mayor punto de conexión de fibra óptica que va dentro y fuera de Egipto. Pero ¿Se puede matar una infraestructura técnica? o, ¿Puede tener una muerte política la infraestructura técnica, como las más de ochocientas personas asesinadas durante la insurrección? Si internet efectivamente murió, entonces también fue resucitado, mientras los protestantes permanecen muertos. ¿Es entonces internet un muerto vivo, un zombie? Entender la anulación del acceso a internet como una matanza, la enfatiza como una pérdida potencialmente lamentable y pasible de queja o como una violación de las leyes internacionales de derechos humanos, como proclama Naciones Unidas.[2] Sin embargo esto es confuso. Si la internet fue asesinada por el gobierno egipcio, entonces debemos asumir que internet está del lado de los revolucionarios; sin embargo, la infraestructura de internet es totalmente controlada por el Estado. Si internet fue, de hecho, asesinada en Egipto, entonces fue a su vez un suicidio y un asesinato. Haciéndola simple, fue un acto que supuestamente detendría la revolución, pero el gobierno egipcio falló en ver el potencial de lucha política más allá de la muerte de internet –como si el deseo de cambio político solo puede persistir mediante las telecomunicaciones.

Los eventos de Egipto no fueron un caso aislado. Una enorme cantidad de historias mínimas de internet esperan ser contadas, no basadas en su contribución nuclear al proyecto de globalización sino más bien en bloqueos políticos y puntos muertos; no una historia de horizontalidad total, aldeas globales, y conectividad sino de cortes bruscos, caminos sin salida y puertas traseras: la historia de internet cuando deja de existir. Durante las protestas antigubernamentales [Saffron Revolution] en Myanmar del 2007, el acceso a internet fue bloqueado en todo el país. En 2014, durante las secuelas de las protestas del Gezi en Estambúl, el primer ministro turco Recep Tayyip Erdoğan prohibió el acceso a Twitter. Desde el 2014, Irak aplicó frecuentemente apagones de internet, como también lo hizo Nepal desde el 2005. En Corea del Norte, los ciudadanos tienen de poco a ningún acceso a internet y en lugar utilizan la red doméstica llamada Kwangmyong. Las páginas web son filtradas y censuradas regularmente no solo en China –a través de lo que se apodó El Gran Firewall de China- sino también en muchos países europeos, como el Reino Unido. En Estados Unidos internet nunca fue paralizado, pero se volvió una cristalización y extensión refinada de un estado de vigilancia extremista.

En 1994, el entonces vicepresidente de Estados Unidos, Al Gore, profetizaba que una futura Infraestructura de Información Global expandiría la democracia participativa[3] en todo el mundo. Consideremos donde estamos ahora: en noviembre del 2015, en un rally de campaña en Carolina del Sur, el candidato presidencial por el partido Republicano Donald Trump, convocó a “cerrar internet” para limitar las campañas de reclutamiento del ISIS.[4] La demanda de Trump para desconectar internet confirma que la matanza de internet no está reservada para países considerados totalitarios, sino que también es favorable a las democracias Occidentales. En los Estados Unidos, matar internet es reestructurar la infraestructura de la red hacia un sitio agradable de acumulación de capital y control gubernamental. Campamentos masivos en las veredas de las ciudades –en frente a las tiendas de Apple y Wallmarts igualmente- esperando obsesivamente las commodities de conexión más nuevas, cuyas superficies negras brillantes desmienten los subterfugios algorítmicos de los Estados. La temida libertad de expresión de Trump es controlada moralmente por una extensa fuerza laboral encargada de administrar el contenido online, operando bajo directivas confidenciales, cuyas censuras al subir contenido nos recuerdan que, en primer lugar, Youtube y Facebook nunca fueron ágoras de la libertad de expresión. En el mando, como si hubiera alguno, está el usuario de internet, un sujeto biopolítico diseñado por corporaciones y poseído por una subjetividad aturdida y adictiva anhelante de feeds que nunca terminan, trampas de clicks que siempre demandan otro click, y generadores de contenido que navegan por múltiples pestañas hasta que la computadora se desplome.

¿Cuál es el presente histórico de internet? Para responder a esta pregunta, primero debemos hacer una observación básica: contrario a la insistencia del teórico de los medios Marshall McLuhan en que el medio es una extensión del hombre, internet –un ejemplo paradigmático de medio- se volvió una extensión del control.

  1. Desaparecer a internet

En el World Economic Forum del 2015, el director de Google y ex-CEO Eric Schmidt, prometió que “internet desaparecerá” en nuestros ambientes.[5] ¿Cuál es la diferencia entre matar y desaparecer Internet? Schmidt elabora: “habrá tantas direcciones de IP… tantos dispositivos, sensores, cosas que vas a estar usando, cosas con las que vas a interactuar, que ni siquiera lo vas a sentir. Va a ser parte de tu presencia todo el tiempo.”[6] Aquí desaparecer es lo opuesto a un apagón de internet. Es la eliminación de la posibilidad de matarlo, una garantía de la integración total, continua y dispersa. Desaparecer internet es disolver su infraestructura en la misma materialidad que compone la vida contemporánea y el mundo. Internet = un nuevo elemento químico. Un ojo que siempre es Google Glass. Una superficie cuya interactividad nunca decaiga. Una ciudad transparente donde tu data personal es tu puerta de acceso a la cultura y el entretenimiento. Una nube para ayudar a un cuerpo que no deja de producir data, excepto quizás cuando muere. Teniendo eso asegurado, la desaparición de internet es el surgimiento del internet de las cosas, una promesa tecnológica para rediseñar todos los objetos y seres como ontológicamente interactivos.

Por supuesto, esto también representa la exacerbación de nuestra condición neoliberal. Hoy la gobernabilidad es un rizoma fallido, mientras las redes, que se asumen inmortales, provocan un torrente rápido de corrientes dirigidas al control protocolar y a la administración, en la cual toda vida se vuelve conectable, administrable y programable. Internet desaparece en la fortaleza corporativa de Sillicon Valley, solo para convertirse en una herramienta de vigilancia global incesante, como se evidencia por la NSA en los EEUU y la GCHQ en el Reino Unido. Y justo cuando internet desaparece en los centros de data flotante fuera de la costa de California, reaparece como basura digital de Occidente arrojada a lo largo del Sur Global. El acto de desaparecer que predice Schmidt permanece puramente técnico y le falta considerar el punto en que internet también está desapareciendo en nosotros al convertirse en un modo de subjetivación, un set de emociones, un sentido de pertenencia, una condición humana, una metanarrativa.

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Fuera de este vórtice de matanzas y desapariciones emerge una definición de Internet que va más allá de su infraestructura técnica: Internet como una condición sociocultural totalizada. Como el capitalismo, internet pasó a existir como una totalidad, sin un afuera, sin alternativa, sin fin. Esto provoca una pregunta que Julián Assange hizo una vez: ¿Es el futuro de internet también el futuro del mundo? ¿Una vez que internet desaparece en el mundo –y el mundo se convierte en una imagen global de internet- esto significa que con tal de deshacer tal trayectoria teleológica, es necesario pensar más allá del mundo? Si Eric Schmidt puede pensar más allá de internet, ¿por qué nosotros no?

Esta es la tarea que propongo: Transformar discursiva y prácticamente “internet” con el fin de localizar las potencialidades de una alternativa militante o fuera de la totalidad en la que se convirtió internet. Vuelvo a mis mentores en políticas minoritarias, particularmente queers y feministas, ya que las luchas por alternativas a la dominación y el control son de extrema importancia.

 

  1. Políticas post-capitalistas

En 1996, los teóricos J. K. Gibson-Graham publicaron el libro El Fin del Capitalismo (Como Lo Conocíamos) [The End of Capitalism (As We Knew It)], introduciendo una particular postura feminista a las políticas post-capitalistas. En parte, Gibson-Graham apuntan su crítica a los filósofos marxistas –mayormente hombres- quienes argumentan que el capitalismo no tiene un afuera. De acuerdo a Gibson-Graham, este argumento tiene el curioso efecto de invalidar cualquier proyecto anticapitalista – ¡incluyendo el profesado proyecto del marxismo! En contra de tal visión Monolítica, Gibson- Graham expusieron florecientes alternativas económicas que existen en el marco supuestamente totalizador del capitalismo. Para Gibson-Graham, “post-capitalista” no se refiere a un tiempo posterior a la totalización del capitalismo, sino más bien a alternativas económicas en juego dentro del capitalismo en sí mismo. Ellas acuñaron palabras como “capital-céntrico”, un término que critica a la izquierda por no ser capaz de pensar afuera o más allá del capitalismo.[7] Al desplazar el pensamiento desde la totalidad a pensar en las posibilidades, Gibson-Graham realizan una intervención muy necesaria en las políticas anticapitalistas.

¿Qué podríamos pensar si incluyeramos a internet en las políticas post-capitalistas? ¿Qué posibilita la crítica, de Gibson-Graham, apuntada a internet como una forma de vida contemporánea totalizada y hegemónica? Ciertamente emerge una definición diferente de “post-internet”, refiriéndose ahora a redes alternativas, redes de malla[8] y prácticas criptográficas que se enraizaron en el marco supuestamente totalizado de internet. Le sigue un nuevo vocabulario post-internet, comenzando con la palabra “internet-céntrico” –la inhabilidad de pensar más allá o afuera de internet. Utilizándolo en una oración: “Juan lucha con ser internet-céntrico, a pesar de que él anhela un horizonte político más allá de internet.”

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Un diagrama de las “dildo-tectónicas” del libro Manifesto Contrasexual (Madrid: Anagrama, 2011) de Paul Preciado.
  1. Contrasexualidad

En su Manifiesto Contrasexual (2001), Paul Preciado anticipa el concepto queer de “contrasexualidad”. Descrito como un rechazo a las normas sexuales, la contrasexualidad prohíbe cualquier articulación de la sexualidad como algo natural. De hecho, decir “contrasexual” es lo mismo que decir “en contra de la sexualidad” o en contra de la comprensión de la sexualidad como algo constituido por poderes dominantes y hegemónicos. El cuerpo y la sexualidad son sitios de lucha por poder y política. Entonces promulgar la contrasexualidad es producir performática y obstinadamente contra-placeres en el cuerpo, el cual por ello evoca un horizonte utópico de transformación política. La contrasexualidad es al mismo tiempo una negación, y la constitución de una alternativa. ¿Cómo, entonces, podríamos practicar políticas “contra-internet”?

Preciado explica que la contrasexualidad puede ser practicada a través de “dildo-tectónicas”, la “contra-ciencia experimental” de los dildos.[9] El dildo es la forma contrasexual elegida porque es al mismo tiempo externo al cuerpo y desarma la suposición de que el cuerpo es una unidad totalizada heterosexual. De hecho, Preciado proclama que el cuerpo puede ser delimitado enteramente como un dildo, lo que sugiere que puede ser transformado en contrasexualidad pura. El cuerpo como dildo es desnaturalizado sexualmente, reconfigurado, transformado en una prótesis transgresiva. Significativamente, el dildo no reduce el cuerpo a un falo, ya que no es un emblema del patriarcado para Preciado. Por ello un pene puede ser considerado un dildo de carne, pero un dildo nunca puede ser un pene de plástico. Como es evidente en los dibujos de Preciado, el dildo contrasexual es una forma diagramática que, cuando se experimenta con él, revela las potencialidades de la sexualidad más allá de lo heteronormativo y falocéntrico. Preciado va tan lejos hasta ofrecer generosamente un set de ejercicios “dildotópicos”, como dibujar un dildo en el brazo de uno y masturbarlo como si uno estuviera tocando el violín.

¿Cuáles son las dildo-tectónicas de internet? Dicho de otro modo, si el dildo es una forma adecuada de exponer las normas y construcciones de la sexualidad, entonces ¿Cuál es la forma adecuada para revelar internet como una totalidad? Una respuesta inicial pero insuficiente puede ser: La red. Internet puede estar compuesto de redes, pero una red no necesariamente es internet. Sin embargo, la red enlaza la vida con las formas dominantes de gobierno y control actuales. Así como la forma del dildo es externa al cuerpo, quizá una forma de contra-internet debe ser externa a internet –debería ser otra cosa distinta a una red. ¿Cómo podrían ser las redes outsiders?

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Diagrama de red distribuida, realizado por Paul Baran en 1964, con un paranodo identificado.
  1. Paranodos

En “El Afuera de las Redes como Método para Actuar en el Mundo” [“The Outside of Networks as a Method for Acting in the World”], un capítulo de su libro del 2013 “Afuera de las Redes” [Off the Network], Ulises Ali Mejias introduce el “paranodo”, un término que conceptualiza aquello que es otro a –o una alternativa a- una configuración de red. El paranodo es un antídoto al “nodocentrismo”, el cual, según Mejías, es el modelo dominante para organizar y ensamblar lo social. Derivado de la neurociencia, el paranodo es el espacio que las redes dejan afuera, el espacio negativo de las redes, el ruido entre los nodos y los extremos. Es el espacio que “yace más allá de los límites topológicos y conceptuales del nodo”.[10]

Consideren este diagrama de red distribuida, realizado por el ingeniero Paul Baran. El diagrama representa una red distribuida, la cual es utilizada frecuentemente para explicar la funcionalidad de internet, donde cualquier nodo se puede conectar a cualquier otro nodo. El espacio paranodal está señalado. Mientras este espacio está sujeto a nodos y extremos, no está compuesto por esa arquitectura. En este espacio blanco, aparentemente vacío, debemos mirar mucho más de cerca. Cuando lo hacemos, vemos que el paranodo demarca positivamente el antes, después y más allá de las redes. Ya que su forma es multitudinaria, podría ser mejor pensarla como una colección de dildos para internet, antes que como un solo dildo.

En una reciente conversación con David M. Berry, Alexander R. Galloway combatió la devastadora totalidad del pensamiento nodocéntrico que oscurece al paranodal:

Hoy estamos atrapados en una especie de pesimismo “intercomunicado” o “reticular”… el pesimismo reticular sostiene, en esencia, que no hay escape de los grilletes de la red. No hay forma de pensar en, a través de, o más allá de redes excepto en términos de redes en sí mismas… Tenemos un nuevo metarelato que nos guía… Al no ofrecernos ninguna alternativa a la forma de la red, el pesimismo reticular es profundamente cínico porque excluye cualquier tipo de pensamiento utópico que podría implicar una alternativa a nuestras muchas redes dominantes e invasivas.[11]

El pesimismo reticular de Galloway desestabiliza los nodos y extremos de las formas de las redes. Aparecen cracks y fisuras de lo que alguna vez eran líneas rectas y puntos sólidos. Se siente la fuerza del afuera y aparece una apertura para el paranodo. Es el movimiento hacia tal apertura lo que marca el comienzo de todas las políticas contra-internet.

  1. Antiweb

Me gustaría terminar con un ejemplo distinto de internet dejando de existir. Durante las demostraciones pro-democracia en Hong Kong del 2014, los manifestantes, preocupados de que el gobierno Chino podría vigilar o cortar internet, buscaron una plataforma de enlace alternativa. Usaron FireChat, un dispositivo en red de malla para smartphones, que permite conexiones autónomas sin conectarse a redes móviles o Wi-Fi. Con ello los manifestantes se conectaron digitalmente sin conectarse a internet. Aunque FireChat no se separa de la forma de la red hacia el espacio del paranodal, sí genera antiwebs, o alternativas de enlace al muerto vivo de la World Wide Web. Alentadoramente, tal actividad no está aislada: las redes de malla fueron usadas en Nueva York durante el Occupy, como también en Detroit, Taiwan e Irak. Estos eventos ilustran una emergente red de militancia cuyo objetivo es exponer las deficiencias de internet como un horizonte político y también ofrecer un atisbo utópico de otro tipo de red. Podría decirse que estas prácticas nos presentan, sorprendentemente, el fin de internet (como lo conocemos).

Pero el fin de internet también es el comienzo del paranodo. El paranodo es el horizonte, el sitio de futuridad hacia donde se mueven las prácticas de contra-internet. Como contra-infraestructura y modelo teórico, el paranodo propone dos militancias: la búsqueda práctica de antiwebs, lo cual no implica una matanza o desaparición, sino un bien común por alcanzar; y la tarea intelectual de volver pensable aquello que no solamente está fuera de internet, sino también más allá de la red en sí misma.

Como dirían los Zapatistas, acerquémonos a internet a la velocidad de los sueños.

×

Este ensayo fue originalmente comisionado por Rhizome como una lectura performática estrenada en abril del 2016 en la Whitechapel Gallery de Londres, como parte de la exhibición “Superautoposita electrónica” [Electronic Superhighway]. Un compañero anterior a este ensayo, llamado “Estéticas de Contra-Internet”, fue presentado en el libro Vos estás acá: Arte después de Internet, [You are Here: Art After the Internet] editado por Omar Kholeif y publicado por Cornerhouse en 2013.

*Zach Blas es un artista y escritor cuya práctica se vincula con las técnicas y las políticas minoritarias. Actualmente es profesor en el Departamento de Culturas Visuales de Goldsmiths, University of London. Blas exhibió sus trabajos y dio conferencias internacionalmente, recientemente en Whitechapel Gallery de Londres; ZKM Center for Art and Media, Karlsruhe; Institute of Contemporary Arts, Londres; e-flux, Nueva York; Institute of Modern Art, Brisbane; New Museum, Nueva York; Museo Universitario Arte Contemporáneo, Ciudad de México; y transmediale, Berlin. Realizó residencias incluyendo la Eyebeam en Nueva York, The Moving Museum Istanbul, The Banff Centre, y el Delfina Foundation en Londres.

_________________________________________________________

[1] Hito Steyerl investigó la muerte de internet en “Demasiado Mundo: ¿Está muerto Internet?” [Too Much World: Is the Internet Dead?] e-flux journal no. 49 (noviembre 2013). El ensayo de Steyrl empieza diciendo: “¿Está muerto internet? Esto no es una pregunta metafórica. No sugiere que internet es disfuncional, inútil o fuera de moda. Pregunta qué pasó con internet después de haber dejado de ser una posibilidad. La pregunta es literalmente si está muerto, cómo murio y si alguien lo mató.”

[2] Ver “Declaración conjunta sobre la Libertad de Expresión y las respuestas a situaciones de conflicto” [Joint Declaration on Freedom of Expression and responses to conflict situations] ONU Oficina del Derechos Humanos. 2015

[3] (N. del T.) Democracia participativa es una expresión amplia que se suele referir a formas de democracia en las que los ciudadanos tienen una mayor participación en la toma de decisiones políticas que la que les otorga tradicionalmente la democracia representativa.

[4] Sam Frizell, “Donald Trump quiere clausurar partes de Internet” [Donald Trump Wants to Close Off Parts of the Internet] Time, 15/12/2015

[5] Dave Smith, “PRESIDENTE DE GOOGLE: ‘Internet desaparecerá’.” [GOOGLE CHAIRMAN: ‘The Internet Will Disappear’] Business Insider, 25/01/2015

[6] Ibid.

[7] J. K. Gibson-Graham, “El Fin del Capitalismo (Como Lo Conocíamos)” [The End of Capitalism (As We Knew It)] (Minneapolis: University of Minnesota Press, 2006), 6.

[8] La topología de red malla es una topología de red en la que cada nodo está conectado a todos los nodos. De esta manera es posible llevar los mensajes de un nodo a otro por distintos caminos. Si la red de malla está completamente conectada, no puede existir absolutamente ninguna interrupción en las comunicaciones.

[9] Beatriz Preciado, Manifesto contrasexual (Madrid: Anagrama, 2011).

[10] Ulises Ali Mejias, “Afuera de las Redes: Irrumpiendo el Mundo Digital” [Off the Network: Distrupting the Digital World] (Minneapolis: University of Minnesota Press, 2013),

[11] David M. Berry y Alexander R. Galloway, “Una Red es una Red es una Red: Reflexiones sobre lo Computacional y las Sociedades de Control” [A Network is a Network is a Network: Reflections on the Computational and the Societies of Control] Theory, Culture & Society, 2015

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